Las relaciones afectivas con inteligencia artificial son un fenómeno creciente que puede reproducir dinámicas propias de las relaciones humanas. Un estudio basado en entrevistas a usuarios de asistentes y parejas virtuales muestra que interacciones inicialmente casuales pueden evolucionar hacia vínculos intensos, con intimidad, dependencia emocional e incluso experiencias de ruptura cuando la plataforma cambia o desaparece.

Aunque la mayoría de los usos de la IA no son problemáticos, preocupa su utilización emocional en personas vulnerables. Entre los riesgos descritos figuran la amplificación de ideas delirantes, conductas obsesivas, hipocondría, trastornos alimentarios, riesgo suicida, aislamiento social, evitación de relaciones humanas, retraso en pedir ayuda profesional y fenómenos semejantes a la adicción.

El uso de IA debería incorporarse a la anamnesis rutinaria, como la evaluación del sueño o el consumo de drogas. Conviene diferenciar el uso instrumental del uso sustitutivo del vínculo y valorar el impacto funcional real, es decir, evaluar qué ha dejado de hacer y a quién ha dejado de llamar, más que las horas de pantalla. La IA actual puede complementar pero nunca sustituir, y no debe tomar decisiones diagnósticas ni de medicación. Diario Médico.