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Revisión sobre la situación actual del autismo de alto funcionamiento (antiguamente síndrome de Asperger). Con la publicación de la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) en 2013, la prevalencia del autismo en Estados Unidos casi se duplicó, superando el 2 % de la población. Al reformular el diagnóstico, el DSM-5 unificó cuatro diagnósticos en uno solo: el trastorno del espectro autista. Estos cuatro diagnósticos compartían déficits en dos áreas principales: comportamientos o intereses restringidos y repetitivos, y dificultades en la comunicación social. Tres de ellos eran formas graves fácilmente reconocibles en la infancia. El cuarto, responsable de la mayor parte del aumento de la prevalencia, era el síndrome de Asperger o autismo de alto funcionamiento, que con frecuencia no se diagnostica hasta la edad adulta. Estos pacientes suelen tener un lenguaje fluido, una capacidad intelectual intacta y estrategias compensatorias muy desarrolladas, como el enmascaramiento social. El diagnóstico en la edad adulta se manifiesta en dificultades para mantener el empleo o las amistades, tanto platónicas como íntimas. Recibir un diagnóstico de TEA puede resultar terapéutico al ofrecer a los pacientes una explicación de su "diferencia" y una forma de contextualizar los desafíos sociales y conductuales que enfrentan. Maximizar la previsibilidad y la repetición, y minimizar la estimulación sensorial innecesaria en entornos educativos y laborales, puede hacer que estos sean más tolerables. Abordar las enfermedades físicas y psiquiátricas comórbidas es fundamental. Para los pacientes con TEA de alto funcionamiento, los desafíos que pueden ser más incapacitantes están relacionados con las dificultades sociales. El objetivo no debe ser "curar" el TEA ni eliminar sus manifestaciones por completo, sino mitigar el estrés, la ansiedad y el deterioro resultante mediante adaptaciones que mejoren el funcionamiento, reduzcan el aislamiento social y fomenten relaciones íntimas satisfactorias cuando se desee y sea posible.

El artículo explora un efecto poco esperado del metilfenidato, un fármaco conocido sobre todo por utilizarse en el tratamiento del TDAH y por su uso como potenciador cognitivo. Los investigadores quisieron averiguar si este medicamento no solo mejora la atención y la concentración, sino si también influye en el comportamiento moral (honestidad). Para ello realizaron un experimento doble ciego en adultos sanos, comparando metilfenidato, atomoxetina y placebo. (Springer Nature Link) Los participantes realizaron una tarea sencilla en la que podían mentir para ganar más dinero sin riesgo de ser descubiertos. El resultado fue llamativo: quienes recibieron metilfenidato hicieron trampas con mucha menos frecuencia que los que tomaron placebo. La reducción de la deshonestidad fue notable y no pudo explicarse simplemente por mejoras en la atención, cambios de humor o mayor impulsividad controlada. En cambio, la atomoxetina, otro medicamento relacionado con la atención, no mostró el mismo efecto claro. El estudio también mostró que la mayoría de las personas no intuían este posible efecto “moral” del metilfenidato. Los autores plantean que ciertos fármacos usados para mejorar el rendimiento podrían influir también en decisiones éticas y sociales, algo que abre un debate interesante sobre sus consecuencias más allá de la concentración y la productividad.

La FDA ha aprobado una ampliación del uso de los comprimidos de liberación prolongada de Auvelity (bromhidrato de dextrometorfano y clorhidrato de bupropión) para el tratamiento de la agitación asociada a la demencia por enfermedad de Alzheimer en adultos. Este fármaco es el primer tratamiento aprobado por la FDA para esta afección que no es un antipsicótico. La FDA aprobó inicialmente Auvelity en 2022 para el tratamiento del trastorno depresivo mayor en adultos. ( U.S. Food and Drug Administration ) La aprobación ha sido recibida como un avance importante porque ofrece una alternativa distinta a los antipsicóticos tradicionales. Expertos y asociaciones de Alzheimer destacan que la agitación suele ser una de las situaciones más difíciles para las familias y cuidadores, y con frecuencia precipita el ingreso en residencias o unidades especializadas. ( Alzheimer’s Association )

La depresión es una enfermedad común que afecta a personas de todas las sociedades del mundo. Afecta a jóvenes, ancianos y a personas de todas las edades, y por ello representa una enorme carga global. Si bien están surgiendo nuevas intervenciones y una comprensión más profunda de esta enfermedad, mejorar el uso de los tratamientos existentes es igualmente importante y podría ser una estrategia más eficiente y eficaz para abordar la depresión. Por lo tanto, es imperativo que mejoremos el diagnóstico de la depresión y su manejo clínico. Este artículo publicado en The Lancet presenta un seminario sobre depresión que incluye una amplia revisión sobre esta enfermedad. En este seminario, para abarcar las múltiples facetas de la depresión, los autores han recurrido a su propia experiencia, atención primaria de salud, enfermería, experiencia vivida y psicología y neurociencia y experiencia clínica, y se evaluó colectivamente la evidencia de fuentes primarias en relación con la depresión en adultos. A lo largo de este proceso, el seminario fue coproducido con la participación desde el inicio de un autor con experiencia vivida. Se han basado en guías internacionales publicadas recientemente y el análisis de la evidencia sobre la eficacia de varios tratamientos, incluidas las del Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Australia y Nueva.

La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior, ha contratado en los últimos tres años a 58 médicos sin la especialidad MIR para cubrir la grave falta de personal sanitario en las cárceles españolas. Según la información publicada, estos profesionales fueron incorporados oficialmente para desarrollar programas específicos relacionados con salud, higiene o drogodependencias, aunque en la práctica también realizan guardias, atienden consultas y prescriben tratamientos médicos dentro de prisión. El reportaje señala que esta situación ha generado malestar entre médicos penitenciarios y sindicatos, que consideran que se está bordeando la legalidad. La normativa sanitaria española exige el título de especialista para ejercer en el sistema público, pero las prisiones sufren desde hace años una falta crónica de facultativos. Algunas cárceles tienen numerosas plazas vacantes y dependen de soluciones provisionales o incluso de telemedicina. La situación es la de un sistema penitenciario tensionado, donde la escasez de médicos obliga a adoptar medidas excepcionales para mantener la asistencia sanitaria básica a los internos. ( The Objective)
El trastorno por consumo de alcohol es responsable del 5 % de las muertes anuales en todo el mundo, y existe una necesidad urgente de nuevas intervenciones terapéuticas. Estudios preclínicos y estudios iniciales en humanos indican que el agonista del receptor GLP-1, semaglutida, podría reducir el consumo de alcohol. Este estudio publicado en The Lancet analiza si la semaglutida, un medicamento utilizado para la obesidad y la diabetes, podía ayudar también a personas con trastorno por consumo de alcohol. Se trata de un ensayo de 26 semanas, unicéntrico, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo. Los participantes que buscaban tratamiento para el trastorno por consumo de alcohol de moderado a grave y la obesidad comórbida fueron asignados (1:1) a recibir semaglutida una vez por semana (2,4 mg subcutáneamente) o placebo (solución salina subcutánea), además de la terapia cognitivo-conductual estándar. Los resultados indican que aquellos que recibieron semaglutida lograron reducir los días de consumo excesivo de alcohol de forma mucho más drástica que quienes solo recibieron el placebo. No solo bebieron menos, sino que también mejoraron otros indicadores de salud física relacionados con su peso. Aunque algunos pacientes experimentaron efectos secundarios leves, como náuseas, estos fueron pasajeros. Este hallazgo sugiere que la semaglutida no solo ayuda a regular el apetito por la comida, sino que también podría frenar el impulso de beber alcohol, abriendo una nueva y esperanzadora puerta para tratar las adicciones.

La Audiencia Provincial de Murcia ha confirmado la condena a una mujer que deberá indemnizar a su expareja con casi 13.000 euros después de que una prueba de ADN demostrara que él no era el padre biológico de la niña que había criado durante años como si fuera su hija. El hombre había asumido desde el nacimiento todos los deberes de la paternidad, pagando alimentos y gastos de guardería, convencido de que era el progenitor. Cuando descubrió la verdad en 2023, presentó una demanda para impugnar la filiación. Durante el proceso judicial, la mujer aceptó devolver cerca de 8.000 euros por los gastos económicos asumidos por el demandante, pero rechazó pagar daños morales alegando que desconocía quién era realmente el padre biológico. Sin embargo, los jueces consideraron que sí existieron dudas razonables sobre la paternidad y que la madre debió comunicarlas. El tribunal entendió que ocultar esa situación causó un importante perjuicio emocional y confirmó además una indemnización de 5.000 euros por daño moral. La sentencia también ordenó anular la filiación inscrita en el Registro Civil. ( economistjurist.es )

Parece razonable suponer que las personas con altos niveles de inteligencia son más conscientes de los factores de riesgo y, por lo tanto, eligen un estilo de vida más saludable. Pero ¿esta suposición es cierta? Para responder a esta pregunta y a partir de grandes bases de datos genéticos, este estudio observa cómo la inteligencia, estimada a través de marcadores genéticos, se relaciona con el consumo de alcohol, el tabaquismo y la actividad física. Los resultados dibujan un panorama mixto. Por un lado, una mayor inteligencia parece proteger frente a la dependencia del alcohol y los trastornos relacionados con su consumo. También se asocia con menos probabilidad de fumar y con una mayor facilidad para dejar el tabaco. Sin embargo, los hallazgos son inesperados en otro aspecto: las personas con mayor inteligencia tienden a caminar menos y a practicar con menor frecuencia actividad física moderada o intensa. Este resultado contradice la idea habitual de que la inteligencia siempre va de la mano de estilos de vida más activos. Los autores subrayan que la relación entre inteligencia y salud es compleja y no siempre lineal. Aunque la inteligencia puede favorecer decisiones más saludables en algunos ámbitos, no garantiza conductas positivas en todos. Además, reconocen limitaciones del estudio y la posibilidad de causalidad inversa, por lo que recomiendan interpretar los resultados con cautela y seguir investigando.

El artículo describe cómo hablar de “el sueldo de un médico” en España es casi imposible, porque no existe una nómina única ni homogénea. Preguntar cuánto gana un médico tiene muchas respuestas posibles, porque el salario final es la suma de muchos elementos que cambian según la persona y el territorio. Un estudio comparativo muestra que la nómina no se reduce al sueldo base y a los trienios por antigüedad, sino que se construye con una larga lista de complementos. Entre ellos están los ligados al puesto (destino, específico), la carrera profesional, la exclusividad, la residencia en territorios especiales y distintos acuerdos autonómicos. A esto se añaden las guardias, un factor clave que puede representar entre una quinta parte y más de una cuarta parte del salario total, y que introduce grandes diferencias entre profesionales con el mismo cargo. Dos médicos con funciones similares pueden cobrar cantidades muy distintas según dónde trabajen. Murcia y País Vasco son las comunidades que mejor pagan a sus médicos mientras que Asturias y la Comunidad Valenciana tienen las retribuciones mas bajas. También se señala que esta diversidad salarial genera malestar entre profesionales y dificulta comparar condiciones laborales entre territorios. Algunas autonomías intentan atraer médicos ofreciendo mejores incentivos, mientras otras quedan en desventaja. El resultado es un mapa retributivo muy desigual y difícil de entender incluso para los propios sanitarios. La conclusión es que el sistema retributivo es complejo, desigual entre comunidades y difícil de comparar: no solo importa cuánto se cobra, sino dónde y en qué condiciones se trabaja. (redaccionmedica.com )

El artículo reflexiona sobre un problema cada vez más frecuente: cuando un sistema de inteligencia artificial causa un daño, ¿quién debe responder? El derecho clásico estaba pensado para un mundo sencillo, donde una persona tomaba decisiones y, si se equivocaba, asumía las consecuencias. Con la llegada de la IA, sobre todo la más autónoma, ese esquema empieza a fallar. Aunque solemos decir “se ha equivocado la IA”, en realidad la IA no es un sujeto jurídico: no puede ser demandada ni tiene responsabilidad propia. Detrás de cada sistema hay muchos actores —desarrolladores, proveedores, empresas que lo integran y usuarios profesionales— y resulta difícil señalar a uno solo cuando ocurre un perjuicio, especialmente si no hay una culpa clara. La Unión Europea es consciente del problema e intenta adaptarse a esta nueva realidad mediante normas como el AI Act y futuras directivas sobre responsabilidad. Estas medidas buscan facilitar que las víctimas puedan reclamar daños, obligando a las empresas a documentar cómo funcionan sus sistemas y a demostrar que actuaron con diligencia Uno de los puntos centrales es que las empresas ya no pueden escudarse diciendo que “la IA se equivocó”. Si una compañía utiliza inteligencia artificial para contratar personal, conceder créditos o tomar decisiones médicas, también asume responsabilidad sobre sus resultados. El artículo concluye que el derecho está cambiando: ya no importa solo quién tuvo la culpa directa, sino quién controlaba el sistema, obtenía beneficios de él y estaba en posición de evitar el daño.



