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La psilocibina se muestra prometedora en el tratamiento de la depresión, aunque las limitaciones de las investigaciones previas justifican la realización de más estudios. En este ensayo clínico aleatorizado, que incluyó a 144 adultos con depresión resistente al tratamiento, no se observaron diferencias significativas en la tasa de respuesta en la Escala de Calificación de Hamilton para la Depresión a las 6 semanas (criterio de valoración principal) entre la psilocibina de 25 mg, la psilocibina de 5 mg y la nicotinamida. Sin embargo, los resultados secundarios mostraron reducciones clínicamente significativas en los síntomas depresivos con la psilocibina de 25 mg en comparación con los tratamientos de referencia. Otros problema importante es el enmascaramiento de los estudios de eficacia de los psicodélicos. Los ensayos de terapia asistida con psicodélicos (TAP) presentan altos niveles de desenmascaramiento funcional, lo que sesga los resultados al comparar la TAP con intervenciones enmascaradas. Dado que la TAP es prácticamente siempre de etiqueta abierta, los resultados del tratamiento deben compararse con los de los antidepresivos tradicionales (AT) de etiqueta abierta, por lo que los beneficios potenciales asociados con que los pacientes conozcan su tratamiento son iguales entre las intervenciones. Este estudio realizó una búsqueda sistemática en PubMed para identificar ensayos clínicos de TAP y ensayos de etiqueta abierta con antidepresivos tradicionales (AT) para el tratamiento de la depresión mayor sin comorbilidad en adultos sin psicosis en el ámbito ambulatorio. La extracción de datos se complementó con información de una revisión y un metaanálisis de fármacos antidepresivos para evaluar la diferencia entre los resultados de AT de etiqueta abierta y los de etiqueta ciega. Resultados: En los ensayos sobre depresión, la TAP no resultó más eficaz que los fármacos antidepresivos tradicionales de etiqueta abierta (AT). El enmascaramiento marcó la diferencia para los AT, pero no para la TAP, lo que confirma que los ensayos de TAP son, en la práctica, siempre de etiqueta abierta. Estos resultados refutan las narrativas excesivamente optimistas en torno a la TPA y resaltan la importancia de la integridad del enmascaramiento. Finalmente una editorial en JAMA Psychiatry aborda las dificultades para el cegamiento de estos estudios y la práctica imposibilidad de separar el efecto atribuible a las expectativas del tratamiento.

Hoy en día, podría estar surgiendo un nuevo subtipo de TEPT, de nuevo como respuesta a una innovación militar: el trauma y la ansiedad inducidos por drones, denominados coloquialmente "dronofobia ". El artículo describe cómo los drones han elevado drásticamente las consecuencias psicológicas del combate, sirva de ejemplo la guerra de Ucrania. El doctor en psicología, Joseph Bonvie identifica tres pilares que distinguen a esta variante del trastorno de estrés postraumático (TEPT). En primer lugar, la amenaza aérea es persistente y omnisciente. El soldado ya no solo debe mirar al frente o al suelo; ahora el peligro acecha desde arriba, generando un estado de hiperactivación constante. La sensación de ser observado y ser un objetivo potencial en todo momento agota mentalmente a las tropas, alimentando el agotamiento y, en casos extremos, tendencias suicidas. El segundo componente es la "hipervigilancia ligada al sonido". El zumbido característico de un dron, comparado a menudo con un enjambre de avispones, se convierte en un disparador de pánico. En la vida civil, sonidos cotidianos que imitan este tono pueden desencadenar crisis agudas, dificultando la extinción del miedo. Finalmente, el artículo destaca una dimensión digital inédita: la lesión moral potenciada por las redes sociales. A diferencia de guerras pasadas, hoy los ataques son grabados por el mismo dron que los ejecuta y difundidos globalmente como propaganda. El soldado no solo sufre la agresión física, sino que se ve obligado a revivirla en una esfera pública fuera de su control, a menudo acompañada de comentarios deshumanizantes. Un caso emblemático es el del "Sr. A", un soldado ucraniano que, tras ser atacado y filmado, desarrolló síntomas severos como el sellado de ventanas y la evitación de la luz, ante el temor de ser visto desde el cielo incluso en su hogar. Aunque tratamientos integrales que incluyen terapia cognitivo-conductual y EMDR han mostrado eficacia, la ubicuidad de los drones comerciales en la vida civil plantea un reto futuro: a diferencia de las minas, los drones seguirán presentes en el entorno cotidiano del veterano, complicando la superación de este nuevo y persistente pavor.

El dolor y las afecciones psiquiátricas presentan una alta comorbilidad y están íntimamente relacionadas a nivel biológico, sociológico y psicológico, por tanto, tratar el dolor como un trastorno de diagnóstico dual puede conducir a mejores resultados para el dolor crónico refractario. Esta es la premisa central de este artículo elaborado por el Dr. Alexander B. Niculescu, quien propone un cambio de paradigma en la psiquiatría moderna: entender el dolor como una forma de sobrerreactividad del organismo, similar al trastorno de estrés postraumático (TEPT). El artículo clasifica el dolor en tres categorías: el nociceptivo (por daño tisular visible), el neuropático (lesión en el sistema somatosensorial) y el nociplástico (sin lesión clara, debido a una sensibilización central). Es en este último grupo, y en los pacientes psiquiátricos con alta comorbilidad, donde la falta de pruebas objetivas se convierte en una barrera crítica para el tratamiento. La solución propuesta reside en la psiquiatría de precisión. Mediante la identificación de 56 biomarcadores de expresión génica en sangre, se ha logrado predecir estados de dolor intenso y futuras visitas a urgencias. Curiosamente, existe un solapamiento masivo entre los genes del dolor y los vinculados al estrés, la ansiedad, el estado de ánimo y la psicosis. Destacan dos protagonistas: el gen CD55, un "supresor del dolor" cuya expresión disminuye en crisis agudas, y el gen ANXA1, un "algogén" que aumenta con el dolor y regula procesos inflamatorios. El diagnóstico basado en estos biomarcadores —una suerte de "biopsia líquida"— permite no solo medir el dolor actual, sino establecer perfiles de riesgo personalizados. El informe subraya que estas pruebas son especialmente necesarias en hombres, quienes tienden a reportar sus síntomas con menos precisión o a buscar sustancias controladas con mayor frecuencia. En cuanto al tratamiento, los biomarcadores también pueden utilizarse para relacionar a los pacientes con los medicamentos adecuados y medir la respuesta al tratamiento (farmacogenómica), así como para ensayos clínicos de descubrimiento de nuevos fármacos y el reposicionamiento de medicamentos. Según los análisis farmacogenómicos, el litio, sorprendentemente, fue uno de los biomarcadores más relevantes; en segundo lugar, se situaron los ácidos grasos omega-3. Otros biomarcadores interesantes fueron la ketamina, el magnesio y la vortioxetina. El hecho de que los analgésicos convencionales aparezcan más abajo en la lista sugiere que el tratamiento actual tiene un amplio margen de mejora. En conclusión, el artículo nos invita a ver el dolor crónico como una herida que persiste en el sistema nervioso incluso cuando el trauma inicial ha desaparecido. Al integrar intervenciones biológicas, apoyo psicológico y "prehabilitación" física, la psiquiatría tiene la oportunidad de liderar una respuesta más humana y precisa ante una de las condiciones más incapacitantes de nuestro tiempo.

La última resolución judicial pone fin a la larga batalla emprendida por el psiquiatra Víctor Pedreira tras su cese como jefe de Psiquiatría del Complejo Hospitalario Universitario de Pontevedra (CHUP) en octubre de 2012, cuando apenas le quedaban tres años para jubilarse y después de haber dirigido el servicio desde su creación en 1982. Aunque la justicia declaró nula aquella destitución y reconoció que había sido fruto de una actuación arbitraria, Pedreira nunca recuperó su puesto, ya que al finalizar el proceso había superado los 65 años. La ejecución de aquellas primeras sentencias permitió que el Sergas le abonara las diferencias salariales acumuladas hasta 2015, pero el facultativo reclamó también una indemnización por el profundo daño moral sufrido: la degradación profesional, el traslado a un puesto periférico con peores condiciones, la amplia repercusión mediática y los siete años de litigios marcados por retrasos y tensiones personales. Tras desestimar la Xunta su petición, los tribunales han reconocido ahora su derecho a recibir 10.000 euros, actualizados desde 2012. La sentencia insiste en que la destitución respondió a una desviación de poder “grosera e intolerable”, impulsada por animadversión personal y un procedimiento amañado para reemplazarlo por un candidato con menos méritos. El juez incluso insta a la Administración a valorar la acción de repetición (la administración puede reclamar ese dinero a los funcionarios o autoridades que causaron el daño por su actuación ilegal).

Las experiencias adversas en la infancia son factores de riesgo clave para el trastorno depresivo mayor pero sus asociaciones con la depresión resistente al tratamiento siguen sin estar claras, especialmente después de tener en cuenta factores de confusión no medidos, como factores genéticos y ambientales familiares compartidos Este estudio analiza cómo las experiencias adversas en la infancia influyen en la aparición de depresión resistente al tratamiento en la edad adulta. Para ello, se siguió a más de 21.000 gemelos suecos, nacidos entre 1959 y 1992, cuyos datos se cruzaron con registros sanitarios nacionales. Las experiencias adversas se evaluaron mediante 7 ítems de sí o no, adaptados de la Lista de verificación de factores estresantes de la vida revisada: negligencia o abuso emocional, negligencia física, abuso físico, abuso sexual, violación, delito de odio y ser testigo de violencia familiar antes de los 19 años. Resultados: Más de un tercio de los participantes había vivido al menos una de estas situaciones. Aunque la depresión resistente al tratamiento fue poco frecuente, apareció con más probabilidad en quienes habían acumulado varias experiencias traumáticas. Incluso al comparar gemelos idénticos, que comparten genética y entorno familiar, la relación se mantuvo. Entre todas las adversidades, la negligencia física y el abuso sexual destacaron como los factores de mayor impacto. El estudio subraya la importancia de prevenir estas experiencias y tenerlas en cuenta en la atención clínica.

A lo largo del tiempo, la idea de que las mujeres desean menos sexo que los hombres ha circulado como una verdad casi natural, atribuida a hormonas, biología o instinto. Sin embargo, el nuevo trabajo de un grupo de investigadores de la Universidad de Toronto Mississauga propone un giro profundo a esta historia. Según esta revisión de más de 300 estudios, la llamada “brecha de libido” no nace del cuerpo, sino de la experiencia. El equipo se adentra especialmente en la etapa de los 17 a 18 años, un momento vital marcado por primeros amores, primeras relaciones sexuales y una gran plasticidad cerebral. Es en esa fase temprana donde, según sus hallazgos, se siembran las asociaciones duraderas que moldearán el deseo adulto. El estudio describe cómo las mujeres jóvenes tienen más probabilidades de experimentar una serie de vivencias negativas durante su primera relación sexual. En comparación con los hombres, las mujeres tienden a describir sus primeros encuentros sexuales como dolorosos en lugar de placenteros y a sentirse inseguras con respecto a su cuerpo. También tienen más probabilidades de sufrir consecuencias sociales, como la pérdida de amistades. Además, las mujeres se enfrentan a mayores riesgos físicos durante el inicio de su actividad sexual, como infecciones de transmisión sexual, embarazo, aborto espontáneo y complicaciones obstétricas. En conjunto, los investigadores describen estas presiones superpuestas como una "tormenta perfecta" que puede influir en cómo algunas mujeres asocian el sexo con incomodidad, ansiedad o riesgo, en lugar de placer. El estudio sostiene que estas experiencias iniciales, más que la biología, podrían explicar por qué alrededor del 55 % de las mujeres refieren dificultades con el deseo sexual en la adultez. Así, los autores plantean una invitación a replantear el problema: en lugar de medicalizar el bajo deseo femenino, proponen verlo como una cuestión de desarrollo y educación sexual, donde intervenciones tempranas podrían transformar, a la larga, la forma en que las mujeres viven su propia sexualidad. Comentado en Newsweek

Nuevas evidencias sugieren que los puntos de corte de la tasa de filtración glomerular estimada (TFGe) ajustados por edad permiten refinar el riesgo de enfermedad renal crónica (ERC), lo que guía un uso más seguro del litio y evita alarmas renales innecesarias. Conclusiones clave : La monitorización rutinaria de la TFGe es esencial durante el tratamiento con litio, y las estrategias de dosificación que reducen el riesgo renal incluyen formulaciones de liberación inmediata, administración nocturna y niveles de mantenimiento de 0,6 a 0,8 mEq/L. Los umbrales fijos de TFGe inferiores a 60 ml/min/1,73 m² pueden sobrediagnosticar la ERC en adultos mayores, ya que el envejecimiento saludable reduce la TFGe sin albuminuria ni aumento del riesgo de ERC terminal o mortalidad. Los rangos de referencia específicos por edad y sexo muestran valores de TFGe bajos a normales en octogenarios sanos cercanos a 46 a 49 ml/min/1,73 m², lo que respalda la interpretación clínica más allá de un único punto de corte universal. Los valores límite de ERC adaptados a la edad (75 ml/min si < 40 años; 60 ml/min si 40-65 años; 45 ml/min si > 65 años) permiten una mejor concordancia entre el diagnóstico y los resultados, y reducen las pruebas innecesarias en adultos mayores. Para tomar decisiones sobre el litio, evalúe la proteinuria e involucre a nefrología cuando la TFGe sea de 45 a 59 ml/min en adultos mayores o inferior a 75 ml/min en pacientes más jóvenes, donde la ERC puede estar infradiagnosticada.

La empatía es un componente fundamental del profesional médico y se asocia con mejores resultados clínicos y mayor satisfacción del paciente. Sin embargo, se ha observado una disminución de la empatía durante la formación clínica. Los programas educativos comunitarios, basados en los principios del aprendizaje-servicio, han demostrado ser prometedores para fomentar la empatía entre los estudiantes de medicina y enfermería, pero su impacto en los médicos y enfermeros recién incorporados al ejercicio de la profesión aún no se ha explorado en profundidad. En este estudio de métodos mixtos realizado en un hospital terciario de Taiwán, se implementó un programa estructurado de "Campamento para Recién Llegados" dirigido a médicos residentes de primer año y enfermeros recién contratados. El programa incluyó sesiones didácticas de modelado de roles, una visita domiciliaria experiencial de medio día a pacientes desfavorecidos y práctica reflexiva guiada Resultados: este programa comunitario estructurado se asoció con un aumento inmediato de la empatía autoinformada en los nuevos profesionales médicos. El ejemplo a seguir, la atención directa al paciente y la reflexión actuaron de forma sinérgica para fomentar la toma de perspectiva y actitudes compasivas y altruistas. Estos hallazgos respaldan la incorporación de experiencias comunitarias bien diseñadas en la formación inicial de residentes y en la orientación de enfermería para potenciar la empatía y mantener una atención compasiva en la práctica clínica. Comentado en Redacción Médica

La ashwagandha es una hierba ayurvédica ampliamente utilizada para el tratamiento de la ansiedad y el estrés. No obstante, la literatura actual carece de información sobre su posible efecto en la depresión adolescente. Este estudio tuvo como objetivo investigar el efecto antidepresivo de la ashwagandha sobre los síntomas similares a la depresión en ratas. En el estudio, se utilizó el modelo CUMS (estrés leve crónico impredecible, por sus siglas en inglés). para inducir depresión en ratas adolescentes. Las ratas fueron tratadas con Ashwagandha o Sertralina. Resultados: El tratamiento con ashwagandha fue más eficaz que la sertralina para reducir los niveles de proteínas proapoptóticas y marcadores inflamatorios. Conclusiones: la ashwagandha mostró efectos similares a los antidepresivos en ratas, reduciendo la apoptosis, la inflamación y la neuroinflamación, lo que sugiere su potencial para el tratamiento de la depresión. Comentado en Psypost

La ashwagandha es una hierba ayurvédica ampliamente utilizada para el tratamiento de la ansiedad y el estrés. No obstante, la literatura actual carece de información sobre su posible efecto en la depresión adolescente. Este estudio tuvo como objetivo investigar el efecto antidepresivo de la ashwagandha sobre los síntomas similares a la depresión en ratas. En el estudio, se utilizó el modelo CUMS (estrés leve crónico impredecible, por sus siglas en inglés). para inducir depresión en ratas adolescentes. Las ratas fueron tratadas con Ashwagandha o Sertralina. Resultados: El tratamiento con ashwagandha fue más eficaz que la sertralina para reducir los niveles de proteínas proapoptóticas y marcadores inflamatorios. Conclusiones: la ashwagandha mostró efectos similares a los antidepresivos en ratas, reduciendo la apoptosis, la inflamación y la neuroinflamación, lo que sugiere su potencial para el tratamiento de la depresión. Comentado en Psypost



