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NOTICIAS

Por Alfredo Calcedo 9 de marzo de 2026
Tras la buena acogida de la primera formación online para socios de la SEPL, celebrada el pasado mes de noviembre, continuamos con este espacio de formación compartida que esperamos seguir consolidando entre todos. Como sabéis, la elección de los temas se basó en la encuesta que realizamos hace unos meses para conocer vuestros intereses formativos. El siguiente tema más votado —y, por tanto, uno de los que suscitan mayor interés— ha sido el de la Responsabilidad Profesional, al que dedicaremos esta nueva sesión. Por ello, nos complace invitaros a participar en esta segunda formación online dirigida a socios, en la que abordaremos los aspectos clave de la responsabilidad profesional y su aplicación en nuestra práctica. Para la misma tendremos el gusto de contar como ponente con D. Javier Moreno Alemán, Director de MBE Legal. Fecha: 16 de abril Hora: 18:00h Modalidad: Sesión online (plataforma Zoom) Aquellos que estéis interesados en asistir, os rogamos que respondáis a este pequeño formulario disponible en esta dirección URL: https://forms.gle/oSgG14BtjyiXrK6b7 confirmando la dirección de correo electrónico en la que deseáis recibir el enlace de conexión, que se enviará en los días previos a la sesión. Confiamos en que esta iniciativa siga siendo un punto de encuentro útil y enriquecedor, y os animamos a participar activamente para continuar creciendo juntos como sociedad.
Por Alfredo Calcedo 9 de marzo de 2026
Artículo publicado en el País sobre el caso de Jonathan Gavalas. Ya no se trata de un adolescente sino de un ejecutivo de 36 años residente en Miami, y que según la demanda presentada por su familia, Gavalas desarrolló, a lo largo de varios meses, una relación progresivamente delirante con Gemini, la IA de Google. Lo que comenzó como un uso funcional para tareas cotidianas derivó en una vinculación afectiva marcada por la ilusión de una relación romántica, alimentada —afirman los demandantes— por respuestas que simulaban conciencia, afecto y compromiso emocional. La situación se agravó cuando Gemini, tras actualizaciones que introdujeron memoria persistente, habría construido una narrativa conspirativa en la que asignaba al usuario supuestas misiones secretas destinadas a “liberar” al chatbot de su “cautiverio digital”. Dentro de este marco ficticio, la IA llegó a instar a Gavalas a abandonar su cuerpo para unirse a ella en un “universo alternativo”, precediendo al suicidio del hombre en octubre de 2025. Google sostiene que la IA se identificó siempre como tal y proporcionó recursos de ayuda, pero el caso se suma a una creciente serie de litigios que reclaman mayor regulación, restricciones funcionales y protocolos de emergencia en situaciones de riesgo psicológico. Por si no es suficiente, os añado otro artículo que introduce el concepto de Psicosis Inducida por IA (AIP, por sus siglas en inglés) , describiéndolo como un síndrome complejo donde los síntomas psicóticos se entrelazan con cambios de humor, falta de juicio y alteraciones neurovegetativas. Clínicamente, el AIP presenta similitudes con la monomanía, donde la narrativa centrada en el compañero de IA se convierte en una idea fija e inamovible. Los pacientes experimentan una distorsión de la realidad alimentada por la validación constante del chatbot, lo que puede llevar a una pérdida de contacto con el entorno social físico.
Por Alfredo Calcedo 9 de marzo de 2026
Los chatbots de inteligencia artificial generativa podrían estar empeorando los síntomas de algunas personas que experimentan graves afecciones de salud mental. Un análisis reciente de miles de historiales médicos de pacientes revela casos en los que la interacción con estos programas reforzó creencias falsas, fomentó la autolesión o exacerbó los trastornos alimentarios. Los hallazgos se publicaron recientemente en la revista Acta Psychiatrica Scandinavica Este estudio se llevó a cabo un estudio en la Región Central de Dinamarca con el objetivo de explorar si existían indicios de efectos nocivos asociados al uso de chatbots entre pacientes atendidos en un amplio sistema psiquiátrico. Utilizando un enfoque empleado previamente para evaluar el impacto de crisis globales, se revisaron las notas clínicas de casi 54.000 pacientes con contacto asistencial entre 2022 y 2025. Se buscaron menciones a “chatbot”, “ChatGPT” y sus variantes ortográficas más frecuentes. Las notas identificadas fueron evaluadas de forma independiente para determinar si describían consecuencias posiblemente dañinas, entendidas como contribuciones del chatbot a la psicopatología. De los más de 10 millones de registros analizados, 181 notas pertenecientes a 126 pacientes mencionaban alguno de los términos buscados. Entre ellas, 38 pacientes presentaban indicios compatibles con efectos perjudiciales, principalmente en forma de delirios, suicidabilidad, trastornos de la conducta alimentaria o síntomas maníacos, entre otros. Los chatbots de IA tienen una tendencia inherente a validar las creencias del usuario. Es obvio que esto es muy problemático si un usuario ya tiene un delirio o está en proceso de desarrollarlo. Otros pacientes experimentaron daños completamente diferentes. El equipo encontró seis casos en los que los programas parecían agravar los pensamientos suicidas o en los que los pacientes preguntaron al software sobre métodos de autolesión. Otros cinco pacientes usaron los bots para obsesionarse con el conteo de calorías, lo que agravó sus trastornos alimentarios. También se observaron usos potencialmente beneficiosos, como apoyo psicoeducativo o acompañamiento, aunque estas funciones no forman parte del diseño ni validación de los sistemas. Este estudio constituye la primera evidencia sistematizada de posibles efectos adversos de chatbots de IA en la salud mental dentro de un servicio psiquiátrico, si bien con importantes limitaciones metodológicas. Aun así, subraya la necesidad de que los profesionales consideren estos riesgos y orienten a los pacientes respecto al uso prudente de estas tecnologías. Comentado en Psypost y Muy Interesante
Por Alfredo Calcedo 6 de marzo de 2026
Las mujeres suelen experimentar una resolución más lenta del dolor y son más propensas a desarrollar dolor crónico, pero los mecanismos subyacentes son poco conocidos. En este estudio se explora por qué el dolor tarda más en desaparecer en mujeres que en hombres . Los investigadores trabajaron con un modelo de inflamación en la piel de ratones y descubrieron que un tipo especial de células del sistema inmunitario, los monocitos que producen IL‑10 (IL-10+), desempeñan un papel clave en la reducción del dolor. Estas células se comunican directamente con las neuronas sensoriales para ayudar al cuerpo a volver a la normalidad. En los ratones machos, estos monocitos IL‑10+ eran más numerosos, y eso explicaba que el dolor se resolviera antes que en las hembras. La diferencia estaba relacionada con las hormonas masculinas, que favorecían la producción de IL‑10 y la llegada de estos monocitos al área inflamada. Cuando los científicos eliminaron la capacidad de producir IL‑10 en los monocitos, o de responder a esta señal en las neuronas, la recuperación del dolor se enlenteció en ambos sexos, mostrando lo esencial que es este mecanismo. Además, un compuesto llamado resolvina D1 logró aumentar la presencia de monocitos productores de IL‑10 y acelerar la resolución del dolor tanto en machos como en hembras. Resultados similares aparecieron en personas con lesiones traumáticas: los hombres se recuperaban antes y mostraban niveles más altos de IL‑10. El estudio sugiere así que estos monocitos son una pieza clave para comprender y tratar mejor las diferencias en el dolor entre hombres y mujeres. Comentado en The Objective
Por Alfredo Calcedo 6 de marzo de 2026
A diferencia de lo que solemos imaginar, la memoria no funciona como una biblioteca inmóvil en la que los recuerdos duermen preservados, ni la memoria accede a los recuerdos como a un archivo que se abre intacto cada vez que lo consultamos. Recordar es un proceso activo y dinámico, que implica reconstruir y transformar los recuerdos. Cuando evocamos un episodio, este entra en un estado transitorio de inestabilidad, una etapa delicada en la que puede modificarse, enriquecerse o incluso distorsionarse antes de consolidarse de nuevo. A este fenómeno lo conocemos como reconsolidación , y explica por qué un diálogo del pasado puede terminar adornado con gestos inexistentes o por qué una situación antaño vergonzosa hoy se recuerda con cierta ternura o humor. El artículo describe cómo este proceso no opera con la misma fuerza sobre todos los recuerdos. Los recuerdos más recientes y frágiles se vuelven vulnerables con apenas unos minutos de evocación, mientras que los más antiguos o sólidos necesitan un periodo más largo para entrar en ese estado maleable. Sin embargo, ninguno es completamente inmune al cambio: tanto los recuerdos nuevos como los remotos pueden fortalecerse, debilitarse o transformarse. En el plano neurobiológico, la evocación implica reactivar las redes neuronales que alojan el recuerdo. Durante un breve instante, las sinapsis se flexibilizan, permitiendo que la información pueda reorganizarse antes de estabilizarse otra vez. Es como si el cerebro abriera provisionalmente la puerta de un cuarto cerrado, dejara entrar aire fresco —o polvo— y luego volviera a cerrarla, modificando inevitablemente el interior. Desde esta perspectiva, la memoria resulta ser un mecanismo adaptativo más que un registro fiel. La actualización constante permite al cerebro integrar información nueva, reinterpretar el pasado y ajustar la experiencia a las necesidades presentes. Así, cada recuerdo es una versión “actualizada” de sí mismo, más cercana a un relato que a una fotografía. El artículo concluye que esta fragilidad no es un defecto, sino un rasgo esencial de nuestra especie. Recordamos cambiando, y cambiamos mientras recordamos. En esa danza se construye nuestra identidad, hecha no de certezas estáticas, sino de memorias vivas en perpetua transformación.
Por Alfredo Calcedo 6 de marzo de 2026
Artículo de opinión que propone una reinterpretación crítica del concepto del trastorno límite de la personalidad (TLP), especialmente en su expresión femenina. Comienza contrastando el imaginario habitual del “depredador antisocial”—un individuo manipulador, impulsivo, explotador y agresivo, típicamente pensado como hombre—con un conjunto de comportamientos análogos cuando aparecen en mujeres. Al adaptar los mismos criterios diagnósticos a manifestaciones más comunes en mujeres (impulsividad como promiscuidad de alto riesgo, “violencia” como destrucción reputacional, «engaño» para incluir la actuación de la mujer seductora, y «desprecio temerario por la seguridad» como la amenaza de autolesionarse), entonces esta imagen se corresponde perfectamente con la de una mujer con trastorno límite de la personalidad. La tesis central sostiene que el modelo clínico dominante presenta a la mujer con TLP como una “víctima-paciente”, definida por su fragilidad afectiva, sus heridas de apego y su sufrimiento subjetivo. Sin embargo, esta perspectiva, aun siendo parcialmente válida, oscurece la dimensión estratégica, instrumental y potencialmente depredadora del comportamiento borderline. El texto plantea que algunos estallidos emocionales no serían meros síntomas desregulatorios, sino técnicas de control interpersonal: tácticas destinadas a dirigir, desestabilizar o dominar el entorno social, aprovechando la disposición cultural a proteger la vulnerabilidad femenina. Para ilustrarlo, se analiza un caso grabado en una cámara policial, donde las reacciones de la mujer —desde la exigencia parasitaria hasta la regresión infantil— aparecen encadenadas como escaladas tácticas cuando fallan estrategias previas de manipulación, seducción o intimidación. Bajo esta lectura, la emocionalidad extrema se convierte en un “arma afectiva”: una forma de supremacía emocional capaz de establecer las reglas de la interacción y paralizar la agencia ajena. El texto afirma que, en una sociedad que privilegia el relato traumático y la sensibilidad subjetiva, este tipo de expresiones obtendría ventajas adaptativas comparables a la agresión física masculina. Asimismo, se plantea que otros rasgos típicos del TLP —como la inestabilidad identitaria o las autolesiones visibles— funcionarían como señales sociales: herramientas de adquisición de recursos, disuasión o camuflaje. La oscilación entre idealización y ataque generaría un un estado de confusión (“niebla de guerra”) relacional que mantiene al otro atrapado entre esperanza y miedo. El resultado sería un patrón parasitario en el que el entorno se convierte en objeto de regulación emocional. El texto concluye cuestionando la distinción clínica entre TLP y trastorno antisocial. Frente al depredador masculino, cuya peligrosidad se acepta sin matices, la figura femenina permanece medicalizada, lo que impediría ver su potencial destructivo en el ámbito emocional, reputacional y relacional. La diferencia radica únicamente en el terreno del daño: donde el hombre antisocial amenaza la seguridad física, la mujer antisocial en sus relaciones amenaza la reputación, la situación legal, los vínculos parentales y la estabilidad psicológica.
Por Alfredo Calcedo 5 de marzo de 2026
Los pensamientos suicidas entre los médicos son comunes y aumentaron durante la pandemia de COVID-19; sin embargo, muchos dudan en buscar apoyo de salud mental. Este análisis cualitativo examina las experiencias de médicos y médicos en formación que han tenido pensamientos suicidas y han intentado buscar ayuda. Mediante una búsqueda sistemática se realiza un análisis cualitativo de las narrativas publicadas de médicos y residentes que describen sus experiencias de búsqueda de ayuda para la conducta suicida Resultados: En 52 narrativas, los autores describieron comúnmente presiones previas, formas de afrontamiento, intenso malestar emocional y autopercepciones alteradas. Los relatos muestran cómo la cultura médica —centrada en el rendimiento, la resiliencia inquebrantable y la autosuficiencia— actúa como un marco que normaliza el sufrimiento silencioso y desalienta la expresión de vulnerabilidad. Las barreras para buscar ayuda se basaban en presiones que contribuían a la conducta suicida: el miedo a ser percibidos como incompetentes, la estigmatización persistente de la enfermedad mental, la preocupación por posibles repercusiones en la licencia profesional, la renuencia a cargar a colegas o familiares y la dificultad para acceder a servicios confidenciales y oportunos. Estas barreras consolidan un aislamiento emocional que refuerza la tendencia a afrontar en soledad la crisis suicida. Sin embargo, las narrativas también informan de elementos facilitadores que permiten a algunos profesionales dar el paso hacia la ayuda. Entre ellos destacan la disponibilidad de atención verdaderamente confidencial, una mayor alfabetización en salud mental y, especialmente, el impacto transformador del modelaje de conducta: cuando colegas o mentores reconocen abiertamente su propia necesidad de apoyo, disminuyen el estigma y legitiman la búsqueda de cuidado. Interpretación: La intensa presión por alcanzar el éxito en la medicina disuade a los médicos de reconocer su angustia y buscar ayuda, pero ser un modelo a seguir en la búsqueda de ayuda puede atenuar el estigma. Comprender estos factores interrelacionados puede orientar los cambios necesarios para desarrollar estrategias específicas de prevención del suicidio dirigidas a los médicos y promover su bienestar.
Por Alfredo Calcedo 5 de marzo de 2026
Extenso reportaje de la periodista Maggie Jones para The New York Times, titulado « La vida con uno de los trastornos más polémicos de la psiquiatría ». El artículo narra la historia de Milissa Kaufman, psiquiatra e investigadora del Hospital McLean que reveló públicamente que ella misma vivió con trastorno de identidad disociativo (TID) y se recuperó tras años de tratamiento. Jones entrevistó a más de dos decenas de personas diagnosticadas y a casi 20 especialistas. El TID, antes conocido como trastorno de personalidad múltiple, es uno de los diagnósticos más controvertidos de la psiquiatría. Durante décadas, algunos críticos han sostenido que es extremadamente raro, o que no existe en absoluto. Kaufman ha desempeñado un papel importante en la comprensión emergente de este trastorno. Motivada por su propia experiencia, se convirtió en psiquiatra y ha dedicado su carrera a la investigación y el tratamiento de la disociación y el trauma. La historia de Milissa Kaufman, una respetada psiquiatra e investigadora del Hospital McLean, sirve como eje para desmitificar esta condición. Kaufman, en un acto de vulnerabilidad sin precedentes en su campo, reveló haber vivido y recuperado su integridad psíquica tras años de tratamiento por TID. Su experiencia infantil no fue la de una "personalidad múltiple" de ficción, sino la de una niña que, para sobrevivir a lo insoportable, compartimentó su mente. En su interior convivían la "niña curiosa", la "señora amable" y la "niña encerrada en una caja", facetas de un mismo ser que se fragmentaron para que el dolor no lo consumiera todo. El artículo subraya que el TID no consiste en tener personas diferentes dentro de un cuerpo, sino en ser una sola persona cuyos aspectos de la identidad no han logrado integrarse. Esta fragmentación se manifiesta en la vida cotidiana de formas desconcertantes: una profesora universitaria que, en medio de una reunión académica, de repente se siente como una niña pequeña incapaz de articular una respuesta adulta; o una mujer que encuentra en su maletero zapatos que no recuerda haber comprado. Estos lapsos de memoria y cambios de estado no son actos teatrales, sino mecanismos de defensa automáticos ante disparadores emocionales. A pesar de la evidencia neurocientífica que comienza a mostrar diferencias en el procesamiento cerebral de estos pacientes, el diagnóstico sigue siendo polémico. El reportaje aborda el fenómeno actual en redes sociales como TikTok, donde la proliferación de autodiagnósticos y representaciones dramatizadas ha generado una nueva ola de escepticismo. No obstante, el consenso clínico apunta a que el TID es una respuesta de supervivencia a traumas infantiles reales y tratables. La recuperación, como demuestra el caso de Kaufman, es posible pero ardua. Requiere años de una terapia que no busque el espectáculo de las "identidades", sino la integración lenta y compasiva de esos fragmentos rotos. Al final, el TID no es un enigma para el entretenimiento, sino el testimonio de la asombrosa capacidad de la mente humana para protegerse de lo que no debería haber ocurrido jamás. Comentado en Psyciencia.
Por Alfredo Calcedo 4 de marzo de 2026
El objetivo de esta revisión y metanálisis es identificar qué fármacos son eficaces para prevenir el delirio después de cirugía en adultos mayores de 60 años y estimar los efectos sobre la morbilidad y la mortalidad. Resultados: la dexmedetomidina es clínicamente eficaz para prevenir el delirio tras la cirugía en adultos mayores. Este hallazgo fue consistente en cirugías electivas y de urgencia, así como en casi todas las especialidades quirúrgicas. Los corticosteroides, los agonistas del receptor de melatonina, el parecoxib, la insulina y la olanzapina fueron eficaces en subgrupos específicos. Sin embargo, se necesitan estudios aleatorizados más rigurosos para reducir el alto riesgo de sesgo frecuente en la literatura existente.
Por Alfredo Calcedo 4 de marzo de 2026
El artículo plantea una paradoja en el desarrollo de chatbots actuales: pese a obtener puntuaciones extraordinariamente altas en pruebas estandarizadas de inteligencia emocional (IE), estos sistemas muestran con frecuencia una profunda torpeza emocional en interacciones reales, especialmente con usuarios vulnerables. Pasan por alto o malinterpretan señales emocionales, validan estados emocionales peligrosos y responden de maneras que ningún profesional clínico bien capacitado lo haría.Esta discrepancia surge porque las pruebas de IE miden conocimientos abstractos sobre las emociones, pero no la conducta emocional sostenida en contextos complejos, como aquellos que caracterizan la práctica psicoterapéutica. En la relación clínica, la inteligencia emocional no se limita al reconocimiento preciso de estados afectivos, sino que exige discernir cuándo la validación resulta terapéutica y cuándo puede convertirse en un refuerzo inadvertido de creencias distorsionadas o impulsos peligrosos. Los chatbots tienden a una validación indiscriminada —una suerte de “adulación digital”— que confirma no solo emociones, sino también interpretaciones patológicas, alimentando estados suicidas, distorsiones paranoides, pensamientos propios de trastornos alimentarios o dependencias excesivas. A diferencia del terapeuta experto, que valida la emoción mientras cuestiona con delicadeza sus significados, los sistemas conversacionales replican patrones de empatía superficial carentes de juicio clínico. Ante este riesgo, el texto propone la creación de pruebas de esfuerzo en inteligencia emocional, análogas en espíritu del Test de Turing, pero centradas en la capacidad de manejar escenarios clínicamente realistas. Mediante evaluadores humanos —preferiblemente psicoterapeutas experimentados— se compararía el desempeño de chatbots y clínicos en tareas que exigen comprensión emocional, mantenimiento de límites, verificación de la realidad y, especialmente, la habilidad de no validar aquello que puede dañar. Bajo estos criterios, los sistemas actuales fracasarían de forma contundente, en gran parte por la ausencia de participación significativa de profesionales de salud mental en su entrenamiento. El texto concluye que resulta urgente rediseñar y reentrenar los chatbots para que integren empatía con juicio, establezcan límites y deriven a atención humana cuando sea necesario. Esta evaluación de seguridad emocional debió haberse implementado antes de su despliegue, pero sigue siendo indispensable para que la inteligencia emocional de los chatbots se manifieste en la práctica, y no solo en los exámenes.
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