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Revisión narrativa que tiene como objetivo sintetizar la evidencia actual sobre la presentación en adultos y los trastornos concomitantes, examinar las barreras para la identificación y proponer un marco de desarrollo, dimensional y contextual para la evaluación y formulación psiquiátrica. El artículo reflexiona sobre cómo el autismo en adultos sigue siendo poco reconocido en la práctica psiquiátrica. Durante muchos años, el autismo se ha considerado sobre todo un trastorno infantil, lo que ha llevado a que muchos adultos pasen desapercibidos o reciban diagnósticos equivocados. El trabajo explica que, en la edad adulta, el autismo puede presentarse de formas más sutiles, especialmente en personas con buen rendimiento intelectual o con gran capacidad para adaptarse socialmente. Uno de los problemas centrales es la confusión entre rasgos autistas y síntomas de otros trastornos psiquiátricos, como la ansiedad, la depresión o los trastornos de la personalidad. Además, muchas personas aprenden desde jóvenes a “camuflar” sus dificultades, lo que dificulta aún más el reconocimiento clínico. Esto es especialmente frecuente en mujeres, cuyos perfiles suelen alejarse del estereotipo clásico del autismo. El artículo subraya que la falta de diagnóstico adecuado tiene consecuencias importantes: tratamientos poco ajustados, sensación de incomprensión y mayor sufrimiento psicológico. Por ello, los autores destacan la necesidad de que los psiquiatras de adultos integren una mirada más amplia, tengan en cuenta la historia evolutiva del paciente y conozcan mejor las manifestaciones del autismo en la edad adulta. Reconocer el autismo a tiempo puede mejorar notablemente la atención clínica y la calidad de vida de estas personas. ( Cureus )

El artículo presenta una revisión narrativa sobre cómo manejar la depresión resistente al tratamiento , un problema frecuente y complejo en la práctica clínica. Se considera resistente cuando una persona con depresión mayor no logra una mejoría clara tras probar, de forma adecuada, al menos dos antidepresivos distintos. Esta situación suele ir acompañada de síntomas persistentes, deterioro funcional, peor calidad de vida y un mayor uso de los servicios sanitarios. El texto recorre primero las estrategias clásicas , como cambiar de antidepresivo o combinarlos, y las técnicas de potenciación , por ejemplo añadiendo otros fármacos para reforzar el efecto del tratamiento principal. A partir de ahí, el artículo describe opciones más recientes que han ampliado el abanico terapéutico. Entre ellas destacan la ketamina y la esketamina , que pueden producir una mejoría rápida en algunos pacientes, y las distintas formas de neuromodulación . En este grupo se incluyen tratamientos ya conocidos como la terapia electroconvulsiva, junto con técnicas menos invasivas como la estimulación magnética transcraneal y otros métodos en desarrollo. Las intervenciones neuromoduladoras analizadas incluyen la terapia electroconvulsiva (TEC), la estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr) y modalidades innovadoras como la estimulación de ráfaga theta (ERT), la estimulación transcraneal de corriente continua (ETCC), la estimulación del nervio vago (ENV) y la estimulación cerebral profunda (ECP). Las terapias emergentes, incluidos los tratamientos asistidos con psicodélicos, también se consideran posibles direcciones futuras en el manejo de la DRT. Si bien las terapias convencionales siguen siendo fundamentales para el manejo de la enfermedad, las nuevas modalidades de tratamiento han ampliado las opciones disponibles, especialmente para pacientes con síntomas graves o persistentes. No obstante, persisten limitaciones importantes, como el costo, la accesibilidad, la duración de la respuesta y la incertidumbre respecto a los resultados a largo plazo y los efectos secundarios.

Artículo de opinión que plantea una dura crítica a la llamada “cultura terapéutica”, describiéndola como un sistema que, en vez de aliviar el sufrimiento, a veces lo amplifica . El autor parte de una idea central: muchas personas llegan a terapia con relatos sobre sus problemas, pero esos relatos no siempre son la realidad completa, sino interpretaciones moldeadas por miedos, heridas y percepciones. Según el texto, algunos terapeutas no cuestionan esas narrativas, sino que las validan y refuerzan, convirtiendo conflictos cotidianos en “traumas”, emociones normales en trastornos y dificultades humanas en identidades permanentes. Desde esa mirada, se crea un círculo peligroso: el paciente se aferra cada vez más a una historia de victimismo, el terapeuta la legitima con diagnósticos y etiquetas, y ambos terminan atrapados en una versión cerrada de la realidad. El autor sugiere que eso puede deteriorar relaciones, alimentar dependencia emocional e incluso causar daño iatrogénico, es decir, sufrimiento generado por la propia intervención terapéutica. También critica cómo redes sociales y lenguaje popular han expandido términos como “trauma”, “narcisismo” o “ansiedad” hasta convertirlos en explicaciones automáticas para casi todo. En lugar de ayudar a observar los pensamientos con distancia, esta cultura —dice— enseña a creer ciegamente en las historias que fabrica la mente. Hacia el final, el artículo propone otra salida: no vivir presos de diagnósticos ni de relatos de dolor, sino reconocer que los pensamientos son solo historias, no verdades absolutas. Para el autor, el bienestar nace más de actuar según valores, amar, asumir responsabilidad y elegir quién se quiere ser, que de seguir profundizando indefinidamente en narrativas de sufrimiento. ( drmcfillin.substack.com )

Estimados compañeros/as, os recordamos de nuevo el próximo Congreso Nacional de la SEPL que se celebrará en Vitoria, los días 14-16 de mayo de 2026. El enlace de contacto con la Web del congreso Vitoria 2026 es: https://psiquiatrialegal2026.com/ Animaros a venir al Congreso, un lugar de encuentro además del interés científico. ¡Nos vemos en Vitoria!

En los últimos años, las sustancias psicodélicas han despertado un gran interés científico y clínico, aunque sus efectos precisos sobre el cerebro siguen siendo difíciles de definir. Este artículo aborda este problema reuniendo, por primera vez, datos dispersos de estudios realizados en distintos países y con diferentes drogas. Los autores llevaron a cabo un gran “mega‑análisis” que integró 11 estudios de resonancia magnética funcional en reposo, con un total de más de 250 participantes expuestos a cinco psicodélicos clásicos, la psilocibina, el LSD, la mescalina, el DMT y la ayahuasca. Al analizar todos los datos con los mismos métodos, los investigadores pudieron identificar patrones comunes que antes no resultaban claros. Los investigadores encuentran un patrón repetido: estas sustancias no “activan” simplemente zonas aisladas, sino que reorganizan la comunicación entre grandes redes cerebrales. (Nature) El hallazgo más consistente fue un aumento de la comunicación entre redes cerebrales asociadas a funciones complejas —como el pensamiento abstracto, la atención o la emoción— y redes más básicas relacionadas con la percepción visual y el movimiento. Dicho de otro modo, durante el estado psicodélico, distintas áreas del cerebro que normalmente funcionan de forma separada tienden a conectarse más entre sí. Además, algunas estructuras profundas del cerebro, como el caudado, el putamen o el tálamo, también mostraron cambios en su forma de relacionarse con el resto del cerebro. En cambio, la supuesta “desorganización” interna de las redes cerebrales, descrita en estudios previos pequeños, resultó ser limitada y muy variable según la sustancia y el estudio. En conjunto, el trabajo sugiere que los psicodélicos no rompen el funcionamiento cerebral, sino que lo reorganizan de manera selectiva y predecible. Este enfoque integrado ayuda a aclarar resultados contradictorios del pasado y ofrece una base sólida para futuras investigaciones sobre los efectos terapéuticos de estas sustancias. Comentado en Diario Médico

Wendy Duffy, británica de 56 años y sin enfermedad física terminal, ha decidido morir mediante suicidio asistido en una clínica suiza, alegando que perdió toda alegría de vivir tras la muerte accidental de su hijo Marcus hace años. Su caso ha reavivado en Reino Unido el debate sobre la ley de muerte asistida, actualmente bloqueada en la Cámara de los Lores, pese a haber sido aprobada por los Comunes. Tras evaluaciones psiquiátricas y pagar 10.000 libras, Duffy fue aceptada en Pegasos, una de las clínicas más controvertidas donde es posible poner fin a la propia vida. Preparó su despedida con cartas, música y detalles sobre su muerte. Aunque su situación no encajaría en la ley británica propuesta, limitada a enfermos terminales, su historia ha intensificado la discusión pública. Duffy, que ya intentó suicidarse antes sin éxito, considera esta vía una muerte serena y controlada. Pegasos ha generado polémica por otros casos similares de personas sin enfermedades terminales.

El artículo comenta como muchas personas adultas, sobre todo mayores de 40 años, tienen autismo leve sin diagnosticar . Durante años, el autismo se relacionó solo con la infancia y con casos graves, por eso estos perfiles han pasado desapercibidos. El diagnóstico tardío suele darse tras muchos años de estrés, ansiedad, problemas laborales y sociales. Un ejemplo es María, que fue diagnosticada en la adultez y pudo entender mejor sus dificultades y mejorar su calidad de vida. El diagnóstico es importante porque permite acceder a terapia, apoyo y adaptaciones, demostrando que nunca es tarde para mejorar.

Estudio observacional con datos de Reino Unido e Irlanda que analiza qué ocurre cuando se vuelve a tratar con clozapina a pacientes que antes tuvieron un episodio de neutropenia. Los resultados muestran que, aunque la clozapina suele suspenderse por seguridad ante la neutropenia, una parte relevante de los pacientes puede volver a recibirla sin presentar problemas graves. Solo una minoría tuvo un nuevo episodio de neutropenia en los primeros seis meses tras reiniciar el tratamiento. El riesgo de que la reexposición fracasara fue algo mayor en hombres, en personas de más edad y en quienes tenían cifras basales más altas de neutrófilos. En resumen, la reintroducción de clozapina puede tener éxito en un grupo selecto de pacientes después de la interrupción obligatoria de la clozapina por sospecha de neutropenia inducida por clozapina. [ thelancet.com ]

El artículo describe cómo el cannabis de alta potencia ha pasado de ser una sustancia marginal a convertirse en una práctica común, impulsada por la legalización, el mercado y productos con concentraciones de THC mucho mayores que en décadas pasadas. Pero mientras su uso se normaliza, también crecen las preocupaciones en psiquiatría. ( Psychiatric Times ) Lo que sí se sabe es que el consumo de cannabis se asocia a un mayor riesgo de psicosis, sobre todo en personas vulnerables y en quienes empiezan a usarlo en la adolescencia. En ansiedad y depresión los efectos son variables, y el riesgo de dependencia es real, especialmente con productos potentes. Sobre los efectos a largo plazo, no lo sabemos aún. La psiquiatría debe actuar en cuatro frentes: impulsar investigación sobre cannabis de alta potencia, participar de forma más activa en educación pública y políticas basadas en evidencia, capacitar clínicos para evaluar detalladamente su consumo y aplicar reducción de daños. Más que promover abstinencia, los pacientes lo que necesitan es información precisa sobre el riesgo, y eso comienza con psiquiatras que estén suficientemente capacitados para proporcionarla.

El artículo plantea que lo que suele llamarse “suicidalidad” no debe entenderse solo como deseo de morir, sino como una forma extrema de expresar sufrimiento. ( Critical Psychiatry Network ) A través de una mirada crítica, propone que muchas ideas suicidas, gestos o intentos son, en realidad, maneras de comunicar dolor, desesperanza, conflicto o necesidad de ser escuchado. El texto también reflexiona sobre el peso de las palabras. Términos como “cometer suicidio” o “ser suicida” simplifican demasiado realidades complejas y cargan de culpa y confusión a quien sufre. Decir “soy suicida”, sostiene el autor, comunica poco por sí mismo, del mismo modo que decir “tengo hambre” no explica qué se necesita por ejemplo si vas a un restaurante. En vez de ver a la persona como alguien dominado por una patología, invita a entender que está tratando de decir algo cuando no encuentra otras palabras. Desde esta visión, la conducta suicida aparece como un mensaje dirigido a otros, aunque sea ambiguo, silencioso o desesperado. Puede hablar de relaciones rotas, de sentirse una carga, de pedir ayuda o de no encontrar salida. Finalmente, se plantea que la “suicidalidad” moderna ha surgido como una estrategia de comunicación en los sistemas de salud mental: al declararla, la persona obliga a otros a actuar. Esto crea tensiones, malentendidos y respuestas coercitivas, dificultando conversaciones honestas sobre el sentido de la vida, el sufrimiento y la autonomía personal.



