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El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno común del neurodesarrollo que se caracteriza por falta de atención, hiperactividad o impulsividad. Afecta a entre el 3 y el 5 % de los adultos. Las principales farmacoterapias para adultos con TDAH incluyen psicoestimulantes, como metilfenidato y anfetaminas (dexanfetamina y lisdexanfetamina), y no psicoestimulantes como atomoxetina. En Australia, la elegibilidad para recibir subsidios bajo el Plan de Beneficios Farmacéuticos varía dependiendo de si al paciente se le diagnosticó TDAH durante la infancia o la edad adulta. Las personas a las que se les prescriben medicamentos para el TDAH deben ser monitoreadas para detectar efectos adversos tanto físicos (por ejemplo, síntomas cardíacos, cambios de apetito, convulsiones) como psiquiátricos (por ejemplo, alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, psicosis). Si bien el tratamiento farmacológico es eficaz para los adultos con TDAH, debe integrarse en un enfoque multidisciplinario más amplio que también incluya estrategias no farmacológicas, como terapias psicológicas y apoyo de salud aliado.

Tradicionalmente, las neurociencias han conceptualizado al hipocampo como el arquitecto de un mapa cognitivo estático, encargado de la navegación espacial y la memoria episódica. Sin embargo, el estudio liderado por Mohammad Yaghoubi y sus colaboradores desafía esta noción, proponiendo que e l hipocampo no solo registra el "dónde", sino que evoluciona para anticipar el "qué sucederá después" . A medida que un resultado se vuelve previsible, las neuronas comienzan a activarse antes de que este se produzca. No es un modelo estático, sino que se actualiza día a día. Para observar este fenómeno, el equipo analizó la actividad cerebral de ratones sometidos a tareas repetitivas con recompensa. Mediante técnicas avanzadas de imagen, capaces de seguir las mismas neuronas durante semanas , detectaron que el pico de activación se desplazaba progresivamente hacia momentos anteriores a la obtención del premio. Este tipo de aprendizaje recuerda al condicionamiento clásico descrito por Pavlov, aunque con una complejidad mayor. El hipocampo no se limita a asociar estímulos simples, sino que utiliza memoria, contexto y experiencia para anticipar lo que va a ocurrir a continuación y ajustar la conducta de forma automática. En conclusión, el artículo establece que la representación hipocampal es inherentemente dinámica; se actualiza mediante errores de predicción para transformar simples recuerdos espaciales en potentes herramientas de anticipación. Este cambio de paradigma no solo redefine nuestra comprensión de la memoria, sino que abre nuevas vías para entender trastornos donde la toma de decisiones y el aprendizaje predictivo se ven comprometidos, como en las etapas tempranas del Alzheimer. Comentado en ElConfidencial

Este estudio analizó si la vacuna recombinante contra el herpes zóster (RZV) ayuda a reducir el riesgo de demencia en personas mayores. Para ello, los investigadores estudiaron a más de 329,000 personas en el sur de California, todos mayores de 65 años. El grupo se dividió en dos: 65,800 personas que recibieron las dos dosis de la vacuna y 263,200 personas no vacunadas que sirvieron como grupo de comparación. Tras seguir su evolución, los resultados mostraron que quienes completaron el esquema de vacunación tuvieron un 51% menos de riesgo de desarrollar demencia. La reducción del riesgo fue consistente en diferentes edades y grupos étnicos o raciales. Aunque el beneficio se observó en ambos sexos, la reducción del riesgo fue más fuerte en las mujeres que en los hombres. Para asegurar que los resultados no se debieran simplemente a que las personas que se vacunan suelen ser más sanas, compararon la vacuna del herpes con la de la difteria y el tétanos (Tdap). Incluso así, la vacuna contra el herpes mostró una protección superior. En conclusión, el estudio confirma que la vacunación con dos dosis de RZV está vinculada a una disminución significativa en la aparición de demencia.

La inteligencia artificial (IA) ha trascendido el debate técnico para posicionarse como una amenaza estructural al bienestar psíquico. A diferencia de revoluciones industriales previas, la IA no solo automatiza tareas mecánicas, sino que usurpa funciones cognitivas —razonamiento, lenguaje y resolución de problemas— consideradas hasta ahora exclusivas del ser humano. El discurso público sobre este riesgo se ha centrado principalmente en la economía: productividad, eficiencia y sustitución de ingresos. Desde una perspectiva psiquiátrica, sin embargo, este encuadre es lamentablemente insuficiente. El trabajo no es simplemente un mecanismo para ganarse la vida, sino una organización central para la vida psicológica adulta. Por tanto, la pérdida masiva de empleos representa no solo un desafío para el mercado laboral, sino un riesgo profundo para la salud mental, para el que tanto los clínicos como las instituciones no están preparado . El trabajo como organizador de la psique Desde una perspectiva psiquiátrica, el empleo constituye el eje organizador de la vida adulta. No es solo un medio de subsistencia, sino el mecanismo fundamental para mantener el contacto con la realidad, estructurar el tiempo y consolidar la identidad social. La actividad productiva vincula al individuo con un propósito compartido, fomentando la autorregulación y el sentido de pertenencia. Por el contrario, la desvinculación laboral involuntaria se asocia con resultados negativos —y a menudo graves— en la salud mental y física. La literatura clínica vincula el desempleo con un incremento en las tasas de depresión, ansiedad, síntomas psicosomáticos y conductas autolíticas. La pérdida del rol profesional desencadena respuestas de estrés agudo que, de no intervenirse, erosionan la integridad neurobiológica del sujeto, particularmente en los sistemas dopaminérgicos que regulan la motivación. La sustitución por ingresos es psicológicamente insuficiente El texto advierte que propuestas como la Renta Básica Universal son paliativos económicos insuficientes. Aunque mitigan la privación material, no logran sustituir las necesidades humanas de placer, creatividad, relaciones sociales, maestría, dignidad y reconocimiento, además de dar estructura y estados de flujo. El bienestar psicológico depende de la comboionación esfuerzo-recompensa; cuando este vínculo se fractura permanentemente, la iniciativa y el compromiso prosocial se deterioran. La compensación económica por sí sola no puede sustituir la arquitectura psicológica que proporciona el trabajo. Implicaciones clínicas para los psiquiatras Varios principios rectores pueden ayudar a los clínicos a responder eficazmente a los pacientes que experimentan este problema: Tratar la pérdida de empleo como un problema basado en la realidad : Validar el desempleo como un problema basado en la realidad y no solo como un conjunto de síntomas médicos. Reconstruir estructura y propósito: Reconstruir la estructura diaria del paciente, buscando fuentes alternativas de propósito que emulen los beneficios del empleo. Reconocer los límites de la atención clínica: La psicoterapia y la medicación pueden mitigar el sufrimiento, pero no pueden resolver la ausencia subyacente de una participación regular en actividades productivas y significativas, ni la variedad de problemas que surgen a causa de esta pérdida. Normalizar la angustia y evitar la medicalización: Las respuestas emocionales a la pérdida de empleo suelen representar reacciones esperadas ante amenazas reales al bienestar económico y social. La sobremedicalización es muy común y corre el riesgo de ocultar el verdadero problema. Hacia una respuesta clínica y social En última instancia, el desafío para la sociedad post-IA no es simplemente la distribución de riqueza, sino la reinvención de la actividad productiva. Si la IA finalmente reduce la necesidad de trabajo humano, la tarea que tenemos ante nosotros no es simplemente distribuir recursos, sino repensar cómo se organiza la actividad productiva. La salud psicológica humana depende del compromiso, la agencia y la contribución. Por tanto, cualquier sistema futuro debe crear oportunidades para que los individuos ejerzan estas capacidades y preserven la relación trabajo-recompensa, independientemente de si la actividad laboral está impulsada por la necesidad económica.

Revisión sistemática exploratoria (scoping review) que examina la compleja interrelación del eje microbiota-intestino-cerebro en el contexto del deterioro cognitivo leve (DCL) y la enfermedad de Alzheimer (EA) . El estudio analiza 58 artículos científicos que evidencian cómo la disbiosis intestinal constituye un rasgo distintivo y recurrente en las fases de declive cognitivo. Según la investigación, se observa una reducción significativa en la diversidad microbiana en pacientes con Alzheimer, caracterizada por un incremento de taxones proinflamatorios, como la Escherichia coli, y una disminución de bacterias beneficiosas productoras de ácidos grasos de cadena corta, esenciales para mantener la integridad de la barrera hematoencefálica. El artículo destaca que estas alteraciones no son meros subproductos de la enfermedad, sino que podrían preceder a la aparición de los síntomas clínicos evidentes. La investigación sugiere que el microbioma influye en la neuroinflamación a través de la liberación de metabolitos y citocinas que viajan desde el intestino hasta el sistema nervioso central. Este hallazgo es relevante, ya que posiciona a la microbiota como un biomarcador potencial para la detección temprana y la estratificación del riesgo en etapas prodrómicas de la demencia. Aunque los resultados actuales muestran una capacidad prometedora para modular tanto la composición de la microbiota como el rendimiento cognitivo, la evidencia sigue siendo inconsistente. Esta ambigüedad se atribuye a la marcada heterogeneidad metodológica de los estudios analizados y a la escasez de seguimientos longitudinales que permitan establecer una inferencia causal sólida. En conclusión, el artículo subraya la necesidad de priorizar protocolos estandarizados y análisis funcionales del microbioma en futuras investigaciones. Solo mediante estudios humanos de largo plazo se podrá esclarecer el verdadero potencial terapéutico de la modulación intestinal y determinar si estos cambios microbianos son precursores o consecuencias del avance de la enfermedad de Alzheimer. Comentado en Psychiatric Times .

Artículo publicado en El País, que analiza los mecanismos de persistencia y riesgo que subyacen en la arquitectura algorítmica de esta red social (TikTok). A través de un experimento empírico basado en la creación de perfiles ficticios de menores, el texto desentraña cómo la plataforma, lejos de actuar como un entorno neutral, opera mediante un sistema de recomendaciones altamente personalizado que puede comprometer la integridad psicofísica de los usuarios más jóvenes. El estudio revela que bastan escasas interacciones y búsquedas específicas para que el flujo de contenidos (feed) que llegan a la pantalla del usuario se vea saturado de contenidos que normalizan y, en ocasiones, idealizan conductas de riesgo, tales como la autolesión y la ideación suicida. A pesar de que la normativa oficial de TikTok prohíbe explícitamente la promoción de estos actos, el artículo evidencia una brecha significativa entre la política declarada y la ejecución técnica de la moderación. Los usuarios han desarrollado tácticas de elusión, empleando léxicos alternativos y códigos simbólicos que eluden los filtros automáticos, mientras que el propio motor de búsqueda de la aplicación sugiere, en ocasiones, términos que facilitan el acceso a este material restringido. Desde una perspectiva académica, el fenómeno se describe como un «diseño adictivo» que promueve el uso compulsivo. La Comisión Europea, citada en el texto, sostiene que la plataforma infringe la Ley de Servicios Digitales (DSA) debido a esta arquitectura que debilita la capacidad de autocontrol del menor. El artículo subraya que, a mayor tiempo de exposición, disminuye la facultad cognitiva para establecer límites saludables, convirtiendo al algoritmo en un «acompañante» omnipresente en situaciones de angustia emocional. Finalmente, el análisis concluye que la regulación de la edad —fijada frecuentemente en los 16 años para ciertas protecciones— es insuficiente si no va acompañada de una alfabetización emocional robusta y de controles de verificación efectivos. Los expertos consultados enfatizan la necesidad de una intervención profesional ante señales de alarma como la irritabilidad o trastornos del sueño, advirtiendo que el aislamiento digital y la dependencia de estas redes como principal herramienta de gestión del malestar pueden derivar en consecuencias severas para la salud mental de os adolescentes.

Estudio retrospectivo de cohorte en Ontario, Canadá, que examina cómo ha evolucionado la incidencia de los trastornos psicóticos en función del año de nacimiento , partiendo de la premisa de que las tendencias globales pueden ocultar variaciones relevantes entre cohortes expuestas a diferentes factores de riesgo. El estudio incluye a todas las personas nacidas entre 1960 y 2009. Se identificaron diagnósticos de trastornos del espectro de la esquizofrenia (SSD) y de psicosis no especificada (NOS), considerando como casos incidentes aquellos sin diagnóstico previo en los cinco años anteriores. Las comparaciones se realizaron por cohortes quinquenales, complementadas con modelos edad–periodo–cohorte que permitieron diferenciar los efectos atribuibles al envejecimiento, al periodo histórico y al año de nacimiento. Entre más de 12 millones de individuos incluidos, alrededor del 0.9% recibió un diagnóstico de trastorno psicótico entre 1992 y 2023. Los hallazgos revelan un incremento notable de la incidencia en adolescentes y adultos jóvenes: entre 1997 y 2023, aumentó un 60% en el grupo de 14 a 20 años, mientras que se mantuvo estable o incluso disminuyó entre los 21 y 50 años. Los análisis por cohorte de nacimiento mostraron un patrón consistente de aumento en la incidencia y una reducción en la edad de diagnóstico. Resultados: Se incluyeron más de 12 millones de personas, de las cuales 152 587 (0,9 %) fueron diagnosticadas con un trastorno psicótico durante el período de estudio. Entre 1997 y 2023, la incidencia anual de trastornos psicóticos aumentó un 60 % entre las personas de 14 a 20 años y se mantuvo estable o disminuyó entre las de 21 a 50 años. Los análisis por cohorte de nacimiento mostraron un patrón consistente de aumento en la incidencia y una reducción en la edad de diagnóstico. En comparación con los nacidos entre 1975 y 1979, el porcentaje de personas a las que se les había diagnosticado un trastorno psicótico a los 20 años fue un 104% mayor para los nacidos entre 2000 y 2004, y un 37,5% mayor (1,32% frente a 0,96%) a los 30 años para los nacidos entre 1990 y 1994. Los efectos de cohorte de nacimiento fueron comparables entre hombres y mujeres, y se observaron los mismos resultados en los análisis de sensibilidad que examinaron los diagnósticos solo en entornos ambulatorios o solo en entornos hospitalarios. Asimismo, la proporción de diagnósticos antes de los 20 años más que se duplicó entre las cohortes más recientes. Estos efectos se observaron por igual en hombres y mujeres y se mantuvieron en análisis de sensibilidad. En conjunto, los resultados sugieren un aumento generacional en el riesgo de trastornos psicóticos, cuya interpretación requiere futuras investigaciones para dilucidar factores explicativos y orientar la planificación de servicios de intervención temprana.

El anuncio del presidente Pedro Sánchez, realizado en Dubai durante la Cumbre Mundial de Gobierno, de impulsar una normativa que prohíba el acceso de menores de 16 años a las redes sociales ha desencadenado un amplio debate entre especialistas en pediatría, psiquiatría y salud pública. Las reacciones, inmediatas y diversas, revelan coincidencias en la preocupación por los efectos del entorno digital sobre la salud mental juvenil, aunque difieren en la valoración de la medida y su alcance real. La Asociación Española de Pediatría celebra la iniciativa al considerar que las redes sociales constituyen un espacio diseñado para maximizar la permanencia del usuario, algo especialmente perjudicial para cerebros en desarrollo. Recuerdan que la evidencia científica vincula el uso precoz e intensivo de plataformas digitales con trastornos del sueño, dificultades de neurodesarrollo, baja autoestima, mayor riesgo de ansiedad y depresión, así como problemas de aprendizaje y socialización. No obstante, afirman que la regulación debe ir más allá de la restricción por edad y orientarse hacia una transformación integral del entorno digital. La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental respalda igualmente la propuesta, subrayando que el cerebro adolescente, altamente sensible al refuerzo social, se ve sometido en las redes a un flujo constante de recompensas y comparaciones que pueden exacerbar la vulnerabilidad emocional. Si bien los estudios muestran asociaciones moderadas entre uso problemático y depresión, ansiedad o conductas autolesivas, la dirección causal sigue sin estar plenamente establecida. Más crítico se muestra José César Perales, catedrático en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, quien sostiene que la evidencia es limitada y que fijar la edad en 16 años carece de base científica sólida. Advierte, además, del riesgo de perjudicar a colectivos que encuentran en las redes un espacio esencial de apoyo. Finalmente, Josep María Suelves, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares, valora de manera positiva la medida por su potencial para reducir hábitos nocivos y patrones conductuales dañinos, aunque alerta de que su eficacia dependerá de la capacidad real de hacer cumplir la prohibición. Recuerda que si no se garantizan medidas que aseguren el cumplimiento de esa prohibición, podría convertirse en una medida más cosmética que efectiva.

El artículo propone un cambio de paradigma en la psiquiatría diagnóstica al integrar de manera sistemática los factores contextuales en la evaluación clínica. El texto argumenta que la salud mental no puede entenderse de forma aislada de los determinantes socioeconómicos, culturales y ambientales, los cuales influyen de manera crítica tanto en la aparición como en la persistencia de los trastornos mentales. Uno de los pilares fundamentales de esta visión es el concepto de interseccionalidad o teoría interseccional , que describe cómo categorías como la raza, el género, la clase social y la orientación sexual no operan de forma independiente, sino que se solapan para moldear experiencias únicas de marginación o privilegio. Desde esta perspectiva, la discriminación y las barreras estructurales —como el acceso limitado a la vivienda o a una educación de calidad— generan vulnerabilidades compuestas que el modelo diagnóstico tradicional basado únicamente en síntomas a menudo ignora. Los determinantes socioeconómicos, culturales y ambientales de la salud son las condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, así como los sistemas establecidos para abordar la salud y el bienestar. El subcomité encargado de esta propuesta ha identificado cinco dominios clave para organizar estos determinantes: factores demográficos, económicos, el vecindario y entorno construido, eventos ambientales y el contexto sociocultural. Se enfatiza que cada uno de estos elementos no son meros "modificadores", sino factores que afectan directamente la prevalencia y los resultados de salud a lo largo del curso de vida. Además, se destaca el papel de la resiliencia , sugiriendo que el nuevo DSM debe evaluar tanto los riesgos como los recursos protectores dentro de la comunidad y la familia del paciente. La propuesta estratégica busca formalizar herramientas como la Entrevista de Formulación Cultural para que el diagnóstico sea más preciso y "centrado en la persona". Al adoptar un enfoque transdiagnóstico y multidimensional, la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) aspira a reducir las disparidades en salud mental y fomentar intervenciones de prevención más efectivas. En definitiva, el artículo sostiene que el futuro del DSM reside en reconocer que la biología interactúa con un entorno social e histórico complejo, y que solo a través de este entendimiento integral se podrá ofrecer un cuidado verdaderamente equitativo y científicamente riguroso.

El artículo, elaborado por el Subcomité de Funcionamiento y Calidad de Vida (FunQoL) del Comité Estratégico para el futuro DSM, propone una transformación en la manera de conceptualizar el diagnóstico psiquiátrico. El texto argumenta que la evaluación del funcionamiento y la calidad de vida (QoL) no debe ser un accesorio, sino un componente esencial para diferenciar la salud, los síntomas subclínicos y la psicopatología. Históricamente, el DSM ha intentado integrar el funcionamiento mediante herramientas como la Escala de Evaluación Global del Funcionamiento (GAF) en el DSM-IV, o el criterio de "significación clínica", que exige malestar o deterioro funcional para validar un diagnóstico. Sin embargo, el DSM-5 eliminó el sistema multiaxial y buscó herramientas más precisas, como el WHODAS 2.0, para armonizar la psiquiatría con el resto de la medicina. A pesar de ello, el artículo señala que persisten ambigüedades sobre si el funcionamiento debe ser un criterio diagnóstico central o un factor contextual transdiagnóstico. El artículo subraya la relación bidireccional entre la enfermedad mental y la capacidad funcional: el deterioro puede ser tanto una consecuencia como un predictor del curso de los síntomas y de la necesidad de cuidados. Asimismo, se destaca la importancia de la percepción subjetiva del bienestar (calidad de vida), la cual ayuda a ubicar la presentación clínica del paciente en un continuo entre la salud y la enfermedad. Para el futuro DSM, el subcomité propone integrar herramientas breves y prácticas que evalúen la calidad de vida en distintos dominios (como salud física, salud psicológica, relaciones sociales y entorno). El objetivo final es cambiar hacia un modelo diagnóstico donde el funcionamiento y la calidad de vida permitan no solo una clasificación más precisa, sino también una mejor planificación de tratamientos centrados en la recuperación integral del individuo, más allá de la mera remisión de síntomas. En conclusión, el artículo aboga por una nosología que reconozca que la salud mental es inseparable de la capacidad del individuo para desenvolverse y sentirse satisfecho en su entorno social y personal. El Subcomité FunQoL deberá determinar cómo se implementará el funcionamiento y la calidad de vida en el futuro DSM , como características diagnósticas fundamentales, como factores transdiagnósticos o ambos.



