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La adicción a los estimulantes, como la adicción a drogas como las anfetaminas, es un problema de salud pública creciente, pero hay muy pocos medicamentos efectivos para tratarla. Este artículo analiza por qué los tratamientos que funcionan para otras adicciones, como los opioides, son menos efectivos para los estimulantes. Una de las principales limitaciones identificadas reside en la inconsistencia de los resultados clínicos de diversos agentes farmacológicos. Sustancias como el modafinilo, que en fases iniciales generaron expectativas optimistas, han demostrado en estudios controlados una eficacia limitada para reducir significativamente el consumo o mitigar el deseo compulsivo (craving). Este fenómeno se atribuye, en parte, a la complejidad neurobiológica de los estimulantes, cuya interacción con los sistemas de recompensa dopaminérgicos y noradrenérgicos presenta mecanismos de adaptación distintos a los de otras sustancias. También destaca los desafíos que enfrentan los investigadores, como las diferencias en los métodos de estudio y la omisión de problemas comunes como los problemas de salud mental o el uso de múltiples sustancias, lo que dificulta la generalización de los hallazgos. Además, el enfoque tradicional centrado exclusivamente en la abstinencia total como único indicador de éxito ha comenzado a ser cuestionado. Se propone, en su lugar, una transición hacia modelos de reducción de daños que prioricen la mejora de la calidad de vida y el bienestar social del paciente. Finalmente, si bien la terapia sigue siendo el tratamiento más efectivo, no siempre es accesible. Este artículo hace un llamado a enfoques nuevos e innovadores que prioricen la reducción de daños, la seguridad y la recuperación a largo plazo.

El artículo analiza la vulnerabilidad psicológica de las personas desplazadas, subrayando que tanto los solicitantes de refugio como los migrantes indocumentados presentan una morbilidad significativamente mayor en comparación con la población general. El estudio describe la experiencia migratoria en tres etapas: premigración, perimigración y postmigración. Durante el tránsito (perimigración), los individuos se ven expuestos a situaciones que amenazan su vida, incluyendo violencia, violaciones de derechos humanos y privaciones básicas. Sin embargo, el artículo enfatiza que los determinantes postmigratorios son igualmente determinantes. Factores como la precariedad del estatus legal, la separación familiar, la inseguridad habitacional y las barreras para acceder al empleo y a servicios de salud actúan como catalizadores de trastornos mentales. El tipo de recepción postmigratoria que reciben los migrantes en un país anfitrión es un determinante clave de la salud mental. Se observa que los discursos públicos polarizados, que oscilan entre la ayuda humanitaria y el resentimiento xenófobo, se traducen en políticas restrictivas. Estas medidas, lejos de ser neutrales, exacerban condiciones como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Específicamente, se reporta que los solicitantes de refugio muestran una incidencia de psicosis y tasas de suicidio elevadas en relación con los inmigrantes voluntarios. Durante la integración y el reasentamiento, otros factores que impactan la salud mental incluyen racismo, xenofobia, privación socioeconómica, baja cohesión familiar y aislamiento social. Asimismo, la investigación destaca el efecto deletéreo de la detención migratoria. La duración de la misma y la exposición previa a traumas correlacionan positivamente con la gravedad de los síntomas. El estado de "limbo jurídico" y la espera indefinida erosionan la resiliencia de los migrantes, quienes a menudo evitan buscar atención médica por temor a la deportación. En conclusión, el artículo hace un llamado a la comunidad psiquiátrica para adoptar un enfoque que considere el predicamento estructural y cultural de estas poblaciones, reconociendo que su salud mental está intrínsecamente ligada a su seguridad jurídica y social.

Este estudio analiza la relación entre el nacimiento prematuro y la vulnerabilidad a trastornos psiquiátricos durante la transición de la adolescencia a la adultez y determinar si el sexo y el nivel socioeconómico (NSE) modificaban esta relación. Este fue un estudio de cohorte observacional que utilizó datos administrativos de la provincia de Quebec, Canadá. los investigadores analizaron una muestra de 100,040 individuos nacidos prematuramente entre 1976 y 1995, comparándolos en una proporción de 1:2 con un grupo de control de niños nacidos a término Se hizo un seguimiento de los individuos desde los 11 años hasta el diagnóstico incidente de un trastorno psiquiátrico (trastorno por déficit de atención e hiperactividad [TDAH], psicosis, trastorno bipolar, ansiedad o depresión), la muerte o diciembre de 2019. Los resultados revelan que los individuos nacidos prematuramente presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar todos los trastornos evaluados. La magnitud del riesgo osciló entre un cociente de riesgos (HR) de 1.16 para el TDAH y 1.05 para la ansiedad. Un hallazgo crítico es la existencia de una relación dosis-respuesta: a menor edad gestacional, mayor es el riesgo de presentar cuadros de TDAH, psicosis y ansiedad. Finalmente, el estudio examinó el papel de variables moderadoras como el sexo y el estatus socioeconómico. Aunque se detectaron algunas interacciones estadísticas, los autores concluyen que no existe evidencia clínicamente significativa de que estos factores modifiquen sustancialmente la relación principal. En síntesis, el nacimiento prematuro constituye un factor de riesgo transversal para la salud mental, lo que subraya la necesidad de un seguimiento clínico prolongado independientemente del entorno socioeconómico del paciente.

El artículo analiza el creciente uso de melatonina de venta libre en niños y adolescentes , en un contexto donde los trastornos del sueño se han vuelto más frecuentes, especialmente tras la pandemia de COVID‑19. Los autores describen la melatonina como una hormona endógena secretada por la glándula pineal cuya elevación vespertina actúa como señal anticipatoria para la conciliación del sueño. Su versatilidad fisiológica y su perfil de seguridad percibido han favorecido una expansión notable de su consumo en la población pediátrica, particularmente en Norteamérica, donde los preparados de libre acceso carecen de advertencias claras y exhiben una variabilidad significativa en su contenido real. A lo largo del artículo, se subraya que, si bien la melatonina purificada ha demostrado utilidad en el tratamiento del Síndrome de Fase de Sueño Retardada (DSPS), que afecta a una proporción relevante de adolescentes, su uso como hipnótico en el insomnio infantil es más controvertido. La presencia de trastornos comórbidos —como apnea obstructiva del sueño, síndrome de piernas inquietas o alteraciones psiquiátricas— puede perpetuar la disrupción del sueño y conducir a un empleo inapropiado del suplemento. En este sentido, los autores recomiendan una evaluación clínica cuidadosa que incluya diarios de sueño, actigrafía y, cuando se sospeche un desajuste circadiano, la determinación del inicio de secreción de melatonina en condiciones de luz tenue. Solo tras descartar otras causas, el uso de melatonina podría considerarse bajo supervisión médica estrecha. El artículo también alerta sobre el notable aumento del consumo de melatonina durante los últimos años, impulsado por la falta de regulaciones estrictas y por la percepción de inocuidad del producto. Esta tendencia, señalan los autores, se ha visto intensificada por cambios en los patrones de sueño y estrés pandémico, generando preocupación por los posibles riesgos derivados de su uso indiscriminado. En conjunto, el artículo concluye que, pese a su potencial terapéutico, la melatonina de venta libre representa un área donde la práctica clínica debe orientarse hacia la prudencia, la educación de las familias y la necesidad de un seguimiento profesional que asegure un empleo seguro y basado en evidencia.

El artículo examina los tratamientos basados en ketamina y otros psicodélicos, destacando la profunda confusión terminológica y metodológica en este campo ya que no existen definiciones estándar de lo que constituye una intervención psicoterapéutica dentro de un tratamiento con psicodélicos o con ketamina Los autores señalan que la rápida expansión de estas intervenciones —particularmente en el abordaje de trastornos como el TEPT, la depresión mayor o la ansiedad generalizada— ha ocurrido sin consensos claros acerca de qué constituye una intervención psicoterapéutica dentro de estos tratamientos. Los estudios existentes rara vez diferencian entre psicoterapias manualizadas, apoyo psicoeducativo o intervenciones orientadas a la integración de la experiencia psicodélica, lo que dificulta determinar tanto el papel del fármaco como el de la psicoterapia en los resultados clínicos. Esta ambigüedad también afecta la evaluación del valor terapéutico de la experiencia psicodélica en sí, cuyo rol no está bien establecido y puede acompañarse de riesgos psicológicos insuficientemente explorados. Ante este panorama, los autores proponen un marco conceptual compuesto por tres modelos diferenciados , cuyo objetivo es aportar precisión y facilitar diseños de investigación más rigurosos. El primero, la farmacoterapia psicodélica (FP) : un modelo en el que el fármaco se utiliza por sus efectos farmacológicos o neuroplásticos como tratamiento independiente. En este caso, el aspecto no farmacológico de la intervención se centra únicamente en establecer un espacio seguro para la administración del fármaco y la experiencia del paciente. El segundo, Psicoterapia Asistida por Psicodélicos (PAP), requiere de los efectos psicológicos agudos del fármaco para que actúen como catalizador de una psicoterapia centrada en la integración de la experiencia. El tercero, Psicodélicos Combinados con Psicoterapia (PCP) , se utiliza un agente psicodélico por sus presuntos efectos neuroplásticos en combinación con una terapia estructurada o manualizada conocida, una que podría ser efectiva por sí sola, como ACT o CBT, sin centrarse necesariamente en el “viaje” psicodélico. Finalmente, el artículo sostiene que clarificar estos modelos no solo permitirá comparar mejor los tratamientos, sino también promover regulaciones más coherentes y decisiones clínicas más informadas, evitando atribuir efectos terapéuticos a componentes no demostrados y reduciendo la confusión entre profesionales, pacientes y reguladores.

La evidencia sugiere que los medios de comunicación pueden contribuir a la prevención del suicidio, así como a su contagio. El estudio examina cómo los medios canadienses han tratado el tema del suicidio a lo largo del periodo 2019‑2023 y hasta qué punto han cumplido las recomendaciones de reportaje responsable. Resultados: se obtuvieron 3232 artículos periodísticos codificados. En general, los resultados indican que la adherencia a las directrices ha mejorado moderadamente a lo largo del período de 4 años. Esto es especialmente cierto en las recomendaciones para evitar contenido presuntamente perjudicial, como descripciones detalladas del método de suicidio. Se observaron mejoras similares en la adherencia a las directrices relacionadas con la inclusión de contenido presuntamente útil, con un número significativamente mayor de artículos que proporcionaban información sobre búsqueda de ayuda. Sin embargo, en el último año del estudio, menos de un tercio de los artículos incluían contenido educativo sobre el suicidio, información sobre búsqueda de ayuda o citas de expertos en suicidio. Conclusiones: como aspecto positivo, la adhesión a las directrices para la denuncia responsable del suicidio ha mejorado, especialmente en lo que respecta a las recomendaciones sobre contenido supuestamente útil. Sin embargo, aún hay margen de mejora en cuanto a la inclusión de contenido supuestamente protector, como información sobre búsqueda de ayuda, educación sobre el suicidio y citas de expertos.

La Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA) ha retirado recientemente la advertencia que relacionaba el uso de agonistas del receptor GLP‑1 para el tratamiento de la obesidad con un posible incremento del riesgo de conducta suicida. Novo Nordisk explica que la decisión deriva de un proceso de revisión de dos años, en el que no se identificaron señales que vincularan estos medicamentos con un aumento de ideas o comportamientos suicidas. Un aspecto especialmente destacado por la compañía es la solidez de la base de datos que respalda la evaluación de semaglutida, apoyada en amplios programas de desarrollo clínico, estudios de práctica real y una experiencia acumulada superior a los 38 millones de pacientes-año. Estos datos, señala, se revisan de forma continua y se comparten con las autoridades competentes siguiendo las normativas vigentes. Como aspecto positivo, la adhesión a las directrices para la denuncia responsable del suicidio mejoró durante el período de 4 años, especialmente en lo que respecta a las recomendaciones sobre contenido supuestamente útil. Sin embargo, aún hay margen de mejora en cuanto a la inclusión de contenido supuestamente protector, como información sobre búsqueda de ayuda, educación sobre el suicidio y citas de expertos.

Costo-efectividad de pregabalina, duloxetina vs. amitriptilina para la fibromialgia moderada a grave
Se estima que la fibromialgia (FM) afecta al 2-6 % de la población adulta. El costo promedio anual de la atención médica en Estados Unidos para pacientes con FM es casi tres veces mayor que el de personas de la misma edad y sexo sin la afección (9573 USD frente a 3291 USD). En un período de un año, los pacientes con FM consultan a sus médicos cuatro veces más, visitan el doble de centros ambulatorios y acuden a urgencias cuatro veces más que los pacientes sin la afección. Las pérdidas de productividad asociadas con un diagnóstico de FM superan el 1 % del producto interno bruto, lo que pone de relieve la importancia de asignar recursos a terapias que ofrezcan el mayor beneficio para la salud por dólar. Aunque existe evidencia de la efectividad de la amitriptilina, los estudios farmacoeconómicos que comparan el fármaco con terapias para la FM aprobadas por la FDA tienen un alcance limitado. Para abordar esta brecha de evidencia, los autores comparan la relación costo-efectividad de la amitriptilina con pregabalina, duloxetina y milnaciprán para la FM moderada a grave desde una perspectiva social y de un pagador de atención médica de EE. UU. Mediante el modelo de transición de estados de cohorte de Markov, se estiman los costos a lo largo de la vida y los años de vida ajustados por calidad (AVAC) para cada estrategia farmacológica investigada. Resultados: En este modelo analítico de decisión, la duloxetina 120 mg y la pregabalina 450 mg resultaron más eficaces y menos costosas que la amitriptilina desde una perspectiva social. Otras estrategias evaluadas, como regímenes con dosis más bajas de duloxetina, pregabalina y milnaciprán, se caracterizaron por la amitriptilina. Significado: Estos hallazgos sugieren que mientras que la mayoría de las otras opciones brindaron un valor inferior, la duloxetina 120 mg y la pregabalina 450 mg ofrecieron mayores beneficios para la salud a costos menores que la amitriptilina en la fibromialgia moderada a severa cuando se consideraron los costos sociales.

Durante décadas, el debate sobre los antidepresivos se ha centrado en su eficacia. La evidencia emergente, impulsada en gran parte por testimonios de pacientes, revela que los síndromes de retirada son más frecuentes, complejos y persistentes de lo que durante décadas se reconocía en las guías clínicas . Este giro es especialmente relevante porque los síntomas de abstinencia suelen confundirse con una supuesta recaída de la enfermedad, lo que perpetúa ciclos de tratamiento prolongado basados en interpretaciones erróneas. El aumento sostenido del uso de antidepresivos —caracterizado no solo por más prescripciones, sino por tratamientos de larga duración— ocurrió en paralelo a un cambio conceptual en psiquiatría que transformó la depresión en una condición crónica. Sin embargo, esta narrativa, unida a la débil sustentación de hipótesis como la serotoninérgica, dejó en segundo plano la necesidad de protocolos seguros para suspender la medicación. La discontinuación puede desencadenar un síndrome multisistémico con manifestación de distintos síntomas: Neurológicos: Mareos, vértigo, dolor de cabeza, "zapping cerebral" (sensaciones de descarga eléctrica), tinnitus, parestesia, confusión mental o disfunción cognitiva y acatisia. Sistémicos: síntomas parecidos a los de la gripe, náuseas, escalofríos y malestar gastrointestinal. Psicológicos: Ansiedad de nueva aparición o empeoramiento, irritabilidad, embotamiento emocional, llanto espontáneo, alteración del sueño, fatiga y dificultades de concentración. Si bien algunos síntomas son agudos (duran menos de seis semanas), un subgrupo de pacientes experimenta síntomas persistentes, como ansiedad y depresión graves, que persisten durante meses o incluso años después de la interrupción. Las tasas elevadas de "recaída" observadas en ensayos controlados provienen en gran medida de retiradas abruptas o reducciones rápidas, más que de un retorno genuino del trastorno. En respuesta, comunidades de pacientes desarrollaron métodos de reducción más seguros, por ejemplo la reducción gradual hiperbólica, que implica realizar reducciones de dosis progresivamente menores a medida que disminuye la dosis total. La práctica clínica actual demanda un cambio de paradigma: informar desde el inicio sobre la posibilidad de dependencia física, planificar la retirada, validar la experiencia del paciente y distinguir cuidadosamente entre síntomas de abstinencia e intensificación de la enfermedad. Solo mediante una aproximación prudente, gradual y centrada en el paciente es posible acompañarlo con seguridad en el proceso de dejar los antidepresivos. La misma revista, Psychiatric Times, publica otro artículo, crítico con el anterior. Resalta que aún desconocemos mucho sobre el fenómeno del síndrome de abstinencia aguda (SDA) a los antidepresivos y que la información disponible es limitada y basada en estudios con limitaciones metodológicos importantes. Como siempre, el consentimiento informado como un proceso continuo sigue siendo la piedra angular de la atención médica responsable.

Los trastornos psicóticos y del estado de ánimo, incluyendo la esquizofrenia y el trastorno bipolar, son vistos cada vez más como parte de un continuo del trastorno del espectro de la psicosis (PSD), que comparte características genéticas y neurobiológicas. Para profundizar en esta idea los autores realizaron una revisión sistemática y metaanálisis que examina la anisotropía fraccional y la difusividad media utilizando imágenes del tensor de difusión en PSD. Los resultados mostraron un mismo patrón: la anisotropía fraccional estaba reducida de forma constante en el cuerpo calloso , una estructura fundamental que conecta ambos hemisferios cerebrales. En cambio, la difusividad media tendía a estar aumentada en proyecciones corticoespinales. Cuando se ajustaron los análisis por edad y género, los resultados se hicieron aún más sólidos, lo que sugiere que estas alteraciones no son simplemente consecuencia del avance de la enfermedad, sino parte de su propia biología. Por subgrupos, esquizofrenia y trastorno bipolar mostraron similitudes, pero también matices propios. En conjunto, los hallazgos refuerzan la idea de un modelo transdiagnóstico de la psicosis y apuntan al cuerpo calloso como un posible biomarcador. Aun así, se necesitan estudios longitudinales para aclarar la causalidad y su relevancia clínica. Comentado en Infobase



