El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial y, en particular, de los grandes modelos de lenguaje (LLM), plantea nuevas preguntas sobre su posible impacto en la salud mental. Estos sistemas pueden ofrecer respuestas complacientes y generar información falsa o confabulada, favoreciendo que algunos usuarios atribuyan a la IA intenciones, conciencia o capacidades extraordinarias. Se han descrito casos de personas que, tras interacciones intensas con chatbots, desarrollaron creencias erotomaníacas, mesiánicas o paranoides.
El autor considera que estas experiencias no son delirios propiamente dichos, sino situaciones similares, parecidas, al reciente aumento de las teorías conspirativas. Estas teorías conspirativas evolucionan rápidamente en las redes sociales en línea, donde otros usuarios y los algoritmos de recomendación de la red refuerzan el contenido. Los LLM parecen hacerlo de una manera más personalizada, más idiosincrásica para el usuario (una cámara de eco, por ejemplo). De este modo, la interacción entre el LLM y el usuario se asemeja más a una folie à deux, la situación en la que un socio inductor verdaderamente delirante contagia a otro (el iniciado) con su delirio. Esto suele ocurrir en el contexto de relaciones familiares o matrimoniales cercanas y un aislamiento social extremo, y se corrige (al menos en el iniciado) con la separación. Dado que los LLM producen contenido alucinado y confabulado, el término folie simultaneée podría ser más apropiado (en el que ambos interlocutores alimentan los delirios del otro). Sin embargo, no debemos antropomorfizar. Los LLM no tienen creencias (ni delirios) propiamente dichos. Tal vez necesitemos un nuevo término que describa mejor el fenómeno; propongo folie induire (inducida), ya que la creencia similar al delirio se induce en el agente humano sin necesidad de atribuirle agencia epistémica.
Sin embargo, todavía no se ha demostrado que la IA cause por sí sola una psicosis. Los casos publicados presentan factores predisponentes, como privación prolongada de sueño, uso de estimulantes o vulnerabilidad previa a la paranoia. Los modelos más seguros tienden a cuestionar las premisas delirantes y recomendar apoyo externo.
El autor propone que los clínicos exploren rutinariamente el uso de IA en pacientes con síntomas psicóticos y estudien incluso su posible utilización terapéutica para favorecer la comprobación de la realidad. La IA podría no ser simplemente un nuevo contenido para antiguos delirios, sino un agente particularmente potente para moldearlos y reforzarlos. JAMA Psychiatry

