El estudio analiza cómo el ejercicio físico puede ejercer efectos antidepresivos a través de la comunicación entre el músculo y el cerebro. Los autores se centran en la apelina, una mioquina producida por el músculo esquelético cuya concentración aumenta con el ejercicio.

En ratones sometidos a estrés crónico, cuatro semanas de carrera voluntaria redujeron las conductas similares a la depresión y aumentaron los niveles de apelina tanto en sangre como en el hipocampo. Los músculos gastrocnemio y tibial anterior aparecieron como sus principales fuentes. Cuando se eliminó específicamente la producción muscular de apelina, desaparecieron buena parte de los efectos antidepresivos y neurogénicos del ejercicio. Por el contrario, aumentar artificialmente su producción muscular reprodujo varios de los beneficios observados con la carrera.

El mecanismo parece depender de la unión de la apelina a su receptor APJ en las neuronas glutamatérgicas del hipocampo. Esta señal potencia la neurotransmisión mediada por los receptores NMDA y activa una cascada molecular que favorece la neuroplasticidad y la neurogénesis hipocampal.

Los resultados describen así un verdadero eje músculo-cerebro: durante el ejercicio, el músculo libera apelina, que transmite al cerebro parte de sus efectos beneficiosos sobre el estado de ánimo. Los autores plantean esta vía como una posible futura diana terapéutica para la depresión, especialmente en personas con pérdida de masa o función muscular. (Nature)