El artículo analiza cómo la visión posmoderna ha influido en la psiquiatría contemporánea, incluso de forma poco reconocida. Los autores sostienen que el posmodernismo tiende a cuestionar la existencia de una verdad objetiva y a considerar el conocimiento como dependiente del lenguaje, la cultura, la historia y las relaciones de poder. En psiquiatría, esta influencia aparece tanto en sus críticos como en algunos de sus principales modelos.

El DSM mejoró la fiabilidad diagnóstica mediante criterios operativos, pero los autores recuerdan que fiabilidad no equivale a validez. Muchas categorías se establecen mediante consenso, pragmatismo y compromisos profesionales, sin garantizar que correspondan a enfermedades reales. Algo similar ocurre con el modelo biopsicosocial: al aceptar simultáneamente factores biológicos, psicológicos y sociales sin establecer cómo priorizarlos, puede favorecer un eclecticismo dependiente de las preferencias del clínico.

También ciertas corrientes psicoterapéuticas pueden convertir la importancia de la subjetividad y del observador en un relativismo donde ninguna explicación resulta claramente más verdadera que otra. Frente a ello, los autores proponen recuperar una psiquiatría científica, humanista y basada en métodos, utilizar distintos enfoques según la naturaleza del problema, en lugar de las preferencias del clínico o el consenso de un comité. La psiquiatría debe recuperar su compromiso con la verdad. (Psychiatric Times).