Esta revisión resume los últimos avances en la definición de la esquizofrenia a nivel biológico, con el objetivo de desarrollar biomarcadores basados en mecanismos. Asimismo, subraya la importancia del tratamiento multimodal de la esquizofrenia, que incluye farmacoterapia, estrategias neuromoduladoras y no biológicas. También se destacan las oportunidades para futuras investigaciones.
La esquizofrenia es un trastorno mental grave que suele comenzar al final de la adolescencia o en la edad adulta joven y cuyo origen parece depender de la interacción de múltiples factores genéticos y ambientales, con importantes implicaciones en el neurodesarrollo. Esta complejidad ayuda a explicar la gran heterogeneidad clínica y biológica de las personas diagnosticadas.
El tratamiento ha avanzado combinando intervenciones biológicas y no biológicas. Los antipsicóticos continúan siendo fundamentales para reducir los síntomas positivos y prevenir recaídas, cuya repetición se asocia con peor evolución. Las formulaciones inyectables de larga duración pueden mejorar la adherencia y disminuir hospitalizaciones, mientras que la clozapina mantiene un papel esencial en aproximadamente el 30% de pacientes considerados resistentes al tratamiento y puede reducir el riesgo de conducta suicida.
Junto al tratamiento farmacológico, las intervenciones psicosociales y cognitivas favorecen la recuperación funcional, la prevención de recaídas y el manejo de las fases iniciales de la psicosis. También se investigan nuevas estrategias, como la neuromodulación y las intervenciones de salud digital.
Los estudios genéticos y epidemiológicos de la esquizofrenia han experimentado avances notables en las últimas dos décadas. Los estudios genéticos han resaltado la importancia de los factores neuronales y sinápticos como impulsores de la enfermedad. Numerosos estudios biológicos que examinan a pacientes vivos con esquizofrenia han indicado mecanismos fisiopatológicos relativamente comunes, pero aún diversos, que incluyen alteraciones de los neurocircuitos, los neurotransmisores y las cascadas de señalización homeostática, como la señalización inmuno-inflamatoria, redox y metabólica.
El principal reto futuro es superar una concepción de la esquizofrenia basada exclusivamente en criterios clínicos. La medicina de precisión propone identificar biomarcadores objetivos que permitan clasificar a los pacientes según sus características biológicas y seleccionar tratamientos dirigidos a mecanismos específicos, avanzando hacia una psiquiatría más individualizada. (BMJ)

