Resumen del artículo publicado en The Conversation sobre la toma de decisiones: La mente humana no evolucionó para buscar la verdad de forma imparcial, sino para sobrevivir y desenvolverse en un entorno complejo. Por eso utiliza sesgos o atajos mentales que permiten tomar decisiones rápidas con información limitada. Aunque estos mecanismos resultan adaptativos, también generan sesgos previsibles, como buscar datos que confirman nuestras ideas, exagerar ciertos riesgos o mantener opiniones pese a las pruebas contrarias. 

Además, el razonamiento parece haber evolucionado principalmente como una herramienta social. Razonamos para convencer, justificar nuestras decisiones, defender nuestras posiciones y evaluar los argumentos ajenos. Esto explica por qué detectamos con facilidad los errores de otros, pero nos cuesta reconocer los propios. 

Las creencias también se forman mediante la aprobación y el rechazo social. Desde niños interiorizamos normas, valores y categorías culturales que, con el tiempo, dejan de sentirse como ideas aprendidas y pasan a parecernos verdades naturales. Por ello, cambiar de opinión resulta difícil: las creencias están vinculadas con la identidad, la pertenencia y los afectos, no solo con la información. 

El pensamiento crítico no es, por tanto, automático. La racionalidad es una conquista cultural colectiva, sostenida por la ciencia, el debate abierto, la revisión de errores y las instituciones que permiten cuestionar creencias sin quedar excluidos del grupo.