La violencia filio-parental puede comenzar con gritos, insultos o portazos y evolucionar hasta generar miedo en los propios padres. Ante estas situaciones, muchas familias reaccionan aumentando los castigos o, por el contrario, cediendo para evitar nuevas explosiones. Sin embargo, ambas respuestas pueden alimentar el problema: la primera intensifica la confrontación y la segunda permite que el miedo termine condicionando los límites familiares.

Una alternativa es la resistencia no violenta, desarrollada por Haim Omer. Este enfoque propone recuperar la autoridad sin recurrir a una escalada de enfrentamientos. Poner límites no equivale a castigar: el comportamiento violento debe rechazarse con firmeza, pero dejando claro que el vínculo familiar permanece intacto. Para facilitar el acceso en español a este enfoque los autores han adaptado el Manual para Progenitores de Resistencia No Violenta.

Una de sus estrategias fundamentales consiste en “pulsar el botón de pausa”: no responder impulsivamente durante el momento de máxima tensión, sino esperar a que las emociones disminuyan para abordar después lo ocurrido con serenidad. Actuar cuando “la plancha está fría” permite mantener límites firmes y coherentes.

El modelo también busca reparar la relación mediante una mayor presencia parental y pequeños gestos cotidianos de afecto. Además, recomienda romper el aislamiento y crear redes de apoyo con familiares, amigos y profesionales. Cuando existen amenazas, agresiones recurrentes o miedo en el hogar, es especialmente importante recurrir a ayuda especializada. The Conversation.