Las benzodiacepinas siguen siendo fármacos eficaces y relativamente seguros cuando se utilizan de forma adecuada, pese a la creciente tendencia a evitarlas por temor a la dependencia y al abuso. Tras más de 60 años de experiencia, su farmacología y sus riesgos son bien conocidos. La clave está en seleccionar correctamente al paciente, ajustar la dosis y limitar la duración cuando sea posible.

Alrededor del 10% de los adultos estadounidenses las utiliza ocasionalmente y un 5-6% de forma regular y prescrita. El principal problema del uso continuado es la dependencia fisiológica, que puede aparecer en pocas semanas, aunque a dosis terapéuticas la retirada suele ser manejable mediante una reducción progresiva y la escalada de dosis es poco frecuente. La combinación con alcohol u otros sedantes puede resultar especialmente peligrosa.

En la ansiedad crónica, las benzodiacepinas constituyen una alternativa o complemento a los ISRS, cuya eficacia debe equilibrarse con efectos adversos como la disfunción sexual. Cuando se mantienen durante más de 3-4 semanas, recomienda una retirada gradual, nunca brusca.

En las personas mayores se recomienda mayor cautela, utilizando dosis bajas y evitando fármacos de vida media larga, que pueden producir sedación, caídas y alteraciones de la memoria. El riesgo de caídas existe, aunque también aparece con antidepresivos y antipsicóticos, por lo que recomienda evaluar antecedentes de caídas, fracturas, consumo de alcohol y otros factores personales.

Respecto al Alzheimer, las asociaciones observacionales se explican fundamentalmente por un sesgo protopático: las primeras manifestaciones de la demencia pueden aumentar la ansiedad y favorecer la prescripción, sin que la benzodiacepina sea la causa.

La retirada de benzodiazepinas puede mejorar especialmente la memoria reciente o anterógrada, aunque algunos pacientes prefieren conservar el alivio de la ansiedad pese a ese deterioro cognitivo moderado.

La propuesta final es una “prescripción consciente”: preferir lorazepam u oxazepam a dosis bajas, evitar alcohol y otros sedantes, incorporar psicoterapia y supervisar estrechamente cualquier tratamiento prolongado. Psychiatric Times.