Las nuevas directrices de la Asociación Británica de Psicofarmacología revisan la evidencia disponible para orientar el tratamiento farmacológico de la dependencia de sustancias, integrándolo siempre dentro de un abordaje individualizado y psicosocial.
La guía pretende orientar a los profesionales sanitarios en la prescripción de medicamentos para tratar la dependencia de nicotina, alcohol, opioides y otras sustancias. Sus principios fundamentales son la prescripción segura, la toma de decisiones compartida y la combinación del tratamiento farmacológico con intervenciones psicosociales, como terapia cognitivo-conductual, entrevista motivacional, trabajo grupal y comunidades de recuperación.
El tratamiento suele avanzar por distintas etapas: reducción de daños, estabilización o disminución del consumo, abstinencia supervisada, prevención de recaídas y recuperación. Estas intervenciones deben adaptarse a las necesidades cambiantes de cada persona y a la posible coexistencia de problemas físicos o mentales.
En la dependencia del alcohol, las benzodiacepinas en pauta descendente constituyen el tratamiento de primera línea para la abstinencia, junto con tiamina, y existen fármacos eficaces para prevenir recaídas. La dependencia de benzodiacepinas requiere una retirada gradual. En la dependencia de opioides, se prefieren tratamientos sustitutivos con metadona o buprenorfina, además de naloxona para prevenir muertes por sobredosis. Para la nicotina, existe sólida evidencia para terapia sustitutiva, vareniclina, citisina y cigarrillos electrónicos. En cannabis, estimulantes y disociativos, la evidencia farmacológica sigue siendo limitada y se necesita mayor investigación.

