El litio continúa siendo uno de los tratamientos más eficaces para el trastorno bipolar, tanto en la manía y la depresión como en la prevención de recaídas y del suicidio. Sin embargo, su prescripción ha disminuido, especialmente entre personas mayores, embarazadas o pacientes con enfermedad renal. Muchos de sus riesgos no son contraindicaciones absolutas, sino dificultades que pueden reducirse mediante dosis ajustadas, vigilancia estrecha y coordinación clínica.
Los autores proponen recuperar las clínicas especializadas en litio. Estos centros contarían con psiquiatras, enfermería, farmacia y especialistas en nefrología, geriatría, medicina interna u obstetricia. Un sistema compartido permitiría controlar los niveles de litio, la función renal y tiroidea, detectar interacciones farmacológicas y recordar a los pacientes sus análisis pendientes.
En las personas mayores, las concentraciones consideradas normales pueden producir toxicidad, alteraciones cognitivas o inestabilidad al caminar, por lo que se recomiendan niveles terapéuticos más bajos. En pacientes con deterioro renal resulta esencial utilizar la menor dosis eficaz, mantener una hidratación adecuada y vigilar los medicamentos que elevan el litio. Durante el embarazo, deben valorarse cuidadosamente los riesgos del tratamiento frente a los de una enfermedad bipolar no controlada.
Estas clínicas permitirían que pacientes vulnerables siguieran beneficiándose del litio sin renunciar a la seguridad. (psychiatryonline.org)

