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El artículo cuenta cómo la relación entre la comida y el estado de ánimo es más profunda de lo que parece. Explica que no solo comemos para nutrir el cuerpo, sino también para influir en cómo nos sentimos. A través de estudios, se observa que cuando las personas mejoran la calidad de su dieta, también mejora su estado emocional, incluso en casos de depresión. La historia se centra en el vínculo entre el intestino y el cerebro: los alimentos que ingerimos afectan a los microorganismos del sistema digestivo, los cuales producen sustancias que influyen en el cerebro y las emociones. También se destaca que la relación es bidireccional: así como lo que comemos impacta el ánimo, nuestro estado emocional influye en nuestras elecciones alimentarias. En conjunto, el artículo sugiere que una alimentación equilibrada puede ser una herramienta importante para mejorar la salud mental, junto con otros tratamientos.

El estudio analiza si los impuestos a las bebidas azucaradas realmente logran reducir las calorías de las bebidas consumidas en restaurantes de comida rápida . Para ello, los investigadores observaron durante seis años millones de transacciones en locales de una cadena nacional en Estados Unidos, comparando zonas con y sin impuestos. A primera vista, podría pensarse que al subir el precio de estas bebidas, la gente compraría menos. Sin embargo, los resultados cuentan otra historia. En promedio, no hubo cambios significativos en las calorías de bebidas adquiridas por transacción, ni en bebidas individuales ni en combos. En algunos lugares hubo pequeñas variaciones, pero no fueron consistentes ni suficientes para mostrar un efecto claro. Los autores sugieren que esto puede deberse a que, en restaurantes, las decisiones son rápidas, muchas veces incluyen menús combinados y los consumidores no reaccionan tanto al precio. En definitiva, el estudio concluye que estos impuestos, al menos en su forma actual, podrían no ser suficientes para reducir el consumo de calorías provenientes de bebidas azucaradas en comida rápida.

La esquizofrenia afecta al 1% de la población mundial y es difícil de tratar. Hasta el 30% de las personas con esquizofrenia no responden al tratamiento con antipsicóticos a dosis terapéuticas y duración adecuada. La clozapina se usa en estos casos de esquizofrenia resistente, pero tiene efectos secundarios importantes y no siempre funciona. Por eso, surgen alternativas como la neuromodulación, que busca estimular el cerebro para mejorar los síntomas. El campo de la neuromodulación ha evolucionado y crecido enormemente en los últimos 20 años. La nueva generación de intervenciones promete menos efectos adversos y un enfoque no invasivo, lo que aumenta la escala en la que estas intervenciones pueden ofrecerse tanto en hospitales como en centros comunitarios. En esta revisión, los autores exploran el panorama actual de la neuromodulación invasiva y no invasiva para pacientes con esquizofrenia. Terapias convulsivas Terapia electroconvulsiva La terapia electroconvulsiva (ECT) se usa desde hace décadas y sigue siendo una opción importante, sobre todo en casos resistentes. Puede mejorar los síntomas cuando los medicamentos no funcionan, e incluso ayudar en el mantenimiento a largo plazo. Aunque existe preocupación por efectos en la memoria, muchos estudios muestran estabilidad o mejora cognitiva. Sin embargo, su uso sigue siendo limitado en algunos países. Terapia de convulsiones magnéticas La terapia de convulsiones magnéticas (MST) es más reciente y utiliza estimulación magnética para inducir convulsiones de forma más precisa. Esto permite reducir efectos secundarios, especialmente los cognitivos. Los primeros estudios muestran resultados prometedores, aunque aún se necesita más investigación. Enfoques quirúrgicos Estimulación cerebral profunda La estimulación cerebral profunda es una técnica quirúrgica que actúa sobre áreas específicas del cerebro. Ha mostrado mejoras en algunos pacientes con esquizofrenia resistente, especialmente en síntomas positivos. Aunque tiene riesgos, estos son relativamente bajos. En el futuro, se espera que tratamientos más personalizados mejoren su eficacia y seguridad. Estimulación cerebral no invasiva Estimulación magnética transcraneal La estimulación magnética transcraneal (TMS) es una técnica no invasiva que modula la actividad cerebral mediante impulsos magnéticos. Puede aumentar o disminuir la actividad según la frecuencia usada. En esquizofrenia, se ha estudiado para tratar alucinaciones, síntomas negativos y problemas cognitivos. Algunos resultados muestran mejorías, especialmente al dirigir la estimulación a áreas específicas del cerebro, como la corteza prefrontal. Sin embargo, los efectos son variables y menos consistentes que en la depresión, por lo que aún se necesita más investigación. Estimulación eléctrica transcraneal La estimulación eléctrica transcraneal (TES) utiliza corrientes débiles para modificar la actividad neuronal. Una de sus formas, la tDCS, ha mostrado reducir alucinaciones y algunos síntomas negativos, aunque los resultados son mixtos. Otras técnicas como tACS o estimulación con ruido también presentan potencial, pero todavía cuentan con poca evidencia. En general, estas estrategias son prometedoras, pero requieren más estudios para confirmar su eficacia. Direcciones futuras El futuro apunta a tratamientos más personalizados, basados en las características individuales del cerebro. Nuevas tecnologías y el uso de neuroimagen podrían mejorar la precisión de estas técnicas. También se espera combinarlas con otros tratamientos para lograr mejores resultados en la esquizofrenia.

El autor de este artículo parte de una idea provocadora: ¿qué pasaría si la mayoría de los diagnósticos psiquiátricos fueran incorrectos? A primera vista, uno imaginaría un sistema caótico, lleno de tratamientos inadecuados y pacientes perjudicados. Sin embargo, la realidad no parece tan desastrosa, y esa paradoja es el punto de partida de la reflexión. El texto sugiere que esto ocurre porque los diagnósticos psiquiátricos, en la práctica clínica, no son tan determinantes como se suele pensar. Aunque se presentan como categorías precisas —como depresión, ansiedad o esquizofrenia—, en realidad los tratamientos no dependen estrictamente de esas etiquetas. Medicamentos como los antidepresivos o terapias como la cognitivo-conductual se aplican a un amplio rango de síntomas, más que a diagnósticos específicos. Así, el foco real del tratamiento no está en el nombre del trastorno, sino en las experiencias y síntomas concretos del paciente. Desde esta perspectiva, que un diagnóstico sea “incorrecto” pierde parte de su importancia. Lo relevante es comprender qué está viviendo la persona y cómo ayudarla a manejarlo, independientemente de cómo se clasifique su situación. El artículo también invita a cuestionar qué significa exactamente que un diagnóstico sea “falso”. En psiquiatría, las categorías no funcionan como en otras áreas de la medicina, donde existen marcadores biológicos claros. Más bien, son construcciones útiles pero imperfectas, que intentan organizar experiencias humanas complejas. En definitiva, el texto propone una mirada más flexible: los diagnósticos pueden ser herramientas prácticas, pero no deben confundirse con verdades absolutas. Comprender el sufrimiento humano requiere ir más allá de las etiquetas y centrarse en la vivencia individual. De este modo, la psiquiatría puede seguir funcionando razonablemente bien, incluso si sus categorías son, en muchos casos, inexactas.

En el horizonte de la formación psiquiátrica emerge una nueva figura: el chatbot , no como amenaza inmediata, sino como un nuevo interlocutor pedagógico que obliga a repensar métodos y prioridades. El artículo describe un campo en transición, donde la enseñanza deja de ser estática para volverse interactiva, casi conversacional. Los chatbots aparecen como tutores incansables, capaces de ajustar explicaciones al nivel del aprendiz, detectar vacíos persistentes y generar ejercicios a medida, transformando el estudio en un proceso dinámico y personalizado. Pero su papel no se limita al conocimiento teórico. En la práctica clínica simulada, estos sistemas recrean pacientes, ensayan entrevistas difíciles y desafían al residente a precisar diagnósticos o justificar decisiones terapéuticas. Funcionan también como una suerte de supervisor auxiliar, cuestionando formulaciones vagas y promoviendo un razonamiento más riguroso. Sin embargo, el texto sugiere que esta revolución no es meramente técnica, sino formativa: obliga a redefinir qué significa aprender psiquiatría en una era donde la información es inmediata, pero el juicio clínico sigue siendo profundamente humano.

La falta de médicos en las prisiones españolas ha llevado al Ministerio del Interior a tomar decisiones controvertidas. Según denuncian varios facultativos, ante la escasez de personal sanitario, Instituciones Penitenciarias ha recurrido a una fórmula para incorporar médicos sin la especialidad requerida, algo que la ley no permite. La estrategia consiste en contratar a estos profesionales como interinos, pero asignándolos oficialmente a programas de salud, higiene o prevención de drogadicciones. Sobre el papel, su labor es limitada y preventiva. Sin embargo, en la práctica, estos médicos terminan realizando funciones completas: atienden consultas, recetan medicamentos y cubren guardias como cualquier otro profesional del sistema. ( Esta situación ha generado críticas porque, aunque se intenta justificar como una solución urgente, supone saltarse los requisitos legales establecidos para ejercer en el ámbito público. Detrás de esta “treta” hay un problema de fondo: la falta crónica de médicos en las cárceles, que obliga a buscar soluciones improvisadas para mantener la atención sanitaria básica a los internos.

En 2025, la Línea 024 atendió más de 200.000 consultas, en su mayoría por teléfono, reflejando una necesidad constante de apoyo en salud mental . Detrás de cada llamada hay una historia difícil. La gran mayoría de las personas que contactan lo hacen porque experimentan ideación suicida, a veces persistente. De hecho, cerca del 40% de las llamadas analizadas muestran un riesgo medio-alto, caracterizado por pensamientos frecuentes de suicidio y un intenso malestar emocional. En cuanto a las actuaciones en situaciones de crisis, el informe recoge que un total de 11.947 llamadas (7,4%) y 1.275 chats (3%) fueron derivados a los servicios de emergencia 112 para su atención urgente. Estas derivaciones se produjeron en contextos de especial gravedad, incluyendo tentativas de suicidio, autolesiones no suicidas y otros escenarios de riesgo vital. Aun así, muchas conversaciones se centran en escuchar, acompañar y sostener a la persona en crisis, con intervenciones que pueden prolongarse durante horas. El perfil de quienes llaman es diverso, aunque predominan personas de mediana edad, mientras que los jóvenes recurren más al chat. En conjunto, el servicio muestra una realidad preocupante, pero también la importancia de ofrecer escucha y ayuda inmediata.

Hacer luz de gas (“Gaslighting”) no se trata únicamente de mentir, sino de algo más sofisticado: manipulación psicológica para erosionar la confianza de una persona en su propia percepción hasta que la realidad misma se vuelve inestable. El texto abre con una definición clara: Hacer luz de gas consiste en manipular psicológicamente a alguien hasta que dude de sus recuerdos, su juicio y, en última instancia, de su cordura. Pero lejos de quedarse en el ámbito doméstico —donde suele imaginarse— el artículo desplaza el foco hacia escenarios más amplios, especialmente el entorno laboral. Allí, el agresor no solo distorsiona hechos, sino que construye cuidadosamente una narrativa alternativa que otros terminan creyendo. Con el tiempo, esta versión adulterada de la realidad se institucionaliza. El mecanismo es insidioso. No opera mediante confrontaciones abiertas, sino a través de pequeñas negaciones, reinterpretaciones y omisiones que, acumuladas, desestabilizan a la víctima. Mientras tanto, quienes detentan poder —superiores, líderes o estructuras organizativas— pueden verse seducidos por la credibilidad fabricada del manipulador. Así, el hacer luz de gas deja de ser un acto individual y se convierte en un sistema de coerción sostenido. El artículo también subraya que este fenómeno prospera en culturas donde el control y la obediencia reemplazan al pensamiento crítico. En estos entornos, cuestionar la narrativa dominante no solo es difícil, sino peligroso. El silencio, la complicidad y la negación colectiva actúan como fertilizantes de la manipulación. En última instancia, hacer luz de gas no busca simplemente convencer, sino dominar. Es una estrategia de poder que despoja a la víctima de su punto de referencia más básico: la confianza en su propia mente. Y cuando eso se pierde, la dependencia del manipulador ya no es accidental, sino estructural.

Este estudio analiza si la demencia que aparece en personas con esquizofrenia grave es un trastorno diferente a otras demencias conocidas . Se estudiaron 155 pacientes con esquizofrenia muy resistente al tratamiento, todos hospitalizados durante largos periodos. Los resultados mostraron que casi todos tenían deterioro cognitivo, y cerca de la mitad presentaba demencia grave. Sin embargo, el tipo de deterioro mental que tenían no coincidía con enfermedades como el Alzheimer, la demencia frontotemporal o la demencia con cuerpos de Lewy. En cambio, era similar al de personas con esquizofrenia que viven en la comunidad, pero más intenso. Además, no se encontraron causas habituales de demencia, como factores genéticos típicos o problemas cardiovasculares. Tampoco se debía a medicación, bajo esfuerzo o discapacidad previa. En conclusión, la demencia parece ser una consecuencia frecuente de la propia esquizofrenia grave, y no un trastorno separado causado por otras enfermedades.

El trastorno por consumo de metanfetaminas es un problema de salud global para el cual no existen farmacoterapias aprobadas. En este ensayo clínico aleatorizado , doble ciego y controlado con placebo se investiga la seguridad y la eficacia de la mirtazapina como farmacoterapia para el trastorno por consumo de metanfetaminas en la práctica clínica habitual Resultados De 344 participantes aleatorizados, 339 participantes recibieron la intervención (167 en el grupo placebo y 172 en el grupo de mirtazapina). La reducción media en días de consumo de metanfetamina desde el inicio hasta la semana 12 fue mayor en el grupo de mirtazapina (7,0 días de 28 días) que en el grupo placebo (4,8 días de 28 días. En resumen, la administración de mirtazapina en la práctica clínica habitual redujo el consumo de metanfetamina en adultos con trastorno por consumo de metanfetamina. No se observaron problemas de seguridad inesperados al administrar mirtazapina.



