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Las lesiones cerebrales traumáticas se asocian con un mayor riesgo de suicidio; sin embargo, el riesgo de suicidio tras otras lesiones en la cabeza, especialmente en la población general, sigue siendo incierto. El objetivo de este estudio de cohorte, representativo a nivel nacional (Reino Unido), utilizando registros electrónicos de atención primaria de salud, fue determinar si las personas con lesiones en la cabeza presentan un mayor riesgo de suicidio en comparación con las personas sin lesiones en la cabeza Los resultados indican que las personas con lesiones en la cabeza tenían un 21% más de probabilidades de intentar suicidarse que las que no las tenían, después de analizar datos durante un período de 20 años, e incluso después de ajustar por edad, sexo, privaciones e historial de salud mental. Los hallazgos del estudio mostraron que el riesgo de intento de suicidio era mayor en los primeros 12 meses tras un TCE, lo que sugiere un período crítico para la intervención. Sin embargo, el trabajo señala que a pesar de que los intentos de suicidio fueron más comunes entre quienes sufrieron un TCE, el estudio no encontró un aumento significativo en las muertes por suicidio, "lo que sugiere que las lesiones en la cabeza pueden conducir a intentos no fatales más frecuentes". Comentado en Diario Médico .

Los antidepresivos se recomiendan para la depresión y la ansiedad de moderadas a graves, pero existe preocupación por la prescripción excesiva, el uso prolongado y la escasez de estrategias de desprescripción basadas en la evidencia. El objetivo de esta revisión sistemática y metanálisis publicada en The Lancet Psychiatry , fue comparar la eficacia de diferentes estrategias de desprescripción en personas con depresión o ansiedad clínicamente remitidas. La investigación comparó diversas estrategias de deprescripción, cada una con y sin apoyo psicológico: interrupción brusca (con reemplazo por un placebo), reducción rápida (en cuatro semanas o menos), reducción lenta (disminución del fármaco durante más de cuatro semanas), reducción de dosis (al 50% o menos de la dosis mínima eficaz) y continuación del tratamiento. Los resultados sugieren que tras la remisión de la depresión, la reducción gradual de la dosis junto con el apoyo psicológico es tan eficaz como la continuación del tratamiento antidepresivo para prevenir las recaídas y superior a la interrupción abrupta o rápida. En la remisión de la ansiedad, a pesar de la consistencia de las características poblacionales y las estimaciones del efecto, la evidencia limitada justifica una generalización cautelosa. Las guías clínicas deberían promover la desprescripción individualizada con reducción gradual y apoyo psicológico estructurado. Comentario en Diario Médico .

El artículo examina cómo las fluctuaciones hormonales propias del ciclo menstrual pueden modular el riesgo suicida en mujeres con sensibilidad neurobiológica a los esteroides ováricos . Partiendo de la constatación epidemiológica de que las mujeres en edad reproductiva presentan mayor incidencia de ideación y conductas suicidas, especialmente en periodos de transición hormonal (pubertad, ciclo menstrual, embarazo), la revisión propone que los cambios cíclicos en estradiol, progesterona y su metabolito neuroactivo alopregnanolona pueden actuar como desencadenantes en individuos vulnerables. Estos cambios afectarían sistemas moleculares implicados en la regulación del ánimo, el procesamiento cognitivo y el control conductual, dando lugar a una inestabilidad afectiva que se expresa con particular intensidad durante las fases lútea y perimenstrual. El estudio analiza seis sistemas neurobiológicos modulados por esteroides ováricos y vinculados a la fisiopatología suicida: los circuitos serotoninérgicos, GABAérgicos y dopaminérgicos; la señalización neurotrófica mediada por BDNF; las vías lipídicas que alteran la integridad y función de membranas neuronales; y el sistema Dehidroepiandrosterona (DHEA). Los autores integran hallazgos de estudios genéticos, neuroimagen, farmacología y manipulación hormonal para delinear posibles mecanismos que expliquen por qué los mismos cambios endocrinos producen efectos distintos entre mujeres. Esta variabilidad constituye el núcleo del modelo de Sensibilidad Afectiva Dimensional a las Hormonas a lo Largo del Ciclo Menstrual (DASH-MC), que concibe la sensibilidad hormonal como un rasgo dimensional y heterogéneo, más que como un fenómeno unitario. La conclusión subraya que no existe un único mecanismo hormonal capaz de explicar la totalidad de la conducta suicida cíclica. Algunas mujeres serían especialmente vulnerables a los picos de alopregnanolona en fase lútea, que pueden desestabilizar la función del receptor GABA en interacción con fluctuaciones de BDNF o DHEA. Otras reaccionarían de forma más intensa a la caída perimenstrual del estradiol, con descensos en el tono serotoninérgico, deterioro de la modulación dopaminérgica y menor soporte neurotrófico. Estas diferencias podrían explicar la eficacia no convencional de los ISRS en ciertos perfiles y la influencia de variantes genéticas como COMT Val158Met o BDNF Val66Met. La integración de la dinámica del ciclo menstrual en la neurociencia del suicidio podría impulsar la prevención precisa para una población numerosa y desatendida.

Una revisión publicada en Nature npj Antimicrobials and Resistance analiza la interacción entre medicamentos de uso común y el microbioma intestinal. Tradicionalmente, se ha asumido que solo los antibióticos alteran de manera significativa la comunidad de trillones de bacterias que habitan el intestino humano. Sin embargo, la revisión demuestra que diversos fármacos —incluidos antidiabéticos y antipsicóticos— también modifican sutilmente esta ecología microbiana, con posibles repercusiones sobre la eficacia terapéutica y la aparición de efectos adversos. Los autores destacan que variaciones aparentemente menores en la composición bacteriana pueden influir en cómo actúan los medicamentos, especialmente cuando se administran en combinación. Ejemplos de ello son la metformina, capaz de alterar el microbioma en formas que podrían explicar tanto sus beneficios como efectos secundarios frecuentes, y ciertos antipsicóticos, asociados a modificaciones bacterianas vinculadas al aumento de peso y a alteraciones metabólicas. El estudio subraya que comprender estas interacciones podría mejorar la seguridad de los medicamentos y ayudar a explicar por qué pacientes sometidos al mismo tratamiento responden de manera diferente. Asimismo, esta perspectiva abre oportunidades para diseñar fármacos que no solo sean eficaces, sino también respetuosos con el microbioma, considerado una pieza esencial en la inmunidad y el metabolismo. El trabajo también adquiere relevancia en el contexto de la resistencia antimicrobiana: una perturbación del equilibrio bacteriano intestinal puede favorecer la expansión de bacterias resistentes. Identificar medicamentos menos disruptivos podría contribuir a frenar esta amenaza a largo plazo. Publicada Nota de Prensa en gov.Uk
Los trastornos del sueño son comunes durante el embarazo y suelen tratarse con hipnóticos sedantes no benzodiazepínicos (fármacos Z) como por ejemplo, zaleplón, eszopiclona y, principalmente, zolpidem. Sin embargo, la evidencia sobre la seguridad fetal de los fármacos Z es limitada. Este estudio de cohortes estadounidenses analiza si la exposición a fármacos Z en el primer trimestre del embarazo se asocia con un mayor riesgo de malformaciones congénitas La investigación utilizó dos grandes bases de datos poblacionales, Medicaid y MarketScan, abarcando más de 4,2 millones de gestaciones registradas entre 2000 y 2020. En esta muestra amplia, la utilización de fármacos Z resultó relativamente infrecuente, alrededor del 0,5–0,6 % de los embarazos, con un claro predominio del zolpidem. El estudio comparó los embarazos expuestos a fármacos Z con los no expuestos durante el primer trimestre del embarazo. El resultado principal, centrado en la presencia de malformaciones congénitas mayores, revela un riesgo relativo ajustado prácticamente neutro (1,01; IC 95 %, 0,95–1,08). Este hallazgo sugiere una ausencia de incremento significativo del riesgo global asociado a la exposición temprana a fármacos Z. Estos hallazgos sugieren que la exposición a fármacos Z en el primer trimestre del embarazo no está asociada con un aumento significativo del riesgo de malformaciones congénitas, ni de forma global ni específica por órganos.

El síndrome de la persona muy importante (VIP), o síndrome del paciente recomendado (SPR), se refiere al trato y la atención especiales que se brindan a pacientes con vínculos sociales, políticos, económicos o familiares con profesionales de la salud. Si bien estos pacientes pueden recibir atención preferencial, los esfuerzos bienintencionados por mejorar la atención pueden conllevar consecuencias negativas, como pruebas y tratamientos innecesarios, mayor riesgo de complicaciones y una asignación injusta de los recursos sanitarios. Celebridades, médicos y líderes políticos a menudo reciben un trato preferencial, lo que lleva a intervenciones potencialmente innecesarias. Esta revisión profundiza en sus causas, manifestaciones, consecuencias, casos reales, prevención y manejo, considerando el paradigma cambiante de los recientes avances en el campo de la medicina. Resultados: Las manifestaciones del síndrome VIP varían desde el tratamiento excesivo hasta el tratamiento insuficiente, lo que altera los sistemas de salud establecidos. Las consecuencias incluyen el aumento de los costos, la intensificación de los riesgos y la disminución de la satisfacción de los pacientes y los equipos de atención médica. Casos reales, como el de Michael Jackson, ponen de relieve las complicaciones imprevistas. Las estrategias de prevención abogan por la asignación transparente de recursos y el cumplimiento de las directrices establecidas. Es crucial contar con un plan escrito para el manejo de pacientes VIP, en el que participen el centro de mando del hospital, el personal de seguridad y el portavoz de prensa. Las directrices propuestas subrayan la importancia de valorar las habilidades médicas, el trabajo en equipo, la comunicación eficaz y la resistencia a las presiones externas. Conclusión: Es necesario abordar sistemáticamente el síndrome VIP para garantizar una atención médica justa, ética y óptima. Al abordar este problema de forma organizada, los profesionales de la salud pueden trabajar para tratar a todos los pacientes por igual, siguiendo las directrices éticas y brindando la mejor atención posible a todos, independientemente de su estatus o influencia. Las investigaciones futuras deben centrarse en el desarrollo de protocolos estandarizados para el manejo de pacientes VIP, incorporando consideraciones éticas y prácticas basadas en la evidencia.

Estimados compañeros/as, recordaros que el próximo Congreso Nacional de la SEPL ya está a la vuelta de la esquina. Como sabéis la sede será en Vitoria, los días 14-16 de mayo de 2026. Por dificultades en la web actual de la SEPL hemos creado para este congreso una web paralela que acoja toda la información relativa al congreso (programa, inscripciones, alojamiento y participación mediante póster). El enlace de contacto con esta nueva Web del congreso Vitoria 2026 es: https://psiquiatrialegal2026.com/ El programa podéis consultarlo en esta dirección: https://psiquiatrialegal2026.com/programa/ Recuerda apuntar en tu agenda las fechas del congreso. Ya puedes hacer la inscripción al Congreso. ¡Nos vemos!

La depresión materna no tratada conlleva riesgos claros para el embarazo y el desarrollo fetal; por otro, los antidepresivos atraviesan la placenta y, potencialmente, pueden modificar procesos neurobiológicos en el cerebro en formación. El artículo examina la evidencia contemporánea sobre cómo la exposición prenatal a antidepresivos podría influir en la aparición de trastornos del neurodesarrollo (NDD, por sus siglas en inglés) en la descendencia. El autor revisa dos metaanálisis recientes y tres estudios observacionales posteriores, con particular atención a los trastornos más investigados: el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En los análisis no ajustados —que reflejan mejor el riesgo “real” en poblaciones generales— la exposición gestacional a antidepresivos aparece asociada a un aumento de hasta el doble en la probabilidad de TEA y TDAH. Sin embargo, cuando los modelos estadísticos se ajustan para comprender relaciones causales y controlar factores de confusión relevantes, estas asociaciones se atenúan significativamente e incluso pueden perder significado estadístico. El artículo enfatiza que gran parte del aparente riesgo podría explicarse por confusión por indicación: es decir, por la propia presencia de trastornos psiquiátricos maternos que motivan la prescripción del antidepresivo. Cuando se comparan embarazos expuestos y no expuestos dentro de mujeres con las mismas condiciones psiquiátricas, el riesgo desaparece o se reduce notablemente. Otros hallazgos que refuerzan la hipótesis de confusión incluyen asociaciones entre antidepresivos y NDD incluso cuando la exposición ocurre fuera del embarazo, o cuando el progenitor expuesto es el padre, lo cual apunta hacia la influencia de factores genéticos, ambientales o familiares más que a un efecto directo del fármaco. Asimismo, los estudios con pares de hermanos discordantes muestran que la probabilidad de desarrollar un NDD se relaciona más con la presencia de un hermano afectado que con la exposición intrauterina a antidepresivos. Este patrón refuerza la idea de que los factores hereditarios y ambientales compartidos pesan más que el tratamiento farmacológico. En conjunto, el artículo concluye que, aunque no puede descartarse por completo un posible impacto biológico de los antidepresivos sobre el neurodesarrollo, la mayor parte de la evidencia sugiere que los riesgos observados derivan principalmente de factores familiares y de la depresión materna misma. Por ello, se recomienda un proceso de toma de decisiones compartida, equilibrando los riesgos de la enfermedad no tratada frente a los potenciales riesgos —mucho menores de lo que sugieren los análisis no ajustados— de la farmacoterapia durante la gestación.

El artículo expone una línea de investigación que cuestiona una de las suposiciones más asentadas en la psicología moral: la idea de que creer en el libre albedrío fomenta inexorablemente actitudes prosociales y un mayor sentido de responsabilidad moral. Aunque tradicionalmente esta creencia se ha asociado con comportamientos éticos y con una mayor disposición a asumir las consecuencias de las propias acciones, el estudio reciente publicado en Applied Psychology revela que dicha convicción puede producir efectos menos evidentes y más problemáticos, especialmente en el ámbito de los prejuicios hacia grupos históricamente estigmatizados. Según se detalla, los investigadores plantean que una fuerte creencia en la autonomía humana puede conducir a interpretaciones erróneas de fenómenos complejos, como la orientación sexual. En concreto, observaron que quienes sostienen firmemente que las personas eligen libremente sus actos tienden también a considerar que rasgos como la homosexualidad son fruto de una decisión personal. Esta percepción incrementa la probabilidad de que dichas personas atribuyan responsabilidad —e incluso culpa— a los hombres homosexuales por su orientación, lo que se traduce en actitudes menos favorables hacia ellos y en un sesgo que favorece implícitamente a los hombres heterosexuales. En conjunto, el artículo revela que, lejos de ser un principio exclusivamente beneficioso, la creencia en el libre albedrío puede tener una dimensión oscura y silenciosa: la de reforzar prejuicios cuando la complejidad de aspectos identitarios se reduce a una elección voluntaria. Comentado en Psypost
El artículo explora un fenómeno sorprendente pero cada vez mejor documentado: la tendencia de las parejas a compartir diagnósticos de salud mental. Partiendo del conocido refrán “Dios los cría y ellos se juntan” (“birds of a feather flock together”), la autora propone que la atracción romántica y la satisfacción en la relación no solo se apoyan en afinidades como valores, creencias o gustos, sino también —de forma más inesperada— en la coincidencia de determinados trastornos psiquiátricos. Aunque la idea no es completamente nueva y ya había sido considerada en estudios entre los años sesenta y ochenta, nunca antes se había investigado con la amplitud y diversidad cultural que ofrece la investigación reciente. El estudio citado analizó datos de cinco millones de parejas en tres países: Taiwán, Dinamarca y Suecia. A través de registros nacionales de salud, los investigadores evaluaron la presencia de nueve trastornos psiquiátricos —entre ellos depresión, ansiedad, trastornos por uso de sustancias, bipolaridad, anorexia nerviosa, TDAH, autismo, trastorno obsesivo‑compulsivo y esquizofrenia— para determinar hasta qué punto aparecían compartidos dentro de la pareja. Los resultados fueron consistentes: las personas diagnosticadas con algún trastorno psiquiátrico tenían mayor probabilidad de estar casadas con alguien que presentara el mismo diagnóstico o uno similar que con una persona sin diagnóstico. Esta tendencia se observó transversalmente a las tres poblaciones, lo que sugiere un patrón robusto y generalizable. Para explicar este fenómeno, el artículo sugiere varias teorías psicológicas. La primera, el apareamiento selectivo, plantea que tendemos a elegir parejas semejantes a nosotros. Esta semejanza no solo abarca rasgos sociales o de personalidad, sino también características cognitivas o clínicas, lo que facilita la comprensión mutua y la armonización de estilos de vida. La proximidad constituye otra dimensión fundamental: las relaciones emergen con más facilidad entre personas que comparten entornos. Si quienes viven con ciertos diagnósticos frecuentan ambientes afines —por ejemplo, personas con trastorno por uso de sustancias que coinciden en lugares donde estas conductas son habituales—, se incrementa la probabilidad de interactuar con potenciales parejas que enfrentan retos semejantes. La teoría del apego añade un componente emocional. Los vínculos tempranos con los cuidadores configuran patrones que influyen en la elección de pareja adulta. Así, quienes desarrollan un apego ansioso pueden sentirse atraídos por personas con estilos similares o por quienes ofrecen la intensidad emocional que buscan, aunque no siempre se trate de relaciones equilibradas. Finalmente, la teoría de la identidad social sostiene que la pertenencia grupal fortalece la autoestima; compartir un diagnóstico puede funcionar como un elemento identitario que facilita la identificación mutua, el entendimiento y la validación emocional. Los autores señalan limitaciones del estudio: no se conoce el orden entre el inicio de la relación y el diagnóstico, por lo tanto, no es posible determinar si la similitud se debe a un proceso de elección consciente o a cambios que ocurrieron durante la convivencia. Puede existir sesgo clínico al compartir médico y, al ser un estudio observacional, no pueden identificarse las posibles causas. Los resultados de este estudio reciente solo nos indican si las parejas comparten diagnósticos psiquiátricos. No nos indican la calidad ni la duración de la relación, ni tienen en cuenta las diferencias individuales que también pueden afectarla.


