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El trastorno depresivo mayor (TDM) es una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial, y menos de la mitad de los pacientes logran la remisión tras el tratamiento antidepresivo de primera línea. Se ha implicado a los procesos inflamatorios en el TDM, pero aún no se sabe con certeza hasta qué punto los marcadores inflamatorios basales predicen los resultados del tratamiento, especialmente debido a posibles factores de confusión y relaciones bidireccionales. Esta revisión sistemática y metaanálisis demuestra que los marcadores inflamatorios basales elevados, en particular la PCR y la IL-6, se asocian con una mayor probabilidad de falta de respuesta a los antidepresivos en el trastorno depresivo mayor. Sin embargo, esta relación debe interpretarse como asociativa más que causal, dada la influencia de factores de confusión (por ejemplo, obesidad, tabaquismo y afecciones metabólicas), la variabilidad en los umbrales de los biomarcadores y la ausencia de estudios de validación prospectivos La evidencia actual respalda la inflamación como un posible correlato de los resultados del tratamiento y un candidato para futuras investigaciones de estratificación, pero no justifica su implementación clínica rutinaria ni la selección de tratamientos guiada por biomarcadores en esta etapa. Por lo tanto, los hallazgos deben considerarse generadores de hipótesis, lo que subraya la necesidad de ensayos prospectivos bien diseñados para determinar si los marcadores inflamatorios pueden influir significativamente en las decisiones de tratamiento o mejorar los resultados de los pacientes. El avance en este campo requerirá definiciones estandarizadas de biomarcadores, un control riguroso de las variables de confusión y una evaluación directa de las estrategias terapéuticas guiadas por la inflamación. Hasta que se disponga de dicha evidencia, el papel de los marcadores inflamatorios en el trastorno depresivo mayor debe permanecer en el ámbito de la investigación y no en la práctica clínica.

El artículo revisa el creciente interés por la ketamina y la esketamina como tratamientos innovadores en neurología y psiquiatría. La ketamina, originalmente utilizada como anestésico; estas sustancias han despertado gran atención por su rápida acción antidepresiva, especialmente en personas con depresión resistente a los tratamientos habituales. A diferencia de los antidepresivos clásicos, que pueden tardar semanas en hacer efecto, la ketamina puede producir mejorías en pocas horas o días. ( Cureus ) Ambos fármacos actúan sobre el sistema glutamatérgico, relacionado con la plasticidad neuronal y la comunicación entre neuronas. Además de la depresión, se analizan posibles aplicaciones en trastornos de ansiedad, ideación suicida, dolor crónico y algunas enfermedades neurológicas. La esketamina, administrada en forma de espray nasal, ya cuenta con aprobación en varios países para el tratamiento de la depresión resistente. Sin embargo, el artículo también subraya limitaciones y riesgos. Entre los efectos secundarios destacan la disociación, el aumento de la presión arterial, mareos o experiencias perceptivas intensas. También existe preocupación por el posible abuso y la necesidad de supervisión médica estricta. Los autores concluyen que estos tratamientos representan un avance importante y dibujan un panorama esperanzador pero prudente: la ketamina y la esketamina representan un paso hacia una psiquiatría más intervencionista y eficaz, aunque todavía en desarrollo.

Las intervenciones para dejar de fumar podrían tener un mayor impacto si son breves, concretas y tienen validez aparente (tanto para quienes las presentan como para quienes las reciben), lo que permitiría su aplicación a un amplio espectro de adultos fumadores. La distribución de muestras de medicamentos es una estrategia potencial para satisfacer esta necesidad. Este ensayo clínico aleatorizado con 651 adultos investiga si la distribución de muestras de vareniclina, administradas de forma generalizada y con una mínima orientación o instrucción, facilita el abandono del tabaquismo entre los adultos fumadores. La variable principal fue la abstinencia puntual autoinformada de 7 días en el seguimiento de 6 meses. Los resultados sugieren que la administración de un medicamento recetado para dejar de fumar (muestras de Vareniclina) en un contexto no supervisado resultó eficaz en el abandono del hábito de fumar, con resultados potencialmente superiores en comparación con la terapia de reemplazo de nicotina (TRN). Los resultados aportan evidencia adicional que respalda la administración de muestras de medicamentos como una opción práctica para lograr dejar de fumar, y merece una evaluación más exhaustiva en entornos aplicados.

Las personas con daño cerebral adquirido viven una auténtica carrera contra el tiempo, donde una atención temprana y especializada puede marcar la diferencia entre recuperar la vida o quedar con secuelas permanentes. Sin embargo, el sistema sanitario no siempre responde con eficacia, dejando a muchos pacientes en tratamientos largos e insuficientes. A partir de una reciente sentencia, se explica que cuando la atención ofrecida no funciona, acudir a la sanidad privada no es un capricho, sino una decisión razonable. En estos casos, la justicia reconoce el derecho a reclamar el reintegro de los gastos, entendiendo la “urgencia vital” no solo como riesgo de muerte, sino también como riesgo de deterioro grave de la calidad de vida. [ neurolegal.es ], [ iberley.es ] El texto concluye que esta vía legal representa una oportunidad importante para los afectados: defender su derecho a tratamientos eficaces y no resignarse ante las limitaciones del sistema.

El artículo presenta al litio como el “rey” histórico en el tratamiento del trastorno bipolar. Los autores explican que, aunque han aparecido muchos medicamentos nuevos, ninguno ha logrado sustituir realmente al litio en eficacia. El litio sigue siendo el único capaz no solo de tratar episodios de manía y depresión, sino también de prevenir recaídas a largo plazo. Por eso lo consideran un auténtico estabilizador del estado de ánimo. El litio es un medicamento antiguo que ha sobrevivido a décadas de críticas, dudas y competencia farmacológica. Aun así, los autores lamentan que su uso haya disminuido en la práctica clínica actual. Consideran sorprendente que muchos psiquiatras recurran menos a él, pese a la abundante evidencia científica acumulada durante más de setenta años. También destacan que el litio posee propiedades especiales más allá de estabilizar el ánimo, como efectos antisuicidas y neuroprotectores. Reconocen que existen preocupaciones sobre su seguridad y la necesidad de controles médicos, pero sostienen que, utilizado con criterio y seguimiento adecuado, sus beneficios continúan siendo extraordinarios. En definitiva, el artículo defiende que el litio sigue siendo una herramienta esencial en psiquiatría y merece recuperar el lugar central que tuvo durante décadas. ( Cambridge University Press & Assessment )

El artículo analiza de forma crítica la sentencia de la Audiencia Nacional que absolvió a Yassine Kanjaa por el asesinato del sacristán Diego Valencia en Algeciras, al considerar que sufría una grave alteración psiquiátrica. El autor, el magistrado jubilado Manuel Gutiérrez Luna, expresa sus dudas sobre algunos razonamientos de la resolución judicial y plantea varias contradicciones que, en su opinión, deberían revisarse en instancias superiores. El texto explica que los informes psiquiátricos coincidían en que Kanjaa padecía un cuadro psicótico, probablemente esquizofrénico, aunque algunos especialistas señalaban que todavía conservaba cierta capacidad para comprender y decidir sus actos. Ante esa incertidumbre, el tribunal aplicó el principio “in dubio pro reo”, favoreciendo al acusado. Aun así, se ordenó su internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario durante un máximo de 30 años. El autor considera llamativo que la sentencia reconozca comportamientos aparentemente planificados, como esconder el machete o apagar el móvil para no ser localizado, y al mismo tiempo concluya que tenía anulada su capacidad de decisión. También cuestiona que se apreciara alevosía en el asesinato mientras se afirmaba que el acusado carecía totalmente de control sobre sus actos. Además, critica que no se calificaran los hechos como terrorismo y lamenta que el Estado no haya sido declarado responsable civil pese a que existía una orden previa de expulsión contra el agresor. El artículo concluye defendiendo que el caso todavía deja importantes debates jurídicos abiertos. ( Confilegal )

Como ya publicamos el 6 de mayo en nuestra web , España ha publicado un informe técnico que concluye que la homeopatía carece de eficacia en todas las patologías analizadas. Sin embargo, Suiza mantiene su financiación pública a través del seguro médico obligatorio. La Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) suiza considera que el estudio español no justifica revisar su política, basada principalmente en el respaldo ciudadano obtenido en un referéndum de 2009, donde el 67 % apoyó incluir medicinas complementarias en el sistema sanitario. Actualmente, el seguro cubre homeopatía, acupuntura y otras terapias complementarias, siempre que sean aplicadas por médicos especialistas con formación adicional en terapias complementarias. Las autoridades suizas defienden esta exigencia como garantía de calidad y seguridad. Además, sostienen que el impacto económico es mínimo: estas prestaciones representan solo el 0,04 % del gasto sanitario total. Según la OFSP suiza, eliminar la homeopatía apenas reduciría costes, ya que la demanda continuaría y las consultas podrían seguir facturándose mediante tarifas médicas ordinarias.

El artículo describe el trastorno de pánico como una condición relativamente frecuente (1-4% de la población), marcada por episodios súbitos de miedo intenso acompañados de síntomas físicos como taquicardia, mareo o sensación de muerte inminente, y a menudo asociada a otros trastornos psiquiátricos, como la dependencia de sustancias y la depresión mayor. Este artículo de revisión examina los tratamientos farmacológicos, centrándose en los antidepresivos y las benzodiazepinas, pero también considerando los antipsicóticos y los anticonvulsivos. Se presenta una visión general de la historia de los antidepresivos y las benzodiazepinas en el tratamiento del trastorno de pánico y sus mecanismos de acción. A continuación, se presentan los resultados de un metaanálisis en red de una revisión Cochrane reciente y se contrastan con seis guías de tratamiento nacionales e internacionales vigentes. [cambridge.org ] Conclusiones El trastorno de pánico sigue siendo una afección psiquiátrica importante con una etiología compleja, alta comorbilidad y un impacto sustancial en la calidad de vida. Los ISRS son el tratamiento farmacológico de primera línea, debido a su equilibrio entre eficacia y tolerabilidad y la relativa ausencia de problemas prácticos que pueden ser problemáticos con otras clases de fármacos. Con un perfil similar, el IRSN venlafaxina se recomienda como opción de primera o, en el peor de los casos, de segunda línea en la mayoría de las guías. Los ATC y las BDZ demuestran buena eficacia, aunque con problemas de seguridad u otras consideraciones prácticas que afectan el entusiasmo por su uso. No se incluyen como opciones de primera línea en ninguna de las guías actuales examinadas, pero siguen siendo alternativas recomendadas, generalmente con excepciones. Los IMAO también son eficaces, pero las complejidades asociadas con su uso clínico hacen que, aunque la mayoría de las guías estén dispuestas a recomendarlos, no los incluyan más allá de la tercera línea. Un metaanálisis en red reciente confirma la eficacia de las clases de fármacos mencionadas, aunque la calidad de la evidencia varía. Es necesario continuar investigando para perfeccionar las estrategias de tratamiento, comprender mejor los efectos placebo y optimizar el manejo a largo plazo, minimizando al mismo tiempo los riesgos asociados con las opciones farmacológicas actuales

Esta revisión sintetiza la literatura sobre cómo los medicamentos comúnmente recetados —antihipertensivos, estatinas, antidepresivos, levotiroxina, inhibidores de la bomba de protones, inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 y metformina— afectan el sueño. Dado que muchos pacientes de atención primaria reportan problemas de sueño y más de la mitad de los adultos estadounidenses usan medicamentos recetados, comprender estos efectos es esencial. Los métodos incluyeron una búsqueda exhaustiva en PubMed de la última década utilizando términos relevantes relacionados con medicamentos y sueño. También se realizó una revisión de referencias adicionales relevantes. Nuestros hallazgos indican que los betabloqueantes a menudo se asocian con un aumento de la fatiga y la somnolencia, mientras que los diuréticos pueden beneficiar a los pacientes con apnea obstructiva del sueño, aunque con un mayor riesgo de nicturia. Las estatinas parecen tener un impacto mínimo en el sueño, si bien se reportan casos raros de insomnio o pesadillas. Los antidepresivos tienen efectos mixtos; algunos aumentan la somnolencia (trazodona, amitriptilina), mientras que otros se asocian con insomnio (bupropión) y pueden empeorar el síndrome de piernas inquietas (mirtazapina). La levotiroxina no altera significativamente el sueño, y su administración vespertina puede mejorar el control del hipotiroidismo. Se ha observado que los inhibidores de la bomba de protones mejoran la calidad del sueño en pacientes con enfermedad por reflujo gastroesofágico. Los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5, como el sildenafil, pueden exacerbar la apnea obstructiva del sueño grave, por lo que se recomienda precaución. La metformina no parece interferir con el sueño, y algunos estudios sugieren un beneficio limitado. Los médicos deben considerar cuidadosamente los efectos de estos medicamentos para equilibrar los beneficios terapéuticos con los posibles efectos adversos relacionados con el sueño.

Revisión sobre la situación actual del autismo de alto funcionamiento (antiguamente síndrome de Asperger). Con la publicación de la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) en 2013, la prevalencia del autismo en Estados Unidos casi se duplicó, superando el 2 % de la población. Al reformular el diagnóstico, el DSM-5 unificó cuatro diagnósticos en uno solo: el trastorno del espectro autista. Estos cuatro diagnósticos compartían déficits en dos áreas principales: comportamientos o intereses restringidos y repetitivos, y dificultades en la comunicación social. Tres de ellos eran formas graves fácilmente reconocibles en la infancia. El cuarto, responsable de la mayor parte del aumento de la prevalencia, era el síndrome de Asperger o autismo de alto funcionamiento, que con frecuencia no se diagnostica hasta la edad adulta. Estos pacientes suelen tener un lenguaje fluido, una capacidad intelectual intacta y estrategias compensatorias muy desarrolladas, como el enmascaramiento social. El diagnóstico en la edad adulta se manifiesta en dificultades para mantener el empleo o las amistades, tanto platónicas como íntimas. Recibir un diagnóstico de TEA puede resultar terapéutico al ofrecer a los pacientes una explicación de su "diferencia" y una forma de contextualizar los desafíos sociales y conductuales que enfrentan. Maximizar la previsibilidad y la repetición, y minimizar la estimulación sensorial innecesaria en entornos educativos y laborales, puede hacer que estos sean más tolerables. Abordar las enfermedades físicas y psiquiátricas comórbidas es fundamental. Para los pacientes con TEA de alto funcionamiento, los desafíos que pueden ser más incapacitantes están relacionados con las dificultades sociales. El objetivo no debe ser "curar" el TEA ni eliminar sus manifestaciones por completo, sino mitigar el estrés, la ansiedad y el deterioro resultante mediante adaptaciones que mejoren el funcionamiento, reduzcan el aislamiento social y fomenten relaciones íntimas satisfactorias cuando se desee y sea posible.



