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Los modelos de neurodesarrollo consideran la impulsividad como un factor de riesgo clave para el consumo de sustancias en la adolescencia. Sin embargo, medir esa impulsividad no es sencillo, porque no existe una única forma de evaluarla. Algunos instrumentos se basan en cuestionarios sobre rasgos de personalidad y conducta; otros utilizan tareas cognitivas o conductuales que intentan medir control inhibitorio, toma de decisiones o preferencia por recompensas inmediatas. Para aclarar qué medidas predicen mejor el inicio del consumo, los autores analizaron datos de un gran estudio longitudinal ABCD, con 11.868 adolescentes de 9 a 11 años seguidos durante varios años. Se valoraron distintas dimensiones de impulsividad mediante cuestionarios y pruebas conductuales, y se examinó si estas variables anticipaban el consumo de alcohol, nicotina, cannabis u otras sustancias antes de los 15 años. Los resultados muestran que las relaciones entre las medidas de cuestionario y las tareas conductuales fueron pequeñas. Además, los cuestionarios predijeron mejor el inicio del consumo que las pruebas conductuales, especialmente la escala de conductas externalizantes (CBCL). Aun así, la capacidad predictiva global fue modesta. La impulsividad contribuye al riesgo, pero por sí sola no basta para identificar clínicamente qué adolescentes iniciarán consumo. Para obtener resultados reproducibles se necesitan muestras muy amplias. ( cambridge.org )

La depresión es frecuente en enfermedades como el deterioro cognitivo leve, la enfermedad de Alzheimer, el Parkinson o el ictus, y los tratamientos antidepresivos habituales no siempre consiguen una respuesta suficiente, especialmente cuando la sintomatología depresiva aparece asociada a otros cuadros neurológicos. Un desarrollo muy novedoso en la estimulación cerebral no invasiva es la neuromodulación con ultrasonido focalizado (FUS). Una modalidad de esta técnica es la estimulación transcraneal por pulsos (TPS) El objetivo de este estudio retrospectivo fue evaluar la eficacia de la TPS en el tratamiento de los síntomas depresivos comórbidos en diferentes niveles de gravedad basal en pacientes neuropsiquiátricos. El trabajo analiza retrospectivamente a 88 pacientes tratados con TPS en Viena, todos ellos con diagnósticos neuropsiquiátricos diversos y tratamientos convencionales estables. La evolución de los síntomas depresivos se midió mediante el Inventario de Depresión de Beck. Tras el tratamiento, se observó una mejoría significativa, más marcada en quienes partían de una depresión más intensa. En los pacientes con síntomas depresivos de mínimos a graves, la reducción media fue de 5,22 puntos, mientras que en los casos de depresión leve a grave alcanzó los 10,40 puntos. Los resultados sugieren que la TPS podría actuar como intervención añadida eficaz, independientemente del diagnóstico principal, del uso de antidepresivos, de la mejoría de la enfermedad de base o del estado cognitivo inicial. No obstante, al tratarse de un estudio retrospectivo, abierto y sin grupo control, los autores subrayan la necesidad de ensayos clínicos controlados que confirmen estos hallazgos. ( cambridge.org )

El estudio analiza si la reserva cognitiva puede proteger frente al efecto negativo de la contaminación atmosférica sobre la función cognitiva en adultos sin demencia. Partiendo de la evidencia que relaciona la exposición a contaminantes con el deterioro cognitivo, los autores se preguntan si factores como la educación, la actividad mental, la ocupación o la participación social pueden actuar como una forma de resistencia funcional del cerebro. Para ello, estudiaron a 650 participantes y estimaron, según su domicilio, la exposición media durante cinco años a una mezcla de contaminantes formada por PM10, PM2.5 y dióxido de nitrógeno. La función cognitiva se valoró mediante la escala MoCA y también se examinó la presencia de deterioro cognitivo leve sospechado. Los resultados mostraron que una mayor exposición a la contaminación se asociaba con peor rendimiento cognitivo. Sin embargo, este efecto no fue igual en todos los sujetos: era más intenso en quienes tenían baja reserva cognitiva y se atenuaba en aquellos con mayor reserva. En cambio, la llamada reserva cerebral, basada en medidas estructurales, no modificó significativamente esta relación. El trabajo concluye que las experiencias acumuladas a lo largo de la vida pueden amortiguar parcialmente el impacto neurotóxico de la contaminación ambiental. ( Psychological Medicine )

El artículo plantea que, pese a los avances diagnósticos introducidos por la CIE-11 y el DSM-5, el trastorno de personalidad sigue siendo difícil de manejar porque carece de una teoría general que oriente de forma clara la evaluación y el tratamiento. El autor de este artículo propone que la teoría interpersonal puede cumplir esa función, al situar el núcleo del trastorno no solo en los rasgos internos, sino en la forma rígida, extrema y disfuncional en que una persona se relaciona con los demás. La teoría interpersonal se basa en cómo los humanos (y otras formas animales) afrontan el reto de relacionarse entre sí, buscando un equilibrio entre (a) la afiliación y (b) la dominancia (es decir, el deseo de relacionarse con los demás, pero también de controlarlos). Esto genera una representación dimensional de la personalidad organizada en torno a estos dos ejes principales, con los extremos (los polos) del eje de «afiliación» representados por «frío (hostil)» frente a «cálido (amistoso)» y los del eje de «dominancia» por «dominante» frente a «sumiso» en un diagrama circular. Las combinaciones de estas dos dimensiones pueden agruparse para producir variantes mixtas. En el centro del modelo se situaría la flexibilidad interpersonal; en los extremos, los estilos rígidos y repetitivos que caracterizan muchos trastornos de personalidad. El autor sugiere que la teoría interpersonal podría ser una buena opción, permitiendo a los profesionales abordar este trastorno con mayor eficacia. El objetivo de este artículo es ofrecer una breve introducción a esta teoría con la esperanza de que anime a los profesionales a explorar sus implicaciones con mayor profundidad.

Los autores revisan el lugar que ocupan los test de validez en el diagnóstico psiquiátrico y cuestionan varias ideas erróneas que limitan su uso clínico. Aunque estos instrumentos se han asociado tradicionalmente al ámbito forense, no deberían entenderse solo como herramientas para detectar simulación o engaño. Su utilidad principal es valorar si el paciente puede describir sus síntomas, quejas y limitaciones de forma razonablemente precisa, importante para formular un diagnóstico y planificar el tratamiento. ( Cambridge University Press & Assessmen t ) Es importante destacar que, en la práctica clínica, al interpretar las pruebas de validez, la terminología neutral, como «sobreestimación» y «bajo rendimiento», suele ser preferible —y más fácil de fundamentar— a términos como «simulación» y «engaño», que pueden evocar juicios morales y crear una barrera innecesaria para el uso de estas valiosas herramientas clínicas.

Las enfermedades mentales posteriores a un infarto agudo de miocardio (IAM) son una preocupación creciente, ya que se asocian con peores resultados para los pacientes con IAM. Esta revisión sistemática y metaanálisis analiza la prevalencia y los factores de riesgo de depresión, ansiedad y TEPT después de un IAM, incluyendo solo estudios con diagnósticos formales de enfermedad mental (siguiendo criterios DSM). Resultados : La prevalencia combinada de depresión después de un IAM fue de 23,58%. Cuando se estratificó por tiempo desde un IAM, la prevalencia fue de 19,46% para aquellos evaluados dentro de los 3 meses y de 14,87% para aquellos evaluados después de 3 meses. La prevalencia combinada de ansiedad y TEPT fue del 11,96 % y del 10,26 %, respectivamente. Un análisis de subgrupos de prevalencia combinada adicional de depresión y ansiedad reveló tasas significativamente más altas en el sexo femenino (29,89%), en aquellos con hipertensión (25,01%), diabetes (25,01%) o hiperlipidemia (28,96%), y en fumadores (25,23%). Los resultados de la metarregresión indicaron que los antecedentes de depresión fueron un predictor significativo de la prevalencia de la depresión. Conclusiones: La prevalencia de enfermedades mentales, como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), es notable tras un infarto agudo de miocardio (IAM). Entre los factores de riesgo identificados se encuentran el sexo femenino, la hipertensión, la diabetes mellitus, la hiperlipidemia, el tabaquismo, los antecedentes de depresión y el contexto social. Comentario sobre depresión e IAM en mujeres en Redacción Médica

El estudio analiza si la prescripción de fármacos sedantes tras el alta hospitalaria se asocia con un mayor riesgo de caídas y otros eventos adversos en personas mayores. Para ello, los autores realizaron un amplio estudio poblacional en Ontario, Canadá, con más de 1,86 millones de adultos de 66 años o más dados de alta vivos entre 2003 y 2023. Se evaluó si habían retirado una receta de sedantes —benzodiacepinas, antidepresivos sedantes o antipsicóticos— durante los siete días posteriores al alta, y se observaron los eventos ocurridos en los 30 días siguientes. El 13,2% de los pacientes recibió una prescripción sedante tras el alta, y casi un tercio de ellos no había usado estos fármacos antes del ingreso. Durante el seguimiento se registraron caídas, visitas a urgencias, reingresos hospitalarios y fallecimientos. Los resultados mostraron que quienes iniciaban un sedante presentaban un riesgo mayor de caídas, aproximadamente un 20% superior, así como más visitas a urgencias, readmisiones y mortalidad a corto plazo. Aunque el incremento absoluto del riesgo fue modesto, los autores subrayan su importancia clínica y social, especialmente por la frecuencia de hospitalizaciones en personas mayores. El trabajo invita a revisar con prudencia la indicación de sedantes al alta, valorar alternativas y reforzar la conciliación y seguimiento farmacológico.

La angiogénesis, el proceso de formación de nuevos vasos sanguíneos a partir de vasos preexistentes, puede desempeñar un papel crítico en los procesos de deterioro cognitivo y con la demencia, ya que se ha sugerido que la disfunción vascular es uno de los eventos patológicos más tempranos durante el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer (EA) a partir del envejecimiento normal El objetivo de este estudio fue identificar que marcadores sanguíneos de angiogénesis podían asociarse a una mejor o peor función cognitiva. Los autores analizaron a personas mayores con riesgo elevado de demencia, incluyendo participantes con deterioro cognitivo leve, depresión mayor remitida o ambas condiciones. El objetivo fue identificar si determinados marcadores sanguíneos relacionados con la angiogénesis se asociaban con el rendimiento cognitivo. Para ello estudiaron 19 biomarcadores y los relacionaron con medidas cognitivas, teniendo en cuenta variables como la edad, el nivel educativo, el riesgo cardiovascular, el diagnóstico clínico y el estado APOE ε4. El resultado más destacado fue la asociación entre niveles más altos de angiogenina y mejor funcionamiento cognitivo. Esta relación se mantuvo incluso después de ajustar por otros factores clínicos y biológicos, lo que sugiere que no se trata simplemente de una asociación secundaria. Además, el vínculo apareció tanto en personas con depresión mayor remitida como en aquellas con deterioro cognitivo leve. En conjunto, el trabajo señala a la angiogenina como un posible biomarcador protector y abre una vía de investigación sobre los mecanismos vasculares implicados en la cognición de personas mayores vulnerables a la demencia.

El paracetamol (acetaminofén) es el analgésico y antipirético de primera línea recomendado a nivel mundial durante el embarazo. Estudios observacionales han reportado asociaciones con un mayor riesgo de trastorno del espectro autista (TEA) y trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en la descendencia, lo que genera preocupación pública y clínica; sin embargo, estos hallazgos pueden estar considerablemente sesgados por factores familiares no medidos. El objetivo de este estudio de cohorte poblacional, es evaluar la asociación entre la exposición prenatal al paracetamol y el riesgo de TEA y TDAH en la descendencia mediante un diseño de estudio con emparejamiento de hermanos para controlar los factores de confusión familiares. Resultados: las cohortes finales comprendieron 124.333 niños para el análisis de TEA (edad media 9,3 años) y 97.285 para el análisis de TDAH (edad media 7,6 años). En los análisis emparejados por hermanos, la exposición prenatal al paracetamol no se asoció con el riesgo de TEA ni de TDAH. Conclusiones y relevancia : En este estudio de cohorte poblacional, un análisis comparativo entre hermanos no halló evidencia de asociación entre la exposición prenatal al paracetamol y el riesgo de TEA o TDAH en la descendencia. Las señales positivas observadas en estudios convencionales probablemente se deban a factores de confusión familiares residuales. Estos hallazgos brindan una importante tranquilidad con respecto a la seguridad del uso indicado de paracetamol durante el embarazo. Un comentario sobre paracetamol y autismo.

El estudio analiza si las personas situadas dentro del espectro de la psicosis presentan, en la edad mediana (44-45 años), peor salud cardiometabólica que la población sin síntomas psicóticos. Para ello se utilizaron datos del British National Child Development Study, una cohorte británica seguida desde el nacimiento. A los 44-45 años se compararon 171 participantes del espectro psicótico con 2.448 controles, teniendo en cuenta múltiples indicadores de adversidad temprana. Los factores de la edad adulta relacionados con la psicosis (p. ej., tabaquismo, actividad física, dieta y exposición a antipsicóticos) no se ajustaron, ya que se conceptualizaron a priori como variables intermedias que vinculan el estado del espectro de la psicosis con los resultados cardiometabólicos Los resultados muestran que quienes habían tenido diagnósticos o tratamientos vinculados a la psicosis tenían un perfil cardiometabólico más desfavorable. Presentaban más obesidad abdominal, cifras más elevadas de hemoglobina glucosilada, menor colesterol HDL y más fibrinógeno, marcador relacionado con inflamación y riesgo cardiovascular. La asociación persistía incluso tras ajustar por adversidad infantil. El trabajo concluye que la psicosis se relaciona de forma independiente con disfunción cardiometabólica, lo que refuerza la necesidad de cribado, prevención y seguimiento físico continuado en estos pacientes.



