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La Audiencia Provincial de Murcia ha confirmado la condena a una mujer que deberá indemnizar a su expareja con casi 13.000 euros después de que una prueba de ADN demostrara que él no era el padre biológico de la niña que había criado durante años como si fuera su hija. El hombre había asumido desde el nacimiento todos los deberes de la paternidad, pagando alimentos y gastos de guardería, convencido de que era el progenitor. Cuando descubrió la verdad en 2023, presentó una demanda para impugnar la filiación. Durante el proceso judicial, la mujer aceptó devolver cerca de 8.000 euros por los gastos económicos asumidos por el demandante, pero rechazó pagar daños morales alegando que desconocía quién era realmente el padre biológico. Sin embargo, los jueces consideraron que sí existieron dudas razonables sobre la paternidad y que la madre debió comunicarlas. El tribunal entendió que ocultar esa situación causó un importante perjuicio emocional y confirmó además una indemnización de 5.000 euros por daño moral. La sentencia también ordenó anular la filiación inscrita en el Registro Civil. ( economistjurist.es )

Parece razonable suponer que las personas con altos niveles de inteligencia son más conscientes de los factores de riesgo y, por lo tanto, eligen un estilo de vida más saludable. Pero ¿esta suposición es cierta? Para responder a esta pregunta y a partir de grandes bases de datos genéticos, este estudio observa cómo la inteligencia, estimada a través de marcadores genéticos, se relaciona con el consumo de alcohol, el tabaquismo y la actividad física. Los resultados dibujan un panorama mixto. Por un lado, una mayor inteligencia parece proteger frente a la dependencia del alcohol y los trastornos relacionados con su consumo. También se asocia con menos probabilidad de fumar y con una mayor facilidad para dejar el tabaco. Sin embargo, los hallazgos son inesperados en otro aspecto: las personas con mayor inteligencia tienden a caminar menos y a practicar con menor frecuencia actividad física moderada o intensa. Este resultado contradice la idea habitual de que la inteligencia siempre va de la mano de estilos de vida más activos. Los autores subrayan que la relación entre inteligencia y salud es compleja y no siempre lineal. Aunque la inteligencia puede favorecer decisiones más saludables en algunos ámbitos, no garantiza conductas positivas en todos. Además, reconocen limitaciones del estudio y la posibilidad de causalidad inversa, por lo que recomiendan interpretar los resultados con cautela y seguir investigando.

El artículo describe cómo hablar de “el sueldo de un médico” en España es casi imposible, porque no existe una nómina única ni homogénea. Preguntar cuánto gana un médico tiene muchas respuestas posibles, porque el salario final es la suma de muchos elementos que cambian según la persona y el territorio. Un estudio comparativo muestra que la nómina no se reduce al sueldo base y a los trienios por antigüedad, sino que se construye con una larga lista de complementos. Entre ellos están los ligados al puesto (destino, específico), la carrera profesional, la exclusividad, la residencia en territorios especiales y distintos acuerdos autonómicos. A esto se añaden las guardias, un factor clave que puede representar entre una quinta parte y más de una cuarta parte del salario total, y que introduce grandes diferencias entre profesionales con el mismo cargo. Dos médicos con funciones similares pueden cobrar cantidades muy distintas según dónde trabajen. Murcia y País Vasco son las comunidades que mejor pagan a sus médicos mientras que Asturias y la Comunidad Valenciana tienen las retribuciones mas bajas. También se señala que esta diversidad salarial genera malestar entre profesionales y dificulta comparar condiciones laborales entre territorios. Algunas autonomías intentan atraer médicos ofreciendo mejores incentivos, mientras otras quedan en desventaja. El resultado es un mapa retributivo muy desigual y difícil de entender incluso para los propios sanitarios. La conclusión es que el sistema retributivo es complejo, desigual entre comunidades y difícil de comparar: no solo importa cuánto se cobra, sino dónde y en qué condiciones se trabaja. (redaccionmedica.com )

El artículo reflexiona sobre un problema cada vez más frecuente: cuando un sistema de inteligencia artificial causa un daño, ¿quién debe responder? El derecho clásico estaba pensado para un mundo sencillo, donde una persona tomaba decisiones y, si se equivocaba, asumía las consecuencias. Con la llegada de la IA, sobre todo la más autónoma, ese esquema empieza a fallar. Aunque solemos decir “se ha equivocado la IA”, en realidad la IA no es un sujeto jurídico: no puede ser demandada ni tiene responsabilidad propia. Detrás de cada sistema hay muchos actores —desarrolladores, proveedores, empresas que lo integran y usuarios profesionales— y resulta difícil señalar a uno solo cuando ocurre un perjuicio, especialmente si no hay una culpa clara. La Unión Europea es consciente del problema e intenta adaptarse a esta nueva realidad mediante normas como el AI Act y futuras directivas sobre responsabilidad. Estas medidas buscan facilitar que las víctimas puedan reclamar daños, obligando a las empresas a documentar cómo funcionan sus sistemas y a demostrar que actuaron con diligencia Uno de los puntos centrales es que las empresas ya no pueden escudarse diciendo que “la IA se equivocó”. Si una compañía utiliza inteligencia artificial para contratar personal, conceder créditos o tomar decisiones médicas, también asume responsabilidad sobre sus resultados. El artículo concluye que el derecho está cambiando: ya no importa solo quién tuvo la culpa directa, sino quién controlaba el sistema, obtenía beneficios de él y estaba en posición de evitar el daño.

Aunque las explicaciones psicosociales siguen siendo comunes, muchas personas creen que la depresión se debe a un mecanismo biológico. Estas creencias se asocian con un mayor tiempo de uso de antidepresivos, una mayor convicción de la necesidad de medicación y una menor probabilidad de que las personas intenten interrumpir su tratamiento farmacológico. Por lo tanto, informar a las personas de que no se ha demostrado que la depresión sea causada por mecanismos biológicos específicos podría reducir la percepción de la necesidad de medicación y ayudar a quienes ya no la necesitan a suspenderla con éxito. Se requiere más investigación para explorar los efectos de estas intervenciones. Journal of Affective Disorders Comentado en PsyPost

El Observatorio Aragonés de la Soledad (OAS) ha presentado la guía “Mirando la soledad” , con el objetivo de favorecer la detección temprana de situaciones de soledad no deseada y reforzar la red comunitaria de apoyo de las personas mayores que la sufren La guía está concebida como una herramienta orientada a facilitar la creación de una red comunitaria de agentes significativos o “radares” de proximidad, especialmente vinculados al territorio, como personal farmacéutico, bibliotecario, vecindario y otros recursos comunitarios. La guía está dirigida principalmente a entidades sociales interesadas en poner en marcha esta red de radares, ya que dichas entidades constituyen el canal más adecuado para su implementación y para abordar de manera eficaz los objetivos planteados. Comentado en Geriatricarea

Artículo que plantea un debate sobre el papel del psiquiatra en la actualidad: ¿debe limitarse a recetar fármacos o seguir practicando la psicoterapia? Por un lado, el Dr. Eric Plakun defiende que la psicoterapia es una herramienta esencial. Argumenta que, para tratar casos complejos y resistentes, no basta con la biología; se necesita la conexión humana. Poseer estas habilidades permite al psiquiatra generar confianza, mejorar la adherencia al tratamiento y liderar con éxito equipos de salud mental, entendiendo las dinámicas emocionales de sus pacientes. Por otro lado, el Dr. Jeffrey Lieberman plantea una visión más pragmática centrada en la economía y la justicia social. Aunque valora la formación en terapia, cuestiona si la sociedad puede permitirse que los psiquiatras —un recurso escaso— dediquen horas a sesiones individuales de charla cuando hay una demanda masiva de diagnósticos y medicación. En resumen, aunque ambos coinciden en que la formación terapéutica es indispensable, el debate real es cómo equilibrar una psiquiatría humanista e integral frente a las presiones económicas y la necesidad de atender en un sistema de salud desbordado.

Muchas personas con TOC no encuentran alivio suficiente con los tratamientos habituales, como la terapia cognitivo-conductual o los fármacos, que pueden ser lentos o causar efectos secundarios. El artículo comenta una investigación reciente publicada en el Journal of Psychopharmacology que explora una posible nueva vía para tratar el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) mediante el uso repetido de psilocibina, un psicodélico agonista del receptor 5HT2a, procedente de los hongos alucinógenos, Reclutaron a quince adultos con TOC de moderado a grave que ya habían fracasado con otros tratamientos. El estudio se desarrolló durante ocho semanas y probó dosis repetidas de psilocibina, administradas una vez por semana en un entorno clínico muy controlado, con acompañamiento profesional durante toda la experiencia. Los resultados fueron llamativos. Las dosis altas redujeron de forma clara la intensidad de las obsesiones y compulsiones. Al final del estudio, casi tres de cada cuatro participantes mostraron una mejoría clínica importante (73,3%) y una parte de ellos llegó incluso a una remisión completa de los síntomas (40%). Estos efectos disminuyeron, pero se mantuvieron en buena medida a los 6 meses. En general, el tratamiento fue bien tolerado y no se observaron efectos graves. El artículo subraya que estos datos son prometedores, pero también recuerda sus límites: el estudio fue pequeño (15 pacientes) y se necesitan investigaciones más amplias antes de considerar la psilocibina como un tratamiento habitual para el TOC. Comentado en PsyPost.

Estimados compañeros/as, además de disfrutar del congreso y de la ciudad de Vitoria, no olvidéis traeros una chaqueta y un chubasquero por si acaso. El enlace de contacto con la Web del Congreso Nacional de la SEPL que se celebrará en Vitoria, los días 14-16 de mayo de 2026, es: https://psiquiatrialegal2026.com/ Último recordatorio para los rezagados: animaros a venir al Congreso, un lugar de encuentro además del interés científico y poder disfrutar de la ciudad de Vitoria. ¡Nos vemos en Vitoria!

Este estudio forma parte del Rush Memory and Aging Project y explora si comer huevos con regularidad se asocia a un menor riesgo de desarrollar demencia tipo Alzheimer en personas mayores. Los investigadores siguieron durante varios años a más de mil adultos mayores, con una edad media superior a los 80 años, todos ellos sin demencia al inicio del estudio. Al comenzar, los participantes informaron sobre sus hábitos alimentarios, en especial la frecuencia con la que consumían huevos. A lo largo de un seguimiento medio de casi siete años, los participantes fueron evaluados de forma periódica para detectar la aparición de demencia. Durante ese tiempo, algo más de una cuarta parte fue diagnosticada de Alzheimer. Los resultados indican que quienes comían más de un huevo a la semana tenían aproximadamente la mitad de riesgo de desarrollar demencia de Alzheimer en comparación con quienes apenas consumían huevos. Este menor riesgo también se observó en personas que comían dos o más huevos por semana. En un subgrupo, los análisis del cerebro tras el fallecimiento indicaron menos lesiones típicas del Alzheimer en consumidores habituales de huevos. El estudio sugiere que parte de este efecto protector podría explicarse por la colina (39% del efecto global), un nutriente abundante en el huevo y importante para el cerebro. En conjunto, los autores plantean que un alimento común y accesible podría contribuir a la salud cerebral en la vejez.



