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La motivación suele disminuir bajo condiciones aversivas. A menudo, un individuo puede valorar positivamente una meta y, sin embargo, sentirse incapaz de iniciar los pasos necesarios para alcanzarla si el proceso conlleva factores estresantes o desagradables. Clínicamente, los déficits motivacionales están relacionados con trastornos psiquiátricos como la depresión y la esquizofrenia, pero los mecanismos neuronales por los cuales los contextos aversivos suprimen la motivación siguen siendo poco claros. Aunque las teorías clásicas asocian la motivación con el valor esperado de los resultados, se sabe menos sobre los circuitos neuronales que gobiernan la iniciación conductual basada en el esfuerzo. Este estudio se propuso analizar los mecanismos cerebrales que reducen la motivación para actuar cuando una tarea implica estrés, castigo o incomodidad. La investigación utilizó un modelo de primates no humanos (macacos rhesus) para estudiar los mecanismos cerebrales que rigen la iniciación de conductas bajo conflicto. Los sujetos fueron entrenados en tareas de toma de decisiones donde debían elegir entre una recompensa simple de agua o una recompensa mayor vinculada a un estímulo aversivo, consistente en un soplo de aire en el rostro. Los científicos observaron que, ante la presencia del estímulo desagradable, los primates mostraban una vacilación significativa o una negativa rotunda a iniciar la tarea, a pesar de que la evaluación cognitiva del beneficio seguía siendo favorable. El núcleo del descubrimiento reside en la comunicación entre dos regiones subcorticales críticas: el estriado ventral (VS) y el pálido ventral (VP). Los registros neuronales revelaron que la actividad en el estriado ventral se incrementa ante la expectativa de un evento estresante, ejerciendo una influencia inhibitoria sobre el pálido ventral. Esta inhibición actúa como el "freno" que impide que el animal ejecute el primer movimiento hacia la meta. Los resultados más reveladores surgieron al inactivar artificialmente esta conexión entre el VS y el VP. Al silenciar esta vía, los macacos recuperaron la disposición para emprender tareas aversivas sin la vacilación previa. Crucialmente, esta intervención no alteró la percepción del valor de la recompensa ni disminuyó el desagrado por el soplo de aire; simplemente eliminó el impedimento biológico para comenzar el acto. Este resultado sugiere que el circuito EV-PV no regula la motivación de manera general, sino que se activa específicamente para suprimirla cuando existe una expectativa de incomodidad. En ese sentido, la apatía frente a tareas desagradables podría desarrollarse de forma gradual conforme se intensifica la comunicación entre estas dos regiones. En conjunto, estos resultados identifican la vía VS-VP como un circuito clave mediante el cual los contextos aversivos suprimen la iniciación conductual basada en el esfuerzo, destacándola como un posible objetivo para tratar déficits motivacionales en la depresión y la esquizofrenia o la tendencia a la procrastinación. Comentado en Wired y ElPaís

¿ Agregar 1,5 g de ácidos grasos ω-3 al tratamiento multimodal mejora los resultados en niños y adolescentes con trastorno depresivo mayor (TDM) de moderado a grave? Resultados: En un ensayo clínico aleatorizado de 36 semanas con 257 participantes, los ácidos grasos ω-3 no mostraron un beneficio significativo sobre el placebo en la gravedad de la depresión, las tasas de respuesta y remisión, la calidad de vida ni el uso de antidepresivos. La adherencia al tratamiento fue alta y las tasas de eventos adversos fueron similares entre los grupos; aproximadamente la mitad de los participantes aún cumplían los criterios de TDM pediátrico de moderado a grave a pesar del tratamiento. Conclusión: Estos hallazgos no respaldan el uso de 1,5 g de ácidos grasos ω-3 como terapia complementaria para el TDM pediátrico.
La violencia contra las mujeres y contra los niños constituye una violación de los derechos humanos que causa daños duraderos a las sobrevivientes y a la sociedad en general. La violencia de pareja y la violencia sexual contra los niños son dos formas importantes de este tipo de abuso. A pesar de sus amplios efectos en la salud individual y comunitaria, estos factores de riesgo no se han priorizado adecuadamente como impulsores clave de la carga de salud mundial. Se necesitan urgentemente estimaciones exhaustivas y fiables de la carga de salud comparativa de la violencia de pareja y la violencia sexual contra los niños para fundamentar las inversiones en prevención y apoyo a las sobrevivientes, tanto a nivel nacional como mundial. Este artículo ofrece una evaluación exhaustiva de la prevalencia y la carga de enfermedad atribuible a la violencia de pareja contra mujeres y la violencia sexual sufrida en la infancia, en 204 países, durante el periodo comprendido entre 1990 y 2023. Resultados: Para 2023 se estima que 608 millones de mujeres de ≥15 años habían sufrido alguna vez violencia de pareja y que en torno a 1.010 millones de personas adultas habían experimentado agresión sexual durante la niñez. Estas exposiciones se tradujeron, ese mismo año, en 18,5 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) atribuibles a violencia de pareja en mujeres y 32,2 millones atribuibles a violencia sexual infantil en ambos sexos. En el grupo de mujeres entre 15–49 años —edad reproductiva— ambos riesgos escalan a la cúspide del ranking de factores de pérdida de salud: la violencia de pareja se sitúa como cuarto riesgo y la violencia sexual infantil como quinto, por encima de amenazas metabólicas clásicas en mujeres en edad reproductiva. El estudio amplía el horizonte de daños reconocidos. Vincula la violencia sexual infantil con catorce resultados de salud —desde trastornos mentales graves, conducta suicida y adicciones hasta algunas enfermedades metabólicas—, y la violencia de pareja con ocho, que abarcan lesiones físicas, homicidio y morbilidad mental, además de infecciones como el VIH en contextos específicos. La atribución poblacional sugiere que una fracción sustancial de la ansiedad, la autolesión y la violencia interpersonal en mujeres es explicable por la exposición a violencia de pareja, mientras que la violencia sexual infantil emerge como motor relevante de trastornos como esquizofrenia, bipolaridad y trastornos de la conducta. En conjunto, prevenir la violencia —y atender integralmente a supervivientes— es una política de salud pública con alto rendimiento en AVAD evitables. Integrar la detección y respuesta en atención primaria, salud mental, salud sexual y reproductiva, y servicios para la infancia, junto a inversiones en datos de calidad, se perfila como una vía inmediata para reducir una carga que el análisis revela sustancial, persistente y evitable.

Este estudio utilizó el método Delphi para establecer un consenso sobre diez prioridades clave que los profesionales sanitarios consideran importantes en la atención clínica de personas con TDAH en Canadá. El acceso a profesionales sanitarios y a servicios de salud específicos para el TDAH se posicionó como la prioridad más alta, siendo el acceso a los servicios de salud el tema dominante. Otro tema que surgió se relacionó con la necesidad de más investigación sobre el TDAH, en particular sobre el funcionamiento socioemocional, las afecciones coexistentes y el diagnóstico del TDAH en mujeres. Los profesionales sanitarios también identificaron el aumento del conocimiento, la formación y la educación sobre el TDAH entre los profesionales sanitarios y los sistemas escolares entre las diez prioridades principales. Diez prioridades principales identificadas por los profesionales de la salud. Proporcionar acceso a profesionales de la salud capacitados para reconocer el TDAH Proporcionar acceso a servicios para el TDAH (p. ej., TCC, coaching, capacitación basada en habilidades, programas de empleo) Investigación sobre el funcionamiento socioemocional en el TDAH (p. ej., problemas de autoestima, capacidad para regular las emociones) y su impacto en las relaciones. La desregulación emocional es una característica común entre las personas con TDAH que causa un deterioro sustancial a lo largo de la vida. Aumentar el conocimiento y la capacitación sobre el TDAH y los estigmas asociados entre todos los profesionales de la salud y la salud mental (p. ej., médicos de familia, enfermeras, farmacéuticos, psicólogos, consejeros) Proporcionar acceso a servicios financiados para personas con TDAH y sus seres queridos (p. ej., cobertura médica para servicios psicológicos u opciones asequibles) Educar al personal de los sistemas escolares sobre cómo brindar el mejor apoyo y enseñar a personas con TDAH Investigación sobre cómo considerar las experiencias coexistentes (p. ej., depresión, ansiedad) al diagnosticar el TDAH Investigación sobre el diagnóstico del TDAH en niñas y mujeres Acceso a recursos y servicios para comunidades más pequeñas o rurales Información y apoyo más accesibles para navegar por el sistema de salud y encontrar servicios/personal adecuado para ayudar y defender a las personas con TDAH.
La melatonina es la principal causa de exposición no supervisada a medicamentos y sobredosis en servicios de urgencias en niños pequeños (de 0 a 6 años). La literatura existente ha documentado los beneficios de la melatonina en niños mayores (de 7 a 18 años) con afecciones neurológicas, pero aún no se ha estudiado en niños pequeños. Este estudio hace una revisión sistemática y examina los resultados a largo plazo (seguridad y eficacia) asociados con el uso de melatonina en niños pequeños . Resultados: Esta revisión sistemática de 19 estudios reveló que las prácticas de prescripción de melatonina, el uso prolongado y las sobredosis en niños pequeños (de 0 a 6 años) aumentaron en las últimas dos décadas. Cinco ensayos de intervención revelaron que los niños pequeños con trastorno del espectro autista o afecciones relacionadas se dormían más rápido después del tratamiento, pero ninguno examinó la eficacia en niños con desarrollo normal ni midió los resultados después de los dos años. Conclusiones: Estudios observacionales revelaron un aumento global en las prescripciones, el uso prolongado y los eventos adversos. En los ensayos clínicos, el uso de melatonina fue generalmente eficaz para mejorar el sueño en poblaciones específicas a corto plazo; sin embargo, faltaban datos a largo plazo en niños con desarrollo normal. Estos hallazgos podrían ayudar a identificar estrategias para prevenir y reducir el uso de melatonina en niños pequeños, así como para mejorar la adherencia a las normas de práctica médica. Noticia publicada en el periódico La Razón

El avance de las tecnologías digitales ha dado lugar a un nuevo fenómeno sanitario en el que el tradicional “Dr. Google” cede protagonismo a la “Dra. IA” . El uso de buscadores de inteligencia artificial ha transformado los hábitos de consulta de la población. Lo que en el pasado constituía una búsqueda puntual se ha convertido en la primera reacción ante la aparición de cualquier síntoma. Según datos recientes, dos tercios de los españoles recurren ya a la IA para resolver dudas de salud, cifra que alcanza al 90% de los jóvenes entre 16 y 19 años. Asimismo, una cuarta parte de la ciudadanía reconoce que el autodiagnóstico digital es su opción inicial frente a un posible problema médico. Este éxito se sustenta en la percepción de inmediatez, disponibilidad y privacidad que ofrecen estas herramientas. Muchos usuarios declaran que prefieren compartir un síntoma con un chatbot porque “no juzga” y proporciona respuestas instantáneas sin necesidad de gestionar una cita médica. Esta tendencia es especialmente marcada en mujeres y población joven. Sin embargo, surge un dato inquietante: cerca del 25% de las personas —y el 40% de los jóvenes— sitúan a la IA por delante del profesional sanitario, pese a que estas herramientas carecen de conocimiento clínico contextual, exploración física y responsabilidad asistencial. Ello puede derivar en errores diagnósticos, pruebas innecesarias y riesgos evitables. El fenómeno se vuelve aún más complejo cuando se observa su elevada prevalencia entre quienes presentan ansiedad o depresión. Para este grupo, la consulta compulsiva a la IA alimenta un ciclo de preocupación creciente que el estudio identifica como cibercondría. En contraste, quienes padecen enfermedades crónicas recurren mucho menos a estas prácticas. Ante este escenario, los expertos subrayan riesgos como el alarmismo, la falsa seguridad y el retraso en la atención profesional. La Organización Médica Colegial recuerda que el proceso diagnóstico requiere anamnesis, exploración y juicio clínico, elementos que no pueden automatizarse. La IA, subrayan, debe ser una herramienta complementaria basada en evidencia, nunca un sustituto del médico. Infografia para informar de riesgos del uso de la IA para consultar problemas de salud

Las lesiones cerebrales traumáticas se asocian con un mayor riesgo de suicidio; sin embargo, el riesgo de suicidio tras otras lesiones en la cabeza, especialmente en la población general, sigue siendo incierto. El objetivo de este estudio de cohorte, representativo a nivel nacional (Reino Unido), utilizando registros electrónicos de atención primaria de salud, fue determinar si las personas con lesiones en la cabeza presentan un mayor riesgo de suicidio en comparación con las personas sin lesiones en la cabeza Los resultados indican que las personas con lesiones en la cabeza tenían un 21% más de probabilidades de intentar suicidarse que las que no las tenían, después de analizar datos durante un período de 20 años, e incluso después de ajustar por edad, sexo, privaciones e historial de salud mental. Los hallazgos del estudio mostraron que el riesgo de intento de suicidio era mayor en los primeros 12 meses tras un TCE, lo que sugiere un período crítico para la intervención. Sin embargo, el trabajo señala que a pesar de que los intentos de suicidio fueron más comunes entre quienes sufrieron un TCE, el estudio no encontró un aumento significativo en las muertes por suicidio, "lo que sugiere que las lesiones en la cabeza pueden conducir a intentos no fatales más frecuentes". Comentado en Diario Médico .

Los antidepresivos se recomiendan para la depresión y la ansiedad de moderadas a graves, pero existe preocupación por la prescripción excesiva, el uso prolongado y la escasez de estrategias de desprescripción basadas en la evidencia. El objetivo de esta revisión sistemática y metanálisis publicada en The Lancet Psychiatry , fue comparar la eficacia de diferentes estrategias de desprescripción en personas con depresión o ansiedad clínicamente remitidas. La investigación comparó diversas estrategias de deprescripción, cada una con y sin apoyo psicológico: interrupción brusca (con reemplazo por un placebo), reducción rápida (en cuatro semanas o menos), reducción lenta (disminución del fármaco durante más de cuatro semanas), reducción de dosis (al 50% o menos de la dosis mínima eficaz) y continuación del tratamiento. Los resultados sugieren que tras la remisión de la depresión, la reducción gradual de la dosis junto con el apoyo psicológico es tan eficaz como la continuación del tratamiento antidepresivo para prevenir las recaídas y superior a la interrupción abrupta o rápida. En la remisión de la ansiedad, a pesar de la consistencia de las características poblacionales y las estimaciones del efecto, la evidencia limitada justifica una generalización cautelosa. Las guías clínicas deberían promover la desprescripción individualizada con reducción gradual y apoyo psicológico estructurado. Comentario en Diario Médico .

El artículo examina cómo las fluctuaciones hormonales propias del ciclo menstrual pueden modular el riesgo suicida en mujeres con sensibilidad neurobiológica a los esteroides ováricos . Partiendo de la constatación epidemiológica de que las mujeres en edad reproductiva presentan mayor incidencia de ideación y conductas suicidas, especialmente en periodos de transición hormonal (pubertad, ciclo menstrual, embarazo), la revisión propone que los cambios cíclicos en estradiol, progesterona y su metabolito neuroactivo alopregnanolona pueden actuar como desencadenantes en individuos vulnerables. Estos cambios afectarían sistemas moleculares implicados en la regulación del ánimo, el procesamiento cognitivo y el control conductual, dando lugar a una inestabilidad afectiva que se expresa con particular intensidad durante las fases lútea y perimenstrual. El estudio analiza seis sistemas neurobiológicos modulados por esteroides ováricos y vinculados a la fisiopatología suicida: los circuitos serotoninérgicos, GABAérgicos y dopaminérgicos; la señalización neurotrófica mediada por BDNF; las vías lipídicas que alteran la integridad y función de membranas neuronales; y el sistema Dehidroepiandrosterona (DHEA). Los autores integran hallazgos de estudios genéticos, neuroimagen, farmacología y manipulación hormonal para delinear posibles mecanismos que expliquen por qué los mismos cambios endocrinos producen efectos distintos entre mujeres. Esta variabilidad constituye el núcleo del modelo de Sensibilidad Afectiva Dimensional a las Hormonas a lo Largo del Ciclo Menstrual (DASH-MC), que concibe la sensibilidad hormonal como un rasgo dimensional y heterogéneo, más que como un fenómeno unitario. La conclusión subraya que no existe un único mecanismo hormonal capaz de explicar la totalidad de la conducta suicida cíclica. Algunas mujeres serían especialmente vulnerables a los picos de alopregnanolona en fase lútea, que pueden desestabilizar la función del receptor GABA en interacción con fluctuaciones de BDNF o DHEA. Otras reaccionarían de forma más intensa a la caída perimenstrual del estradiol, con descensos en el tono serotoninérgico, deterioro de la modulación dopaminérgica y menor soporte neurotrófico. Estas diferencias podrían explicar la eficacia no convencional de los ISRS en ciertos perfiles y la influencia de variantes genéticas como COMT Val158Met o BDNF Val66Met. La integración de la dinámica del ciclo menstrual en la neurociencia del suicidio podría impulsar la prevención precisa para una población numerosa y desatendida.

Una revisión publicada en Nature npj Antimicrobials and Resistance analiza la interacción entre medicamentos de uso común y el microbioma intestinal. Tradicionalmente, se ha asumido que solo los antibióticos alteran de manera significativa la comunidad de trillones de bacterias que habitan el intestino humano. Sin embargo, la revisión demuestra que diversos fármacos —incluidos antidiabéticos y antipsicóticos— también modifican sutilmente esta ecología microbiana, con posibles repercusiones sobre la eficacia terapéutica y la aparición de efectos adversos. Los autores destacan que variaciones aparentemente menores en la composición bacteriana pueden influir en cómo actúan los medicamentos, especialmente cuando se administran en combinación. Ejemplos de ello son la metformina, capaz de alterar el microbioma en formas que podrían explicar tanto sus beneficios como efectos secundarios frecuentes, y ciertos antipsicóticos, asociados a modificaciones bacterianas vinculadas al aumento de peso y a alteraciones metabólicas. El estudio subraya que comprender estas interacciones podría mejorar la seguridad de los medicamentos y ayudar a explicar por qué pacientes sometidos al mismo tratamiento responden de manera diferente. Asimismo, esta perspectiva abre oportunidades para diseñar fármacos que no solo sean eficaces, sino también respetuosos con el microbioma, considerado una pieza esencial en la inmunidad y el metabolismo. El trabajo también adquiere relevancia en el contexto de la resistencia antimicrobiana: una perturbación del equilibrio bacteriano intestinal puede favorecer la expansión de bacterias resistentes. Identificar medicamentos menos disruptivos podría contribuir a frenar esta amenaza a largo plazo. Publicada Nota de Prensa en gov.Uk


