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El objetivo de esta revisión y metanálisis es identificar qué fármacos son eficaces para prevenir el delirio después de cirugía en adultos mayores de 60 años y estimar los efectos sobre la morbilidad y la mortalidad. Resultados: la dexmedetomidina es clínicamente eficaz para prevenir el delirio tras la cirugía en adultos mayores. Este hallazgo fue consistente en cirugías electivas y de urgencia, así como en casi todas las especialidades quirúrgicas. Los corticosteroides, los agonistas del receptor de melatonina, el parecoxib, la insulina y la olanzapina fueron eficaces en subgrupos específicos. Sin embargo, se necesitan estudios aleatorizados más rigurosos para reducir el alto riesgo de sesgo frecuente en la literatura existente.

El artículo plantea una paradoja en el desarrollo de chatbots actuales: pese a obtener puntuaciones extraordinariamente altas en pruebas estandarizadas de inteligencia emocional (IE), estos sistemas muestran con frecuencia una profunda torpeza emocional en interacciones reales, especialmente con usuarios vulnerables. Pasan por alto o malinterpretan señales emocionales, validan estados emocionales peligrosos y responden de maneras que ningún profesional clínico bien capacitado lo haría.Esta discrepancia surge porque las pruebas de IE miden conocimientos abstractos sobre las emociones, pero no la conducta emocional sostenida en contextos complejos, como aquellos que caracterizan la práctica psicoterapéutica. En la relación clínica, la inteligencia emocional no se limita al reconocimiento preciso de estados afectivos, sino que exige discernir cuándo la validación resulta terapéutica y cuándo puede convertirse en un refuerzo inadvertido de creencias distorsionadas o impulsos peligrosos. Los chatbots tienden a una validación indiscriminada —una suerte de “adulación digital”— que confirma no solo emociones, sino también interpretaciones patológicas, alimentando estados suicidas, distorsiones paranoides, pensamientos propios de trastornos alimentarios o dependencias excesivas. A diferencia del terapeuta experto, que valida la emoción mientras cuestiona con delicadeza sus significados, los sistemas conversacionales replican patrones de empatía superficial carentes de juicio clínico. Ante este riesgo, el texto propone la creación de pruebas de esfuerzo en inteligencia emocional, análogas en espíritu del Test de Turing, pero centradas en la capacidad de manejar escenarios clínicamente realistas. Mediante evaluadores humanos —preferiblemente psicoterapeutas experimentados— se compararía el desempeño de chatbots y clínicos en tareas que exigen comprensión emocional, mantenimiento de límites, verificación de la realidad y, especialmente, la habilidad de no validar aquello que puede dañar. Bajo estos criterios, los sistemas actuales fracasarían de forma contundente, en gran parte por la ausencia de participación significativa de profesionales de salud mental en su entrenamiento. El texto concluye que resulta urgente rediseñar y reentrenar los chatbots para que integren empatía con juicio, establezcan límites y deriven a atención humana cuando sea necesario. Esta evaluación de seguridad emocional debió haberse implementado antes de su despliegue, pero sigue siendo indispensable para que la inteligencia emocional de los chatbots se manifieste en la práctica, y no solo en los exámenes.

En años recientes, se ha observado un preocupante retroceso en los indicadores de salud pública infantil, marcado por un aumento significativo en las tasas de mortalidad. El artículo expone que los fallecimientos de lactantes relacionados con las drogas se duplicaron a nivel nacional (USA) entre 2018 y 2022. Las tasas de mortalidad infanto-juvenil también ha aumentado un 18,3 % entre 2019 y 2021, el mayor incremento en al menos medio siglo. Los datos nacionales (USA) muestran que el número de bebés que nacen con sífilis congénita —una de las principales causas de aborto espontáneo y parto prematuro, y fuertemente asociada al consumo materno de drogas— es diez veces mayor que hace una década. Este fenómeno se encuentra intrínsecamente ligado al incremento del consumo materno de sustancias durante la gestación y el entorno posnatal. El riesgo biológico comienza en el útero. El consumo de opioides y otras sustancias se asocia con un aumento cuádruple en la muerte neonatal y una mayor incidencia de nacimientos prematuros, bajo peso y anomalías congénitas. No obstante, el peligro no concluye con el parto; el artículo subraya que los lactantes expuestos prenatalmente presentan un riesgo siete veces mayor de morir por el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SIDS). Más allá de la patología clínica, el entorno social resulta determinante. Más de un tercio de las muertes infantiles analizadas identifican el abuso de sustancias como un factor crítico. Muchos neonatos con toxicidad positiva son devueltos a hogares donde los progenitores enfrentan adicciones severas, a menudo sin un seguimiento obligatorio por parte de las autoridades. Esta desatención deriva en fatalidades por negligencia, ingestión accidental de narcóticos, accidentes bajo los efectos de sustancias o prácticas de sueño inseguro (donde un progenitor intoxicado puede asfixiar accidentalmente al lactante). En suma, la crisis de mortalidad infantil actual no es solo un reto médico, sino una consecuencia directa de la erosión del entorno protector familiar debido a las adicciones. Dado el creciente movimiento a favor de la legalización de las drogas y una cultura que parece cada vez más tolerante con su consumo, es importante reconocer a las víctimas más pequeñas de nuestra crisis de adicciones. El aumento de las tasas de mortalidad infantil en cualquier país debería ser motivo de preocupación, pero no podemos afrontar el problema a menos que estemos dispuestos a identificarlo.

La prevención del homicidio en el ámbito doméstico se ha erigido históricamente sobre la premisa de que es posible identificar señales de alerta inequívocas antes de que ocurra una tragedia. Sin embargo, una investigación reciente de la Universidad de Swinburne desafía esta idea, sugiriendo que la capacidad de los sistemas actuales para predecir con exactitud estos eventos letales es, en la práctica, inexistente . A través del análisis de casi 40.000 informes de violencia familiar registrados por la Policía de Victoria (Australia), el estudio arroja una conclusión inquietante: el homicidio es un evento tan estadísticamente infrecuente que los modelos de riesgo actuales resultan ineficaces para señalar quién se convertirá en perpetrador o víctima. Desde una perspectiva académica, el fenómeno se describe como el problema de la "baja tasa base". El estudio revela que más del 99% de las personas que presentan múltiples factores de riesgo —aquellos indicadores que los protocolos policiales y las agencias de servicios sociales utilizan para priorizar casos "de alto riesgo"— nunca llegan a cometer un homicidio. Esta desconexión entre los factores de riesgo conocidos (como el control coercitivo, el historial de violencia o el desempleo) y el desenlace fatal complica la gestión de recursos. Si bien estos indicadores son útiles para identificar situaciones de abuso grave que requieren intervención, carecen de la especificidad necesaria para funcionar como herramientas de predicción de muerte. La narrativa del estudio subraya una paradoja institucional: aunque el gobierno australiano y diversas organizaciones internacionales han fijado objetivos ambiciosos para reducir los feminicidios y homicidios familiares, las herramientas técnicas disponibles no están diseñadas para la prevención letal individualizada, sino para la gestión general del daño. La investigación advierte que confiar ciegamente en las evaluaciones de riesgo para "predecir" la muerte puede generar una falsa sensación de seguridad o, por el contrario, una saturación del sistema con falsos positivos que impide atender casos donde el peligro es inminente pero no se ajusta al perfil estándar. En conclusión, el artículo sostiene que, si bien la reducción de la violencia es un imperativo ético y social, debemos reconocer las limitaciones de la ciencia forense y psicológica actual. La evidencia sugiere que, si bien la predicción del homicidio doméstico no es posible, la prevención sí lo es. La mejor manera de avanzar es no crear la falsa expectativa de que algún día sabremos quién matará. En cambio, la estrategia debe evolucionar desde la búsqueda de una "fórmula predictiva" hacia un fortalecimiento sistémico de la protección de las víctimas, entendiendo que el riesgo cero es inalcanzable mediante algoritmos o protocolos de evaluación estáticos.

El artículo propone que la relación entre el glutamato y el ácido γ-aminobutírico (GABA) constituye el eje de equilibrio —el Yin y el Yang— sobre el cual descansa el funcionamiento del sistema nervioso central. El glutamato es el principal neurotransmisor excitatorio del cerebro. Su función es esencialmente catalizadora: desencadena cascadas de eventos químicos que permiten la sinaptogénesis y la neuroplasticidad. Gracias a su acción, el cerebro es capaz de codificar nuevos aprendizajes, consolidar memorias y procesar información sensorial compleja. Sin embargo, esta potencia activadora conlleva un riesgo intrínseco. Si la excitación mediada por el glutamato no es regulada, se produce el fenómeno de la excitotoxicidad, un estado en el que el exceso de estímulo conduce inevitablemente a la muerte neuronal y a trastornos convulsivos. El GABA es el contrapunto inhibitorio por excelencia. Como el Yin que serena al Yang, el GABA modula la actividad neuronal, impidiendo que el sistema colapse por una sobreestimulación. Esta interdependencia es tan profunda que ambos neurotransmisores forman parte de un ciclo metabólico común: el ciclo glutamato/GABA-glutamina. En este proceso, los astrocitos actúan como reguladores críticos, eliminando el exceso de sustancias de la hendidura sináptica para reciclarlas y mantener la homeostasis. Recientes hallazgos subrayan incluso una interacción directa, donde el glutamato puede potenciar alostéricamente los receptores GABA-A, evidenciando un sistema de retroalimentación inmediata diseñado para recuperar el equilibrio perdido. Cuando este balance sinérgico —denominado equilibrio excitatorio-inhibitorio (EIB)— es óptimo, el individuo goza de una eficiencia metabólica y funcional que se traduce en estabilidad emocional y claridad cognitiva. Por el contrario, la ruptura de esta armonía se identifica como la piedra angular de diversas patologías neuropsiquiátricas. El artículo vincula la desregulación de este binomio con el trastorno depresivo mayor, la esquizofrenia y los trastornos del espectro autista. En conclusión, la neurociencia moderna reafirma que la salud del cerebro humano no depende de la hegemonía de una señal sobre otra, sino de un equilibrio preciso entre la excitación y la inhibición.

Presentación resumida de las características farmacológicas de la clozapina que le hacen un antipsicótico diferente del resto de antipsicóticos: La clozapina es un antagonista de la dopamina y la serotonina (5HT2A) con algunas diferencias únicas en comparación con otros antipsicóticos de segunda generación (ASG). La clozapina tiene una constante de disociación alta (baja afinidad) para D2, incluso mayor que la de la dopamina. La clozapina tiene una actividad antagonista mucho mayor sobre los receptores dopaminérgicos D4 corticales y límbicos que sobre los D2. También antagoniza los subtipos de receptores serotoninérgicos 5HT2 (5HT2A y 5HT2C) y los receptores adrenérgicos (α1), histamínicos (H1) y muscarínicos (M1). Efecto sobre los receptores muscarínicos: Si bien la clozapina es un antagonista de M1, la N-desmetilclozapina (NDMC), su principal metabolito, actúa como un potente agonista alostérico del receptor M1, a diferencia de otros antipsicóticos. Esta activación del receptor M1 por NDMC provoca la liberación de acetilcolina y dopamina en la corteza. Esta propiedad sugiere que el NDMC podría ser más eficaz que la clozapina para abordar los déficits cognitivos observados en la esquizofrenia. La N-desmetilclozapina (NDMC), mediante su actividad agonista alostérica M1, potencia las corrientes del receptor NMDA en el hipocampo. La clozapina es un potente antagonista del receptor 5-HT2A, que mejora las alucinaciones y los delirios asociados con la enfermedad de Parkinson. La clozapina posee una actividad agonista parcial del receptor 5HT1A, que aumenta la DA en la corteza prefrontal y se considera beneficiosa para reducir los síntomas negativos y cognitivos. La clozapina es agonista de los receptores dopaminérgicos D1. La estimulación de los receptores DA D1 en la corteza prefrontal mejora la cognición y puede tener efectos nootrópicos. La combinación de tasas relativamente altas de ocupación del receptor D1 (agonista), bajas de D2 (antagonista) y muy altas de los receptores 5-HT2 (antagonista) es exclusiva de la clozapina y podría explicar su menor propensión a efectos secundarios extrapiramidales.

El trastorno facticio autoimpuesto (TFAI), conocido históricamente como síndrome de Munchausen , es un trastorno psicológico en el que el individuos falsifica o induce síntomas físicos o psicológicos en ausencia de incentivos externos. El TDAI es poco frecuente y afecta aproximadamente al 1 % de los pacientes hospitalizados. Los criterios diagnósticos del TFAI incluyen los siguientes: (1) falsificación de signos o síntomas físicos o psicológicos, (2) la persona se presenta ante los demás como enferma o lesionada, y (3) el comportamiento engañoso es evidente incluso en ausencia de recompensas externas obvias En este caso se presenta a una mujer de 45 años con episodios recurrentes similares a convulsiones y anafilaxia durante múltiples hospitalizaciones. El videoelectroencefalograma (EEG), las pruebas de laboratorio y las imágenes no fueron concluyentes para convulsiones ni anafilaxia. Su evolución clínica incluyó presentaciones recurrentes sin causa aparente y exposición repetida a intervenciones potencialmente invasivas a pesar de la falta de confirmación diagnóstica objetiva. Este caso ilustra los desafíos diagnósticos del TFAI y destaca la importancia de una evaluación clínica cuidadosa, la minimización del daño iatrogénico y un enfoque de manejo multidisciplinario.

La testosterona desempeña un papel fundamental en la salud física y psicológica masculina, influyendo no solo en las funciones reproductivas y metabólicas, sino también en el estado de ánimo, la cognición y el bienestar mental general. La disminución de testosterona relacionada con la edad se ha asociado con síntomas depresivos, deterioro cognitivo y menor calidad de vida. Si bien la terapia con testosterona (TT) está bien establecida para resultados somáticos, sus efectos psiquiátricos y cognitivos siguen caracterizándose de forma inconsistente en los ensayos clínicos. El presente artículo ofrece una revisión sistemática que examina los efectos de la TT en los resultados psiquiátricos y cognitivos en hombres adultos , en comparación con placebo o la atención estándar, y evaluar los hallazgos de seguridad asociados Desde una perspectiva psiquiátrica, el estudio destaca una correlación significativa entre los niveles bajos de testosterona y la manifestación de sintomatología depresiva, fatiga y una disminución general del bienestar psicológico. La evidencia analizada sugiere que la TT ejerce un efecto modulador positivo sobre el estado de ánimo, especialmente en hombres con niveles basales de testosterona marcadamente reducidos. Se postula que este beneficio se debe a la interacción del sistema endocrino con neurotransmisores clave y a la capacidad de la testosterona para favorecer la neuroplasticidad en áreas críticas como el hipocampo. En el ámbito cognitivo, la revisión aborda el potencial de la testosterona para mitigar el declive funciones ejecutivas, la memoria verbal y la atención. Si bien los resultados en pacientes eutestosterónicos son menos concluyentes, en hombres mayores con deficiencia hormonal se observa una mejora sutil pero estadísticamente relevante en la composición cognitiva global. Los mecanismos propuestos incluyen la reducción del estrés oxidativo neuronal y el mantenimiento de la integridad sináptica. Finalmente, el artículo concluye que, aunque la TT representa una estrategia terapéutica prometedora para mejorar la calidad de vida y la estabilidad neurocognitiva en el varón hipogonadal, persiste una heterogeneidad en los diseños de los estudios clínicos. Los autores subrayan la necesidad de investigaciones longitudinales a mayor escala que permitan establecer protocolos de tratamiento personalizados y monitorizar la seguridad neuropsiquiátrica a largo plazo, consolidando así un enfoque clínico basado en la medicina de precisión.

Entrevista a varios expertos sobre la compleja relación entre género, salud sexual y salud mental. Aspectos más relevantes de artículo : Los roles de género tradicionales afectan a las conductas de búsqueda de ayuda y la adherencia al tratamiento; los hombres a menudo evitan la ayuda psiquiátrica debido a las expectativas sociales de masculinidad. Las diferencias farmacocinéticas entre hombres y mujeres requieren planes de medicación personalizados para mejorar la eficacia del tratamiento y reducir los efectos secundarios. La disfunción sexual causada por medicamentos puede dificultar la adherencia, especialmente en los hombres, requiriendo tratamientos alternativos y la participación de la pareja. La testosterona tiene una gran influencia en el estado de ánimo y el comportamiento, ya que es la hormona que activa los rasgos masculinos. Los niveles de testosterona influyen en las condiciones psiquiátricas y en la eficacia del tratamiento, lo que requiere un seguimiento cuidadoso y la colaboración con especialistas. Las diferencias de género afectan la presentación de los trastornos y los patrones de incumplimiento, lo que requiere enfoques clínicos personalizados para un tratamiento eficaz.

En este estudio se explora, desde una perspectiva poblacional, la hipótesis emergente de que la deficiencia de litio podría intervenir en la patogénesis de la enfermedad de Alzheimer y otros trastornos neurodegenerativos relacionados. Para ello, los autores emulan un ensayo clínico comparando la progresión de estas demencias en adultos mayores de 55 años con trastorno bipolar y deterioro neurocognitivo leve, tras iniciar tratamiento con litio frente a estabilizadores del ánimo de tipo antiepiléptico. Utilizando datos de Medicare y replicando los análisis en dos bases de datos comerciales, se observa que el inicio de litio se asocia con un menor riesgo de progresar a estadios avanzados de demencia en un periodo de cinco años, así como con una reducción en la probabilidad de requerir cuidados de larga duración vinculados a estas patologías. El menor riesgo fue más pronunciado en pacientes con estadios avanzados de deterioro cognitivo leve. Los resultados fueron consistentes en los análisis de sensibilidad y las replicaciones. Las validaciones mediante evaluaciones cognitivas vinculadas de instrumentos estandarizados reforzaron la confianza en los hallazgos. Si bien los resultados pueden ser susceptibles a sesgos residuales, este estudio respalda la investigación del potencial del litio para retrasar la progresión de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias relacionadas con ensayos aleatorizados de formulaciones optimizadas de litio.



