La posibilidad de predecir quién desarrollará una psicosis sigue siendo uno de los grandes retos de la psiquiatría. Los criterios clínicos actuales permiten identificar a personas con un riesgo elevado, pero solo una minoría —entre el 10% y el 20%— presenta una transición a la psicosis durante los dos años siguientes. Esto significa que muchas podrían recibir intervenciones innecesarias.

La investigadora Kim Do propone avanzar hacia biomarcadores vinculados a mecanismos biológicos concretos. Factores de riesgo genéticos y ambientales durante el neurodesarrollo convergen para causar estrés oxidativo y neuroinflamación, disfunción mitocondrial, desregulación de la dopamina y otras reacciones patológicas. Por ejemplo, una persona con vulnerabilidad genética puede tener riesgo de desarrollar psicosis posteriormente si se expone a agresiones ambientales —infecciosas, traumáticas o psicosociales— durante el desarrollo cerebral. Esto produce estrés oxidativo, que afecta a las neuronas de parvalbúmina (fundamentales para la plasticidad cerebral), la mielina, la sincronización neuronal y las funciones cognitivas. Estas alteraciones afectarían especialmente a determinadas interneuronas cerebrales y en la coordinación de las redes neuronales implicadas en el funcionamiento cognitivo, afectivo y social.

Kim Do presentó investigaciones que demuestran que algunos tratamientos antioxidantes experimentales, especialmente la N-acetilcisteína (NAC), actúan directamente sobre los biomarcadores de microARN, lo que conlleva mejoras clínicas.