El artículo reflexiona sobre si los psiquiatras pueden llegar a ser considerados responsables de los delitos cometidos por sus pacientes. El debate parte del juicio de Lindsay Clancy, acusada de matar a sus tres hijos. Mientras la acusación defiende su responsabilidad penal, la defensa sostiene que padecía una psicosis posparto no diagnosticada y ha planteado además demandas por negligencia contra los profesionales que la trataron, pese a que ninguno documentó síntomas psicóticos antes de los hechos.

Los autores recuerdan que la práctica clínica en psiquiatría se basa en la información disponible en cada momento, procedente del paciente, familiares y otros profesionales, y los diagnósticos psiquiátricos carecen a menudo de pruebas objetivas definitivas y pueden variar razonablemente entre clínicos. Por ello, diferentes clínicos pueden formular diagnósticos distintos sin que necesariamente exista negligencia. Incluso una atención adecuada puede terminar en suicidios, homicidios u otros desenlaces graves.

Un desenlace catastrófico tampoco demuestra por sí mismo una atención deficiente: incluso con un tratamiento correcto pueden producirse suicidios u homicidios. Trasladar al psiquiatra la responsabilidad por la conducta criminal del paciente podría fomentar una psiquiatría defensiva, con más hospitalizaciones, pruebas, consultas y documentación. La atención debería juzgarse por lo que razonablemente podía conocerse y hacerse en aquel momento, y no retrospectivamente a partir del resultado final. (Psychiatric Times)