Reinsertar presos con problemas de salud mental en España: «Las cárceles se están convirtiendo en los manicomios del pasado»

La reinserción de las personas con trastorno mental grave que cumplen condena en España continúa siendo un proceso muy limitado por la falta de recursos y la escasa coordinación entre los sistemas sanitario y penitenciario. Según José Joaquín Antón Basanta, presidente de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (SESP), entre un 4 y un 5 % de los internos —unos 3.000— presentan patologías graves como esquizofrenia, psicosis, trastorno bipolar o trastorno límite de la personalidad. Muchos llegan a prisión sin que su enfermedad haya sido detectada previamente por el sistema judicial.

Dentro de las cárceles, programas como el Programa de Atención Integral al Enfermo Mental (Payem) buscan diagnosticar, estabilizar y favorecer la adherencia terapéutica, pero la escasez de médicos, psiquiatras, psicólogos y personal de enfermería dificulta un seguimiento adecuado. España dispone además de solo dos hospitales psiquiátricos penitenciarios, en Sevilla y Alicante, con unas 500 plazas, mientras más de 2.500 personas con trastornos graves permanecen en prisiones ordinarias.

El principal problema aparece en la continuidad asistencial. Al entrar o salir de prisión se produce una ruptura entre los servicios penitenciarios y la sanidad pública, salvo en Cataluña, donde ambos sistemas están integrados. Para la SESP, las cárceles están asumiendo funciones similares a los antiguos manicomios. La solución pasa por integrar plenamente la sanidad penitenciaria en el sistema público, reforzar los recursos comunitarios y garantizar un seguimiento continuado que favorezca una verdadera reinserción. (Redacción Médica)

Metabolismo del triptófano en la microbiota intestinal y síntomas depresivos según el sexo

El estudio analiza cómo las diferencias entre hombres y mujeres en la microbiota intestinal y en el metabolismo del triptófano pueden relacionarse de forma distinta con los síntomas depresivos. En una cohorte poblacional de 802 personas, los autores evaluaron metabolitos plasmáticos, microbioma intestinal y gravedad depresiva mediante el PHQ-9, ajustando por factores como dieta, tabaco, alcohol y actividad física.

Los resultados mostraron un patrón claramente dependiente del sexo. En las mujeres, el ácido indol-3-acético (IAA) y la trigonelina se asociaron positivamente con la intensidad de los síntomas depresivos, mientras que el ácido picolínico mostró una relación inversa. Además, una mayor gravedad depresiva se relacionó con arqueas metanógenas intestinales, especialmente Methanobrevibacter smithii, y con un enriquecimiento de vías microbianas de producción de metano. Muchas de las especies vinculadas con mayor sintomatología también presentaban capacidad potencial para producir IAA.

En los hombres, este patrón no apareció: únicamente el ácido quinurénico se asoció inversamente con la gravedad depresiva y no se observó relación con arqueas metanógenas. Los autores plantean así que la interacción microbiota–metabolismo del triptófano podría seguir mecanismos diferentes según el sexo. No obstante, al tratarse de un estudio observacional, estos hallazgos muestran asociaciones y no permiten establecer causalidad.

En resumen, el estudio analiza si la relación entre la microbiota intestinal y la depresión es diferente en hombres y mujeres y los resultados muestran diferencias importantes. En las mujeres, una mayor intensidad de los síntomas depresivos se relacionó con ciertos cambios en el metabolismo del triptófano y con una mayor presencia de microorganismos intestinales productores de metano. También se observó una asociación con el ácido indol-3-acético. En los hombres, estas relaciones no aparecieron y solo se encontró asociación con otro metabolito, el ácido quinurénico. El estudio sugiere mecanismos distintos, aunque no demuestra una relación de causa y efecto. (Nature)

Comentado en Diario Médico

Cambios en las características asociadas con los diagnósticos de TDAH y TEA a lo largo del tiempo.

El estudio analiza cómo han cambiado con el tiempo las características prediagnósticas de los niños y adolescentes diagnosticados de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o trastorno del espectro autista (TEA). Utilizando registros nacionales daneses, los investigadores estudiaron a 71.317 menores diagnosticados entre 2012 y 2022, comparándolos con 713.170 controles de características similares.

Los resultados muestran que, aunque las personas diagnosticadas continuaban diferenciándose de quienes no tenían estos trastornos, esas diferencias prediagnósticas fueron reduciéndose progresivamente. Se debilitó especialmente la asociación del diagnóstico con factores socioeconómicos y perinatales tradicionalmente considerados de riesgo. Por ejemplo, la relación entre bajo peso al nacer y el diagnóstico posterior disminuyó claramente durante el periodo estudiado. Esta tendencia fue más marcada en el TDAH que en el TEA y entre quienes recibieron el diagnóstico entre los 10 y los 17 años. Los patrones fueron similares en ambos sexos.

Los autores interpretan estos cambios como indicio de que el aumento de diagnósticos de TDAH y TEA no tiene por qué reflejar únicamente un incremento de los factores de riesgo subyacentes. También podría deberse a una mayor capacidad asistencial, mayor reconocimiento de los trastornos y cambios en las prácticas diagnósticas, que permiten identificar poblaciones más amplias y heterogéneas. Esto no significa, sin embargo, que estos trastornos se hayan vuelto menos incapacitantes para cada persona diagnosticada. (JAMA Network)

Los cuatro motivos que explican los desastrosos resultados de España en el último informe PISA

España ha alcanzado mínimos históricos en matemáticas, ciencias y comprensión lectora en el último informe PISA. El artículo advierte de que no existe una única causa, sino una combinación de factores que está deteriorando progresivamente el rendimiento educativo. Los estudiantes españoles presentan menos niveles de excelencia y una elevada proporción de bajo rendimiento, lo que refleja una tendencia que exige revisar el funcionamiento del sistema.

La autora señala cuatro elementos principales. En primer lugar, la reducción del nivel de exigencia, favorecida por un sistema que permite promocionar sin haber adquirido plenamente las competencias necesarias. Esto habría debilitado también la cultura del esfuerzo, transmitiendo la idea de que es posible avanzar académicamente sin un trabajo sostenido.

A ello se suma la pérdida de atención, relacionada con la digitalización acelerada de las aulas y el uso constante de pantallas, redes sociales y otras fuentes de entretenimiento que dificultan mantener la concentración durante periodos prolongados.

Finalmente, aparece la inteligencia artificial. Aunque puede mejorar el resultado inmediato de algunas tareas, delegar en ella el proceso cognitivo puede impedir un aprendizaje profundo, generar dependencia y limitar el desarrollo del pensamiento crítico. El reto, concluye el texto, pasa por recuperar exigencia, esfuerzo, atención y un uso responsable de la tecnología. (The Conversation)

Resultados en materia de seguridad y salud mental de los servicios de psilocibina

El estudio Safety and Mental Health Outcomes of Oregon State-Regulated Psilocybin Services evaluó la seguridad y los resultados psicológicos del primer programa estadounidense de servicios de psilocibina regulados en el estado de Oregón. Participaron 346 adultos atendidos en 24 centros autorizados de Oregón entre noviembre de 2024 y marzo de 2026. Las sesiones fueron supervisadas por facilitadores con licencia y los participantes fueron evaluados hasta tres meses después.

En general, los resultados mostraron una baja frecuencia de acontecimientos adversos graves. Cuatro participantes, el 1,2%, necesitaron atención médica por reacciones conductuales o psicológicas importantes; todos carecían de experiencia previa con psicodélicos. Entre los efectos posteriores se describieron cefaleas, malestar físico, ansiedad o depresión persistentes y, en pocos casos, pensamientos de muerte o suicidio.

Al mismo tiempo, la mayoría valoró positivamente la experiencia: al mes, el 92,2% consideraba haber obtenido algún beneficio y cerca del 59% la situaba entre las diez experiencias más significativas de su vida. A los tres meses se observaron reducciones importantes de los síntomas moderados o graves de depresión, ansiedad y estrés postraumático, junto con mejoras del bienestar mental y la satisfacción vital.

Los autores concluyen que los servicios regulados de psilocibina parecen generalmente seguros y potencialmente beneficiosos, aunque subrayan que se trata de un estudio observacional sin grupo control, por lo que no permite atribuir causalmente las mejorías a la psilocibina. (JAMA Network)

La prevención del suicidio desde una mirada colectiva y esperanzadora

El artículo, publicado en el diario El Mundo, propone abordar la prevención del suicidio desde una mirada colectiva y esperanzadora. Frente a las tres grandes “d” que suelen acompañar la conducta suicida —dolor, desconexión y desesperanza—, plantea un abecedario construido a partir de las reflexiones de profesionales, supervivientes y personas que han perdido a seres queridos por suicidio.

La prevención no depende de una única intervención, sino de múltiples elementos que deben actuar de forma coordinada. Conceptos como atención integral, detección temprana, comunidad, escucha, formación, gatekeepers, humanidad o justicia van configurando una hoja de ruta que sitúa a la persona y su sufrimiento en el centro. Detectar las señales, preguntar sin miedo, escuchar sin juzgar y facilitar el acceso a una ayuda adecuada pueden convertirse en acciones decisivas.

El texto insiste también en que el suicidio no debe entenderse únicamente como un problema individual. La soledad, el aislamiento, las dificultades sociales y la ausencia de perspectivas pueden incrementar la vulnerabilidad, mientras que los vínculos, el acompañamiento y una red asistencial accesible actúan como factores protectores.

Así, frente al dolor y la desesperanza, el artículo reivindica una respuesta compartida: crear conexión, ofrecer ayuda y sostener a quien atraviesa una crisis, porque la prevención del suicidio es una responsabilidad que implica a toda la sociedad.

Cuando la depresión resistente al tratamiento implica un enfoque inadecuado: repensando la depresión difícil de tratar.

El artículo plantea que buena parte de lo que denominamos depresión resistente al tratamiento (TRD) podría representar, en realidad, un tratamiento mal ajustado al paciente. La propia definición de resistencia es problemática: existen numerosas definiciones y una proporción importante de los aparentes no respondedores presenta pseudorresistencia, relacionada con dosis insuficientes, tratamientos demasiado breves, falta de adherencia, comorbilidades no reconocidas o variabilidad farmacocinética.

Frente a este enfoque, se propone el concepto de depresión difícil de tratar (DTD), que deja de contabilizar fracasos farmacológicos para preguntarse qué factores mantienen la enfermedad. El objetivo no es únicamente alcanzar la remisión sintomática, sino mejorar funcionamiento, cognición y calidad de vida, incorporando trauma, comorbilidades, circunstancias psicosociales y preferencias del paciente.

Un ejemplo es el posible fenotipo inflamatorio: alrededor de una cuarta parte de los pacientes presenta inflamación sistémica de bajo grado, asociada a anhedonia, enlentecimiento psicomotor, fatiga, dificultades cognitivas y peor respuesta a antidepresivos monoaminérgicos. La PCR ultrasensible puede ayudar a caracterizar este perfil, aunque actualmente no justifica por sí sola tratamientos antiinflamatorios.

Antes de considerar a un paciente “resistente”, el autor recomienda revisar dosis, duración y adherencia, reconsiderar diagnóstico y comorbilidades, explorar antecedentes traumáticos, valorar función y cognición e integrar precozmente psicoterapia, intervenciones psicosociales y apoyo familiar. Así, la pregunta deja de ser «¿qué fármaco utilizamos ahora?» para convertirse en «¿qué está haciendo que esta depresión sea difícil de tratar?». (Psychiatric Times)

Un estudio de Harvard predice la mayoría de los intentos de suicidio con una semana de antelación.

Un estudio (pendiente de publicar en octubre en la revista Journal of Psychopathology and Clinical Science) dirigido por el psicólogo de Harvard Matthew K. Nock muestra que es posible anticipar con notable precisión las crisis suicidas poco antes de que ocurran. En una investigación realizada durante varios años con más de 600 adultos y adolescentes de alto riesgo, el equipo logró predecir el 75 % de los intentos de suicidio y el 87 % de los acontecimientos relacionados con el suicidio durante la semana previa.

Los participantes, recientemente dados de alta tras atención psiquiátrica de urgencia o ingreso por ideación o conducta suicida, respondieron mediante una aplicación a cuestionarios frecuentes sobre pensamientos suicidas y estados emocionales. En total se recopilaron más de 77.000 encuestas. Además de las respuestas, los investigadores analizaron aspectos como el tiempo empleado en iniciar y completar cada cuestionario.

Entre los distintos estados afectivos, la agitación resultó ser un indicador de riesgo mucho más relevante que la depresión: cada aumento de un punto en la escala de agitación se asoció con un incremento del 11 % en la probabilidad de intento de suicidio. Se siente como la necesidad temporal de aliviar la agitación y el dolor psicológicos, como «estar en una habitación en llamas» o querer «desconectar de todo durante un par de días

El objetivo es desarrollar sistemas de seguimiento en tiempo real que permitan intervenir precisamente cuando aumenta el riesgo, mediante alertas, apoyo clínico o recordatorios de estrategias aprendidas en terapia. Nock comparó el seguimiento de las fluctuaciones del estado de ánimo con el control del nivel de azúcar en sangre o el riesgo de infarto, reconociendo que existen aspectos adicionales de privacidad que deben abordarse en el ámbito de la salud mental. (FAS Harvard)

Trasplante de microbiota fecal en la depresión bipolar

El interés por el eje microbiota-intestino-cerebro ha abierto la posibilidad de modificar el microbioma intestinal como estrategia terapéutica en los trastornos mentales. Este ensayo piloto, aleatorizado y doble ciego, evaluó por primera vez la seguridad, eficacia y viabilidad del trasplante de microbiota fecal (TMF) en pacientes con trastorno bipolar durante un episodio depresivo que no respondían adecuadamente al tratamiento habitual.

Participaron 35 pacientes, 28 mujeres y 7 hombres, que fueron asignados a recibir mediante colonoscopia microbiota procedente de un donante sano —TMF alogénico— o su propia microbiota —TMF autólogo—. Durante 24 semanas se evaluaron los síntomas depresivos, la ansiedad, el funcionamiento y los efectos adversos.

La depresión mejoró significativamente en ambos grupos: la puntuación MADRS disminuyó 16,7 puntos con microbiota de donante y 15,4 con microbiota propia, sin diferencias estadísticamente significativas entre ambos tratamientos. Sin embargo, solo quienes recibieron microbiota de donantes desarrollaron un perfil bacteriano más parecido al del donante sano y una mayor diversidad microbiana a los seis meses.

Conclusión: El procedimiento fue bien tolerado y no produjo acontecimientos adversos significativos. Los datos de viabilidad y tolerabilidad indican que se justifica una mayor investigación sobre la manipulación microbiana en trasplante de microbiota fecal (TMF). La ausencia de diferencias de eficacia entre los dos tipos de trasplante de microbiota fecal, a pesar del cambio microbiano, subraya la importancia de un placebo real en futuros estudios, así como la importancia de comprender con precisión qué bacterias están relacionadas con las mejoras. (Sage Journals)

Comentarios al artículo: Aunque la mejoría depresiva no fue superior a la observada con el trasplante autólogo, los autores consideran relevantes estos hallazgos microbiológicos y subrayan que el procedimiento resultó factible y bien tolerado. El trabajo no establece todavía eficacia antidepresiva, pero sitúa al TMF como una estrategia experimental prometedora que merece estudios más amplios y rigurosos para aclarar su verdadero potencial terapéutico

Cómo se comunica el músculo con el cerebro: la proteína apelina media los efectos antidepresivos inducidos por el ejercicio

El estudio analiza cómo el ejercicio físico puede ejercer efectos antidepresivos a través de la comunicación entre el músculo y el cerebro. Los autores se centran en la apelina, una mioquina producida por el músculo esquelético cuya concentración aumenta con el ejercicio.

En ratones sometidos a estrés crónico, cuatro semanas de carrera voluntaria redujeron las conductas similares a la depresión y aumentaron los niveles de apelina tanto en sangre como en el hipocampo. Los músculos gastrocnemio y tibial anterior aparecieron como sus principales fuentes. Cuando se eliminó específicamente la producción muscular de apelina, desaparecieron buena parte de los efectos antidepresivos y neurogénicos del ejercicio. Por el contrario, aumentar artificialmente su producción muscular reprodujo varios de los beneficios observados con la carrera.

El mecanismo parece depender de la unión de la apelina a su receptor APJ en las neuronas glutamatérgicas del hipocampo. Esta señal potencia la neurotransmisión mediada por los receptores NMDA y activa una cascada molecular que favorece la neuroplasticidad y la neurogénesis hipocampal.

Los resultados describen así un verdadero eje músculo-cerebro: durante el ejercicio, el músculo libera apelina, que transmite al cerebro parte de sus efectos beneficiosos sobre el estado de ánimo. Los autores plantean esta vía como una posible futura diana terapéutica para la depresión, especialmente en personas con pérdida de masa o función muscular. (Nature)