Prisión permanente revisable para una auxiliar de enfermería que mató a una anciana inyectándole insulina

El Tribunal Supremo ha condenado a prisión permanente revisable a una auxiliar de enfermería que causó la muerte de una mujer de 98 años con demencia, ingresada en la residencia donde trabajaba. La sentencia, de 21 de julio de 2026, eleva así la pena de 20 años de prisión que habían impuesto previamente la Audiencia Provincial de León y el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

Los hechos comenzaron cuando la auxiliar llevó a la anciana a su habitación tras la cena, la golpeó y zarandeó. Aunque la dirección le ordenó abandonar el centro, antes de marcharse accedió al cuarto de enfermería, cogió un bolígrafo de insulina destinado a otra residente y administró a la víctima cuatro inyecciones con intención de causarle la muerte. La mujer fue encontrada al día siguiente sin responder a estímulos, ingresó en coma por intoxicación por insulina y falleció días después.

La cuestión jurídica principal era determinar si la alevosía por desvalimiento podía coexistir con la especial vulnerabilidad de la víctima. El Supremo considera que ambas circunstancias son compatibles: la ejecución impidió cualquier defensa y, además, la avanzada edad, la demencia y la dependencia de cuidados suponían un plus de vulnerabilidad. Por ello, aplicó el artículo 140.1.1.º del Código Penal y consideró proporcionada la prisión permanente revisable para un asesinato de especial gravedad. (Noticias Jurídicas)

Perspectivas psiquiátrico-legales sobre la complejidad de las denuncias de abuso sexual infantil basadas en recuerdos

El artículo analiza la especial complejidad de las denuncias de abuso sexual infantil basadas en recuerdos, un ámbito en el que confluyen consecuencias médicas, psicológicas, sociales y jurídicas. En muchos casos, la víctima es el único testigo y su relato, construido a partir de la memoria, constituye la principal o incluso la única prueba disponible.

Los autores subrayan que la memoria no funciona como una grabación exacta de los acontecimientos, sino que es reconstructiva y susceptible de modificaciones con el paso del tiempo. Esta vulnerabilidad puede aumentar en situaciones de intenso estrés psicológico, durante determinados procesos psicoterapéuticos o cuando la persona se encuentra especialmente vulnerable. Por ello, ante la aparición o recuperación de recuerdos de abuso sexual infantil, los profesionales deben considerar también el riesgo de inducción de recuerdos falsos, evitando intervenciones sugestivas que puedan alterar el recuerdo original.

Desde una perspectiva psiquiátrico-legal, esclarecer lo ocurrido exige estudiar rigurosamente tanto el contenido del recuerdo como el proceso mediante el cual este fue evocado, incluyendo las circunstancias terapéuticas y posteriormente judiciales. El trabajo propone así un marco conceptual para comprender las distintas causas que pueden subyacer a estas denuncias y ofrece recomendaciones para clínicos y peritos. Su objetivo es favorecer evaluaciones especializadas, prudentes y científicamente fundamentadas, capaces de integrar adecuadamente memoria, psicopatología, trauma y exigencias jurídicas. (Taylor & Francis Online)

Conclusiones:

  1. La memoria como prueba testimonial tiene limitaciones importantes como prueba judicial, ya que es modificable por diversos factores.
  2. Los profesionales de salud mental deben explorar los recuerdos de abuso sexual infantil con cautela, neutralidad y evitando procedimientos que puedan inducir o reforzar recuerdos de hechos que quizá no ocurrieron.
  3. El terapeuta busca aliviar el sufrimiento y favorecer la recuperación emocional, mientras que el perito debe valorar la exactitud y fiabilidad del testimonio.
  4. Cuando existe una patología psiquiátrica que afecta a la cognición o la memoria, esta debe tratarse de forma independiente antes de atribuir sus síntomas a un posible abuso sexual infantil.
  5. Los terapeutas deben estar adecuadamente formados en la evaluación de antecedentes de abuso sexual infantil y aplicar protocolos y recomendaciones profesionales validadas, como el Protocolo NICHD.
  6. Las terapias dirigidas expresamente a recuperar recuerdos pueden aumentar la sugestión, especialmente en pacientes vulnerables, por lo que deben evitarse.
  7. Si el paciente desea denunciar, resulta aconsejable hacerlo una vez estabilizado clínicamente y cuando existan elementos probatorios que permitan sustentar la denuncia y buscar reparación y justicia.
  8. En los casos de abuso sexual infantil deben valorarse también el estado clínico, el contexto vital, la búsqueda de roles de cuidado y la posible existencia de conflictos psicológicos no resueltos.
  9. La memoria puede ser precisa en condiciones neutrales, pero su fiabilidad disminuye con entrevistas sugestivas, estrés o información posterior. La evaluación forense debe analizar tanto qué se recuerda cómo se generaron y mantuvieron esos recuerdos.
  10. La credibilidad del testimonio de menores o adultos que refieren abuso sexual infantil requiere una valoración rigurosa e integrada de los factores psicológicos, psicopatológicos y psicosociales implicados.

Genética en los trastornos de alimentación

El estudio amplía el conocimiento genético de los trastornos de la conducta alimentaria, hasta ahora centrado principalmente en la anorexia nerviosa, y analiza también el comportamiento por atracón como un fenómeno transdiagnóstico. Mediante grandes metaanálisis genómicos, los investigadores estudiaron a 39.279 personas con atracones y 24.223 con anorexia nerviosa y más de 1,2 millones de controles.

Los resultados identificaron seis regiones genómicas asociadas con los atracones y ocho relacionadas con la anorexia nerviosa. Ambas condiciones mostraron un solapamiento genético moderado y compartieron asociaciones con otros trastornos psiquiátricos. Sin embargo, aparecieron diferencias relevantes: los atracones se relacionaron genéticamente con un mayor índice de masa corporal y un perfil relacionado con la impulsividad (tabaquismo, tolerancia al riesgo, consumo problemático de alcohol y otros comportamientos). El componente de pérdida de control es muy relevante y los autores subrayan que la relación genética con conductas impulsivas encaja con una característica clínica clave del atracón: la sensación de pérdida de control al comer.

La anorexia, en cambio, presentó perfiles genéticos distintos. Los nuevos datos aportados por esta investigación respaldan la idea de que la anorexia combina componentes psiquiátricos y metabólicos, pero con un patrón distinto al del atracón. Además, no se constata ningún solapamiento genético claro entre delgadez persistente y anorexia, lo que sugiere que el componente cognitivo-conductual distingue a la anorexia de otros fenotipos de bajo peso.

Un hallazgo importante fue que aproximadamente el 90 % de la señal genética de ambos fenotipos no podía explicarse simplemente por el IMC. Esto refuerza la idea de que los trastornos alimentarios poseen una biología propia, más allá del peso corporal.

Los autores concluyen que atracones y anorexia comparten parte de su vulnerabilidad genética, pero mantienen perfiles biológicos claramente diferenciados, y defienden ampliar los futuros estudios genómicos a otros trastornos. (nature.com)

Comentado en Diario Médico

Mortalidad cardiovascular (CV) en pacientes con depresión y de cómo los tratamientos antidepresivos y las comorbilidades modifican esta situación

La depresión se asocia con un aumento significativo de la mortalidad cardiovascular, aunque no está completamente aclarado hasta qué punto este riesgo depende de la propia depresión, de las enfermedades concomitantes o de su tratamiento farmacológico. Esta revisión sistemática y metaanálisis reunió 54 estudios, siete ensayos clínicos y 47 estudios de cohortes, con un total de 1.593.722 participantes.

Tras ajustar por variables como edad, sexo, tabaquismo, hipertensión, obesidad y otras comorbilidades, las personas con depresión presentaron un 45 % más de riesgo de muerte cardiovascular que aquellas sin depresión. Este incremento fue similar tanto en población general como en pacientes con enfermedad cardiovascular previa o diabetes tipo 2, lo que sugiere que la depresión constituye por sí misma un importante factor asociado al pronóstico cardiovascular.

Respecto al tratamiento, los estudios observacionales mostraron inicialmente una asociación entre uso de antidepresivos y mayor mortalidad cardiovascular. Sin embargo, al analizar las diferentes clases farmacológicas, solo los antidepresivos tricíclicos mantuvieron un incremento significativo del riesgo, aproximadamente del 27 %. Para los ISRS y otros antidepresivos no se encontraron asociaciones significativas.

Los autores concluyen que la depresión debe considerarse un objetivo relevante de prevención cardiovascular. Los antidepresivos, en general, no parecen modificar sustancialmente este riesgo, aunque persiste incertidumbre por la elevada heterogeneidad de los estudios y son necesarios más datos sobre sus efectos cardiovasculares a largo plazo. (pmc.ncbi.nlm.nih.gov)

Glaucoma como efecto adverso por psicofármacos

El artículo revisa los efectos adversos oculares producidos por la actividad anticolinérgica de distintos psicofármacos y destaca la importancia de reconocerlos precozmente. Antipsicóticos, antidepresivos y otros medicamentos utilizados en psiquiatría pueden provocar sequedad ocular, midriasis, alteraciones de la acomodación y visión borrosa. Esta última suele aparecer poco después de iniciar el tratamiento, afecta especialmente a la visión cercana y, en general, es transitoria y reversible. Su manejo consiste principalmente en reducir la dosis, ralentizar la titulación o suspender el fármaco responsable.

El riesgo aumenta con la carga anticolinérgica total, especialmente cuando se combinan varios medicamentos. Los antidepresivos tricíclicos y determinados antipsicóticos presentan una actividad anticolinérgica particularmente relevante.

Aunque infrecuente, la complicación más grave es el glaucoma agudo de ángulo cerrado, sobre todo en personas con ángulos iridocorneales estrechos. Puede manifestarse con aparición súbita de visión borrosa, dolor ocular, cefalea, náuseas, vómitos, fotofobia y halos alrededor de las luces. Constituye una urgencia oftalmológica, ya que el retraso del tratamiento puede producir pérdida permanente de visión.

Los autores recomiendan valorar factores de riesgo, medicación concomitante y antecedentes oftalmológicos, así como educar al paciente para diferenciar una visión borrosa reversible de síntomas que requieren una evaluación oftalmológica inmediata. (PubMed Central (PMC).

Genotipos CYP2D6 y CYP2C19 y el fracaso del tratamiento con venlafaxina

El estudio analiza si las variantes genéticas de CYP2D6 y CYP2C19, enzimas implicadas en el metabolismo de la venlafaxina, se asocian con un mayor riesgo de fracaso terapéutico. Se estudiaron retrospectivamente dos grandes cohortes independientes de pacientes tratados con venlafaxina: 5.443 participantes del Centro de Psicofarmacología de Oslo y 3.624 del UK Biobank. Los pacientes fueron clasificados genéticamente como metabolizadores lentos, intermedios, normales o ultrarrápidos. Se consideró fracaso terapéutico el cambio de venlafaxina por otro antidepresivo durante el año siguiente.

En la cohorte noruega, los metabolizadores lentos de CYP2D6 presentaron aproximadamente el doble de probabilidades de abandonar la venlafaxina que los metabolizadores normales. El riesgo también aumentó, aunque en menor medida, entre metabolizadores intermedios y ultrarrápidos. La asociación con los metabolizadores lentos de CYP2D6 se reprodujo en la cohorte británica, donde el riesgo de cambio fue alrededor de un 58% superior.

El efecto fue especialmente marcado cuando coexistía una baja actividad de ambas enzimas: los pacientes metabolizadores lentos simultáneamente para CYP2D6 y CYP2C19 presentaron más de seis veces mayores probabilidades de fracaso terapéutico en la cohorte noruega.

Los autores concluyen que el genotipo CYP2D6, especialmente el fenotipo metabolizador lento, se relaciona de forma consistente con el fracaso del tratamiento con venlafaxina, planteando que el genotipado farmacogenético previo podría contribuir a individualizar su utilización clínica. (The Lancet Psychiatry)

Trayectorias de recaída y discontinuación de antipsicóticos en la esquizofrenia

Los antipsicóticos reducen el riesgo de recaída en la esquizofrenia, aunque sus efectos adversos a largo plazo pueden llevar a reducir o suspender el tratamiento. Este metaanálisis investigó si las recaídas rápidas tras la retirada del antipsicótico podían representar un efecto farmacológico de la discontinuación o, por el contrario, reflejar la evolución de la enfermedad.

Se analizaron datos individuales de cinco ensayos aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo sobre paliperidona oral o inyectable de acción prolongada. Los participantes habían permanecido estables tras más de tres meses de tratamiento antes de continuar con paliperidona o pasar a placebo. Mediante las puntuaciones de la escala PANSS se estudiaron las trayectorias sintomáticas previas a la recaída.

Se identificaron dos patrones claramente diferenciados: una recaída de aparición rápida y otra más tardía. Las recaídas rápidas se asociaron con síntomas más graves en el momento de la recaída y con puntuaciones PANSS iniciales significativamente mayores. Sin embargo, este patrón rápido no fue más frecuente entre quienes suspendieron el tratamiento que entre quienes lo continuaron, tanto con paliperidona oral como inyectable.

Los resultados sugieren, por tanto, que la recaída rápida no parece explicarse habitualmente por un efecto farmacológico directo de la retirada. La gravedad clínica previa podría reflejar una mayor vulnerabilidad a recaer, destacando la necesidad de evaluar individualmente el riesgo y realizar una monitorización estrecha durante la reducción o retirada de antipsicóticos. (ScienceDirect)

Nueva Guía de la Asociación Británica de Psicofarmacología para el tratamiento farmacológico de la dependencia de sustancias:

Las nuevas directrices de la Asociación Británica de Psicofarmacología revisan la evidencia disponible para orientar el tratamiento farmacológico de la dependencia de sustancias, integrándolo siempre dentro de un abordaje individualizado y psicosocial.

La guía pretende orientar a los profesionales sanitarios en la prescripción de medicamentos para tratar la dependencia de nicotina, alcohol, opioides y otras sustancias. Sus principios fundamentales son la prescripción segura, la toma de decisiones compartida y la combinación del tratamiento farmacológico con intervenciones psicosociales, como terapia cognitivo-conductual, entrevista motivacional, trabajo grupal y comunidades de recuperación.

El tratamiento suele avanzar por distintas etapas: reducción de daños, estabilización o disminución del consumo, abstinencia supervisada, prevención de recaídas y recuperación. Estas intervenciones deben adaptarse a las necesidades cambiantes de cada persona y a la posible coexistencia de problemas físicos o mentales.

En la dependencia del alcohol, las benzodiacepinas en pauta descendente constituyen el tratamiento de primera línea para la abstinencia, junto con tiamina, y existen fármacos eficaces para prevenir recaídas. La dependencia de benzodiacepinas requiere una retirada gradual. En la dependencia de opioides, se prefieren tratamientos sustitutivos con metadona o buprenorfina, además de naloxona para prevenir muertes por sobredosis. Para la nicotina, existe sólida evidencia para terapia sustitutiva, vareniclina, citisina y cigarrillos electrónicos. En cannabis, estimulantes y disociativos, la evidencia farmacológica sigue siendo limitada y se necesita mayor investigación.

(Sage Journals)

Implicaciones de la similitud parental para la prevalencia y heredabilidad de los trastornos psiquiátricos

El estudio analiza hasta qué punto las personas con trastornos psiquiátricos tienden a formar pareja con otras que presentan problemas similares y qué consecuencias puede tener este fenómeno sobre la frecuencia y la transmisión familiar de estas enfermedades. Para ello se utilizaron registros nacionales de Dinamarca, incluyendo más de 4,2 millones de personas, 549.541 parejas parentales y 822.209 hijos.

Los resultados mostraron una clara similitud entre los miembros de las parejas para los trastornos psiquiátricos, tanto para el mismo diagnóstico como entre diagnósticos diferentes. La correlación global fue de 0,28, siendo especialmente elevada para la esquizofrenia (0,38) y menor para la anorexia (0,11). Las asociaciones entre distintos trastornos también fueron frecuentes. En cambio, la semejanza entre parejas para enfermedades somáticas fue mucho más débil y estuvo explicada en gran medida por la coexistencia de trastornos psiquiátricos.

Las simulaciones mostraron además que este patrón de apareamiento no aleatorio incrementó la prevalencia y la heredabilidad familiar de cualquier trastorno psiquiátrico en un 1,8 % y un 12,5 %, respectivamente. Los autores concluyen que la formación no aleatoria de parejas contribuye a concentrar el riesgo psiquiátrico en determinadas familias y puede influir de forma relevante en la distribución de los trastornos mentales en la población. (JAMA Network)

Incidencia y características de los síntomas de interrupción del tratamiento con antidepresivos.

El estudio analiza la incidencia y características de los síntomas que aparecen al suspender los antidepresivos, una cuestión sobre la que existe considerable incertidumbre. Los autores realizaron una revisión sistemática y metaanálisis de 50 estudios, 49 de los cuales se incluyeron en metaanálisis, con un total de 17.828 participantes y una edad media de 44 años.

Una semana después de suspender el tratamiento, quienes habían tomado antidepresivos presentaron más síntomas que quienes abandonaron placebo o continuaron con el fármaco. Sin embargo, la diferencia equivalía, en promedio, a solo un síntoma adicional en la Escala de Signos y Síntomas Emergentes tras Interrupción el Tratamiento (DESS por sus siglas en inglés), situándose por debajo del umbral considerado clínicamente significativo.

Durante las dos primeras semanas, el síntoma más frecuente fue el mareo, seguido de náuseas, vértigo y nerviosismo o irritabilidad. El mareo apareció aproximadamente en un 7,5% de quienes suspendieron el antidepresivo, frente al 1,8% tras retirar placebo.

Un hallazgo relevante fue que la retirada no se asoció con un aumento de síntomas depresivos. Los autores consideran que esto puede ayudar a diferenciar los síntomas de discontinuación de una verdadera recaída depresiva. En conjunto, aunque la suspensión de antidepresivos produce algunos síntomas adicionales, su intensidad media parece relativamente limitada en los ensayos clínicos analizados.

En resumen, esta revisión sistemática y metaanálisis indicó que el número medio de síntomas de abstinencia en la primera semana tras la interrupción de los antidepresivos se encontraba por debajo del umbral para un síndrome de abstinencia clínicamente significativo. El empeoramiento del estado de ánimo no se asoció con la interrupción del tratamiento; por lo tanto, la aparición posterior de depresión tras la interrupción es indicativa de una recaída depresiva. (JAMA Network)