Sigmund Freud introdujo el concepto de represión como un mecanismo de defensa para protegerse de experiencias traumáticas. Según Freud, estos recuerdos permanecen ocultos en el inconsciente y solo se manifiestan a través de síntomas mentales y físicos, que pueden aliviarse al recuperar el recuerdo en un entorno seguro.
En los años 80, la preocupación por el abuso sexual infantil llevó a algunos terapeutas a afirmar que los síntomas como la ansiedad y la depresión eran resultado de recuerdos reprimidos de abusos que debían ser recordados para sanar. Utilizaron técnicas como la hipnosis, el interrogatorio sugestivo, la imaginación repetida y las sesiones grupales para recuperar estos recuerdos.
Sin embargo, los investigadores de la memoria argumentan que no hay evidencia científica creíble que respalde la existencia de los recuerdos reprimidos. De hecho, las técnicas de recuperación de memoria pueden crear falsos recuerdos de eventos que nunca ocurrieron. Esta discrepancia ha tenido consecuencias reales en la vida de las personas, especialmente en casos legales donde los recuerdos recuperados son la única evidencia.
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